LAS FARC O LA DEGRADACION DE LA LUCHA ARMADA


Por Edison Lucio Torres

“El empleo de las armas para la solución de los conflictos contradice los métodos y los propósitos que propugna el Polo.” (Art. 2 Estatutos).

¿Oponerse frontalmente a las FARC es acaso hacerle el juego al régimen autoritario de Uribe? No. Mil veces no.

Decir que los ríos de gentes que salieron a protestar contra las FARC el 040208 eran simples borregos manipulados por el aparato ideológico uribista, no solo es un análisis simplista sino también una clara equivocación de la percepción de la resistencia popular a toda forma de violencia. También es el reflejo de nuestra impotencia de marcar la iniciativa popular.

El conflicto se ha degradado tanto que aliena a sus propios protagonistas, incluso a la misma sociedad. Los actores de la guerra son guiados por una mano invisible que se vuelve contra sus propios ideales, y los endurece hasta el punto de negarse asimismo y negar al Otro a través de un fenómeno individual y social que Marx llamó alienación. Y la intolerancia, es uno de los síntomas de esta enfermedad social.

Cuando se llega a esta degradación mental y social de los guerreristas, no hay nada en el mundo que los saque de ese círculo vicioso ni tampoco les pueden ablandar el corazón. Solamente se necesita mentalidades superiores que sean capaces de mirarse asimismo y producir sus propias catarsis independientemente de los corsés ideológicos, como dijera Jorge Eliécer Gaitán.

Y en un reposo de la guerra, el Che Guevara le dijo a sus compañeros “endurecernos si, pero perder la ternura jamás.” ¿Acaso Tirofijo” no será un abuelo bonachón que carga a su nieto y se ríe cuando le orina el impecable uniforme verdeoliva y, al mismo tiempo, no tuvo ningún sentimiento de culpabilidad con lo que le sucedió al niño Enmanuel? ¿Acaso le ha temblado la voz a Uribe cuando le ha ordenado a sus tropas bombardear zonas rurales habitadas por desdichados campesinos que luego los hacen aparecer como guerrilleros? ¿Acaso los políticos, empresarios y ganaderos que financiaron a los grupos paramilitares no son buenos padres de familia, creyentes en Dios y buenos ciudadanos y ciudadanas?

Cuando los protagonistas de la guerra están alienados, cualquier medio que le sirva para imponerse sobre el Otro, se justifica. Cuando la guerra llega a este grado, habrá más de una explicación política que justifica su actuación militar.

La clave del presidente Uribe de llevar la delantera en el “manejo de las masas” es haber podido descifrar los códigos de la comunicación con la sociedad colombiana en la que fielmente le han acompañado los grandes medios de comunicación. ¿Qué ha hecho Uribe? Primero descalifica a su oponente de ser “guerrillero”, “terrorista” o “apatrida”, y luego arremete contra él por ser enemigo de “la seguridad democrática”, su caballito de batalla.

Como parte de esa estrategia comunicativa, el uribismo trastoca todo. Invierte los valores o propone un nuevo contenido de las cosas. Por ejemplo, a la seguridad del estado autoritario le llama “seguridad democrática”, al conflicto armado le denomina “ataque terrorista”. Es decir, se pone a tono con el sentimiento de la sociedad, y lo hace suyo, basta con vaciar de contenido palabras claves como “democracia”, “capitalismo social”, “estado comunitario”, etc.

Esta conducta de Uribe la combina con un discurso mediático populista que apela al sentimiento y a las emociones, dando la sensación de ser un excelente presidente que está en toda y que lo conoce todo.

¿Cuál es el problema que tenemos al interior del Polo? Resulta que las fuerzas de izquierda somos pocos eficaces para descifrar o codificar estrategias comunicativas a la altura de las nuevas tecnologías de las comunicaciones y seguimos atrapados en los viejos esquemas partidistas de la propaganda y el debate ideológico. En este sentido, el Polo Democrático Alternativo no es ajeno a esta cruda realidad.

El manejo de las comunicaciones externas del Polo sigue atrapado en concepciones de sectas que mantienen o quieren mantener una ortodoxia a la vieja usanza leninista. Y al interior, se reproducen viejos formatos de los partidos estalinistas donde de entrada califican o descalifican a los dirigentes o militantes según las tendencias ideológicas que dicen integrar el Polo. Si te opones públicamente a los crímenes de lesa humanidad de las FARC te pueden calificar de socialdemócrata, en el mejor de los casos. Si le reconoces a Uribe algunos aciertos en su gestión gubernamental, te descalifican de “uribista” y de “izquierdista arrepentido”. ¿Qué hacer si de antemano te ponen una camisa ideológica?

En realidad lo que asistimos es a la reproducción inversa de la concepción autoritaria del mundo y, en particular, de la política y de la propaganda política. Oponerse es sinónimo a negar la existencia del Otro, tal como sucedió en aquel histórico debate cuando los dirigentes de la Revolución de Octubre discutían en la década de los 20 sobre la política económica que estaba en curso. El ala triunfante aniquiló físicamente a sus oponentes y terminaron en los famosos “Juicios de Moscú”, una de las grandes tragedias en la construcción del socialismo. O también podemos mencionar el caso de la “revolución cultural” de China o de las libertades políticas de Cuba.

¿Qué hubiese pasado si las FARC o el ELN hubiesen obtenido el triunfo político-militar en la década de los 80 o 90? ¿Qué tipo de gobierno hubiesen instaurado una vez sus comandantes se hubiesen atrincherados en la Casa de Nariño? ¿Existiera hoy el Polo y sus diferentes tendencias? ¿Hubiese un pluralismo político y libertades civiles? Lo dudo.

El proyecto de las FARC es un proyecto político autoritario de gobierno que utiliza las armas desde el punto de vista táctico y estratégico no para socavar los cimientos del statu quo opresor del capitalismo sino para someter al Otro que se le oponga. En este sentido no distinguen la crítica desde la izquierda o desde la derecha, o desde lo civil o lo militar. Para ellas será lo mismo Juana que Sebastiana. ¿Se acuerdan de Bernardo Ossa Jaramillo que poco antes de ser asesinado fue fustigado por las dos extremas autoritarias, las FARC y el ex ministro del interior Carlos Lemos Simonds?

Cito textualmente un párrafo del artículo que escribí a propósito del debate que se suscitó cuando el senador Gustavo Petro pidió desfarizar el discurso político e iniciar una crítica a las FARC desde la izquierda democrática:

”Francamente, en el fondo hay dos concepciones que se mezclan al interior del Polo: el partido de izquierda de antaño regido por un centralismo democrático –Léase, autoritarismo democrático de corte estalinista- donde el individuo existe si le sirve solo al partido, y el partido del socialismo del siglo XXI, donde sus militantes están al servicio de la humanidad. En el primero, no tienen derecho a expresar sus ideas sin el permiso de la directiva. En el segundo tienen derecho a ser libres respetando la convivencia de partido.”

*Periodista y docente de derechos humanos-Director de Vox Populi. Cartagena.
E-mail: editormoreno@hotmail.com
http://lucioysusnotas.blogspot.com/

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.