URIBE, EL PROPIO TAPIÑERODE LA SOBERANÍA NACIONAL

Colombia, polvorín continental.

Por Edison Lucio Torres

Precandidato Presidencial del Polo Democrático Alternativo
Cartagena-Bolívar-Colombia.

A propósito de la cumbre de UNASUR, el gobierno de Uribe, de manera hábil y con el respaldo mediático tradicional orquestado por los estrategas de la guerra, trató de justificar lo injustificable: herir la dignidad nacional, erigirse como aliado servil de la guerra preventiva del Pentágono y convertir a Colombia en el polvorín de Sudamerica.

Ante esa afrenta, no solo Colombia sino el continente, deberá iniciar una movilización por la dignidad nacional y latinoamericana. Y a no dejarse atemorizar por la ofensiva mediática que nos quiere hace ver como peones de Chávez, el fantasma que acecha al imperio.

El argumento de que las bases militares norteamericanas son para defenderse de la amenaza del narcotráfico y del terrorismo, es falaz y tapiñero. El colmo del descaro ha sido introducir la discusión sobre el “armamentismo regional” que terceros países impulsan en el continente, en una clara alusión al gobierno venezolano.

¿Cómo pretende acusar a otros países hermanos de armamentismo regional, cuando ha sido pionero en el continente en la modernización de sus fuerzas militares? ¿Cómo pretende acusar de armamentismo a otros países, cuándo el gasto militar de Colombia asciende al 6,3% del PIB, superior al gasto (4%) que realiza Estados Unidos, o la mismisima Venezuela, que a penas supera el 2%? ¿Por qué este descaro de no ver la viga en el ojo propio, cuando tenemos un Estado militarizado, dedicando el 81% de los servidores públicos a las labores militares y de defensa llevando al despeñadero al país?

¿Por qué no es capaz de reconocer su propia locura guerrerista, cuando el 65% de la inversión pública que realiza este gobierno se destina a la compra de equipo militar, es decir, a la compra de medios de destrucción, y no de medios de producción en perjuicio del empleo, la salud y la educación? ¿Y por qué no, por fin, reconoce que este negocio de la guerra que promueve histéricamente nuestro Presidente, en contubernio con el imperio, beneficia principalmente a los grandes productores y traficante de armas del continente, como Estados Unidos?

Los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador, han manifestado abiertamente su oposición a las bases gringas y han colocado sobre el tapete el verdadero dilema en la región:

O nos vamos por un camino de soberanía, de dignidad nacional, que incluya la discusión sobre los temas de seguridad regional, pero sin injerencia del Norte, o seguimos por el camino de la “sumisión estratégica” que práctica abiertamente el gobierno colombiano.

Por eso, es inadmisible que Carlos Gaviria y Gustavo Petro -la competencia en la consulta del Polo- se hayan ruborizados en forma vergonzantes frente a las declaraciones de Chaves sobre nuestro Partido. Ningún demócrata, ni mucho menos militante del PDA, debe sentir miedo o vergüenza, porque en este dilema no hay lugar para medias tintas. Lo contrario es ser un oportunista electorero aterrorizado de que los medios de comunicación lo identifiquen con el Presidente venezolano, como si éste sufriera de gripe H1N1, y puedan perder su electorado. ¿Fueron genuflexas las declaraciones de Gaviria y de Petro como prolongación de la hipocresía uribista? Los lectores tienen la respuesta.

El gobierno de Colombia, un servil estratégico

El gobierno colombiano ha puesto su sello peligroso en la región, en un momento en que soplan vientos de esperanza en América Latina. El gobierno de Uribe, con su política tapiñera e hipócrita de guerra preventiva y, al mismo tiempo, de sumisión estratégica, se convierte en el principal instrumento de desestabilización de la región y de boicoteo abierto al camino de unidad y soberanía que ha trazado la mayoría de los países latinoamericanos.

La política de guerra preventiva -a la cual Colombia no ha renunciado y que es practicada también por Estados Unidos e Israel- es motivo de preocupación para los gobiernos del continente, y con razón. Máxime, cuando está acompañada por la “ayuda” de las bases militares norteamericanas.

Por otro lado, la política de sumisión estratégica activa, que practica abiertamente el gobierno colombiano, genera una fuerte asimetría en la región y un desbalance de fuerzas en detrimento de la soberanía y la dignidad nacional de los pueblos latinoamericanos. Porque no se trata de una alianza militar entre iguales. Tampoco que Uribe tenga el “control” de las bases, sino de la deliberada acción del gobierno colombiano de actuar de manera servil frente al imperio, para ayudarle en sus objetivos estratégicos. Es un acuerdo que confirma la posición dominante del Pentágono, y lo efímero que fue la esperanza de Obama.

No hay que ser un experto en temas militares y de seguridad regional, para darse cuenta de que el objetivo de las bases militares en Colombia es tener una gigantesca base multifuncional (gigantescas pistas de aterrizaje de aviones C-17, bases navales, centros tecnológicos de operación militar) para controlar la región que, sumado a la reactivación de la IV Flota gringa (desmontada cuando acabó la Segunda Guerra Mundial), le permite un salto estratégico al imperio en su objetivo de mantener a raya los nuevos vientos de libertad y esperanza que soplan en América Latina. Peor aún, también se estudia la instalación en Colombia de la escuela de guerra norteamericana WHINSEC, antigua Escuela de las Américas. Colombia, por tanto, será un polvorín continental.

En ese sentido, la sumisión estratégica del gobierno de Uribe le ha permitido a Estados Unidos dar muchos pasos adelante en el control imperial de la región. Es una iniciativa de seguridad regional del imperio que deja en pañales los esfuerzos de seguridad que trataban de hacer los países en el marco de UNASUR. Y es un hecho cumplido.

( luciopresidencia2010@gmail.com) (lucioysusnotas.blogspot.com)


Compartir.

About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.