LOS FUNERALES DE GABO

Por Edison Lucio Torres
Los funerales de Gabriel García Márquez, más conocido como Gabo, podrían ser una ironía de su propia creación en el mítico mundo de Macondo: Los funerales de Mamá Grande. ¿Serán en México? ¿Serán en Colombia? ¿Qué decidirá Mercedes Barcha, la matrona magangueleña dueña y señora del Nobel?
El Jueves Santos, 17 de de abril de 2014, pasará a la historia colombiana: la muerte del escritor que supo interpretar y exagerar el mundo mágico del Caribe colombiano: Gabo. En la mañana escribí en mi segundo tuit del día: “No he hablado con Jaime García Márquez sobre el estado de salud de Gabo, pero su hermana Aida confía en la voluntad de Dios.”
Cuando estaba pelao la Semana Santa era un misterio. Los remolinos eran frecuentes. Se llevaban a las alturas todo lo que se encontraba mal parado: hojas secas, miles de hojas secas, papel, virutas, ropa tendidas en los patios de las casas, sábanas, muchas sábanas blancas almidonadas. ¡Eso era un espectáculo!
La genialidad de Gabo es que esos hechos, que eran reales, los exageró sin que perdieran realidad cuando pasaron por su pluma, pues, escuchaba el relato de la gente que le ponía su picardía y su misterio. No tenía ningún empacho para narrar el momento en que la bella Remedios se la llevaba un remolino a las alturas hasta desaparecer:
(..) “y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y que pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria”. (Cien Años de Soledad)
Hoy, los recuerdos son míticos. La gente sufría una transformación poco esperada en Semana Santa. Las advertencias y prohibiciones estaban a flor de piel. No podíamos bañarnos en la ciénaga, en el río o en el mar. No podíamos estar demasiado tiempo en las calles o en el monte. No podíamos desobedecer a los mayores. Debíamos hacer los mandados sin chistar. Un espanto nos podía salir en el agua si nos bañábamos en la ciénaga, o un remolino Santo nos podía llevar a las alturas y hacernos desaparecer.
Los adultos no podían ir a fiestas ni emborracharse. Había que guardarse, aconductarse porque un espanto siempre estaba al acecho. (En la Foto Gabo aparece con Arturo Zea y Johnny Barros en la farmacia de los Barcha. Cortesía de Arturo).
Pues bien, el hombre que supo narrar  impecablemente esos hechos debió escuchar, vivir y sentir las exageraciones de los cuenteros ribereños y sabaneros del Caribe –verdaderos contadores de historia- que deleitaban a los pelaos todas las noches, especialmente los días de Semana Santa.
Recuerdo las noches cuando Gladys, mujer del difunto Nau, narraba los cuentos de Semana Santa y los pelaos la escuchábamos sentados en el suelo de la puerta de su casa hasta cuando ella decía: “¡calabaza, calabaza, cada uno a su casa!”
El mundo del realismo mágico se cocinó en este ambiente del Caribe colombiano donde cada cuentero tenía una historia de espanto, donde los personajes vomitaban sapos y culebras, caminaban sobre el agua, y se perdían en el aire llevados por remolinos en Semana Santa, como cuando este Jueves Santos se llevó a Gabriel García Márquez.

Probablemente los funerales de Gabo sean como los de Mamá Grande, todo el mundo querrá aprovecharse de la fama del Nobel una vez que Macondo quede sin autoridad, sin su “tirano” creador, que un remolino en un Jueves Santos se lo llevó hasta las alturas para que le perdiera el miedo a volar en avión.
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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.