EL ANTI-EDITORIAL DE EL TIEMPO

Cuando planteé  la existencia de contradicciones internas de las élites gobernantes colombianas, algunos sectores de la izquierda se mantenían en el dogmático criterio que las clases dominantes no tienen contradicciones y que todas las disputas suscitadas entre Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos no pasaban de una “pelea de comadres”.

En realidad las contradicciones oligárquicas son más protuberantes, y podemos percibir la existencia de tres matices muy diferenciados que trataré de sintetizar sin caer en viejas concepciones maniqueas que de nada sirven para interpretar la realidad.

1. Una oligarquía que se quedó en la vieja concepción de la lucha política del siglo XIX que debía combinarla con la lucha militar.
2. Una oligarquía ambivalente apegada a las normas pero en la praxis burlarse de ella, por lo cual es ético aliarse en la oscuridad con cualquier fuerza ilegal.
3. Una oligarquía dispuesta a construir un estado democrático pero eliminando a sus contrarios “democráticamente” al mejor estilo del Sistema de los Estados Unidos.

Por esa razón, las élites siempre han buscado acuerdos interoligárquicos para la gobernabilidad sobre el pueblo. El más famoso de todos es el Frente Nacional, pero no es el único. La Constitución del 91, fue otro acuerdo que se ha venido desfigurando.

Fernando Londoño Hoyos, ilustrado exponente de la ultraderecha y que puede ser ubicado en la 1, pero unida circunstancialmente a la 2, dentro de esta categorización de las élites en Colombia, se lamenta de una manera cruda y sin ningún empacho de la falta de continuidad del gobierno de Uribe, ubicado en la élite 2, que hizo un acuerdo disfrazado con la mafia del narcotráfico y bautizada como “Justicia y Paz”:

“El hermano de sangre, [Enrique Santos] con sus secuaces, le ganó la partida al hermano truhán y sus tenebrosos contactos. Por eso, Santos “engavetó” el plan de rendición que El Espectador ha denunciado y se quedó con el que echó a rodar en La Habana.” 

De hecho para Londoño Hoyos, como para el uribismo, un acuerdo de paz es más peligroso y censurable que un Acuerdo II con la mafia del narcotrafico. Quizás podría ser ésta una de las razones por las cuales rompieron cobijas el santismo y el uribismo y no los cuentos de comadre del libro de Vicky Dávila.

Pero como sucedió en la historia política del siglo XX, El Tiempo hace un llamado a la cordura para evitar que la contienda electoral haga aflorar los verdaderos móviles de las élites dominantes que pondrían en peligro la estabilidad de su poder:

“Debido a ello, sea este el momento de hacer un llamado para que los diferentes aspirantes en contienda se comprometan públicamente con unos parámetros de comportamiento, los cuales deben comenzar con el respeto al adversario. De lo contrario, corremos el peligro de revivir las páginas más oscuras de nuestra historia, las mismas que solo dejaron como balance estelas de horror y sangre. No menos ejemplarizante debería ser lo sucedido en Venezuela, cuyas clases dirigentes se trenzaron en una lucha caníbal que permitió el surgimiento de causas populistas, cuyo balance dista de ser positivo.” 

La conclusión es elocuente: las contradicciones interoligárquicas desestabilizan su gobernabilidad, porque trascienden la “pelea de comadres” hasta el punto de apelar a la guerra sucia, crímenes, alianzas non sanctas, y un centenar de etcéteras que son impensables. 

voxpopulinoticiasya@gmail.com

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.