DE CHARLIE HEBDO A EL ESPECTADOR

Por Edison Lucio Torres
Por si lo olvidaron, Francia fue el primer país que atacó las posiciones del Estado Islámico (EI o ISIS) en Irak.
En septiembre de 2014 los cazabombarderos galos partieron desde Abu Dabis en Emiratos Árabes Unidos como parte de la estrategia lanzada por Estados Unidos para controlar el avance de EI sobre las reservas petroleras mundiales situadas en esa zona de conflicto. El ataque fue brutal. ¿Cuántos muertos? ¿Cuántos heridos? No hubo ni muertos ni heridos, porque no los registraron los medios de comunicación transnacionales.
¿Cuál fue la respuesta de esos grupos fundamentalistas? Atacar el eslabón más débil de la coalición imperial, la libertad de expresión de medios de comunicación que son, incluso, incómodos para el propio régimen y, en especial, de los sectores más retrógrados de la sociedad francesa. He aquí la esencia y la explicación del ataque a la revista satírica francesa Charlie Hebdo.
La estrategia norteamericana era clara. Buscaba reunir el mayor número de países que le acompañaran para detener a EI con el fin de que la opinión pública doméstica e internacional no le censurara sus atrocidades y, de paso, evitar que la respuesta terrorista se concentrara solamente con objetivos gringos. La política norteamericana en los conflictos regionales es involucrar menos a sus soldados, y preparar grupos rebeldes que ataquen a los enemigos de sus enemigos. Así lo hizo con Hamas contra la OLP, en Palestina; con los grupos paramilitares en Colombia contra la guerrilla de las FARC y del ELN. Y ahora lo hace con grupos rebeldes que quieren detener a ISIS, como es el caso de los kurdos en Irak

Y así fue. La retaliación vino el 7 de enero de 2015, la cual quedará como la fecha que grupos fundamentalistas musulmanes atentaron contra la libertad de expresión al asesinar en un solo ataque a 12 personas, entre periodistas y caricaturistas, que de alguna manera expresaron sus contenidos a través de la caricatura y de la sátira periodística, elemento recurrente para la crítica mordaz. Pero ese atentado correlacionado con los demás ocurridos ese día en Francia, se debe analizar a la luz del conflicto del medio oriente y de la historia intervencionista de Francia en el norte de África.
Así como el Estado de Israel surgió como una concesión de los países de Estados Unidos y de los imperios decadentes de Europa, ¿por qué no se hace lo mismo con la nación palestina? Los atentados terroristas de los halcones israelíes a intereses británicos devinieron en el reconocimiento del Estado israelí, coadyuvado por el holocausto Nazi contra los judíos. ¿Qué debe pasar para que se reconozca al Estado palestino? ¿No basta con la política criminal israelí contra el pueblo palestino que ha costado miles de muertos, en tanto lo ha condenado a un eterno campo de concentración en el estrecho de Gaza?
¿Cuál es la fuente que alimenta a miles de jóvenes de nacionalidades europeas y norteamericana que se enrolan en los grupos fundamentalistas de ideología musulmana? Los que cometieron los atentados en Paris eran franceses, y una de las víctimas fatales de Charlie Hebdo, Mustapha Ourrad, 60 años, musulmán, de origen argelino (Argelia fue colonia de Francia), había obtenido la nacionalidad francesa después de vivir varias decenas de años en esa nación. En lo fundamental, la causa de todo esto es la política intervencionista de las naciones desarrolladas sobre aquellas que poseen ricos yacimientos o una posición geoestratégica para el águila imperial.   ¿Por qué la política intervencionista de hoy se disfraza de freedom para la preservación de la democracia y de los derechos humanos en oriente medio?
Charlie Hebdo, un semanario insolente, rebelde, despeinado para satirizar contra quien sea, fue la víctima de los que creen que matando  a los más débiles pueden acabar con los verdaderos responsables de sus desgracias. Cuando Pablo Escobar y sus secuaces –que perviven hoy mimetizados en las cumbres del poder colombiano- atentaron contra El Espectador lo hicieron creyendo que acababan con el medio de comunicación de la élite bogotana. Pero El Espectador era, contrario a lo que venía haciendo El Tiempo, un medio que denunciaba la corrupción de sus propias élites (Caso Grupo Michelsen) y del contubernio de las viejas élites con las élites emergentes de Cali y Medellín unidas por la economía del narcotráfico.    Los actos terroristas, que son actos desesperados, expresan la debilidad de sus protagonistas, y la degradación de sus discursos fundamentalistas y de una falsa radicalidad. Un acto terrorista de un grupo musulmán degrada el verdadero sentido del Corán. Pero está claro que esta pelea no es entre cristianos y moros.
De Charlie Hebdo a El Espectador hay una sola línea: la insoportable hipocresía de los que creen que son los únicos que tienen la verdad, y que la pueden imponer a la fuerza pisoteando la dignidad de los más débiles. La libertad de expresión es la capacidad de escuchar, incluso, la insolencia de los insolentes, como cuando el profeta Mahoma le respondió a su agresor que se quedara con sus insultos, pues, él no los recibía. Como quien dice, tus insultos ¡me resbalan!

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.