EL PRECIO DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Por Edison Lucio Torres

En esta reunión, Lucio participa con artistas y gestores culturales para ponerse al día con la Ley de Artistas. En la gráfica Viviano Torres, Ernesto Liñán, William Fortich, Mejía, Juan Carlos Vega, y Salinas.
Desde que tengo uso de razón he sido libre. Cuando pelao tenía deberes, los cumplía hasta donde era posible. La libertad tiene unos límites. ¿Por qué no hay libertad absoluta? La razón del ser humano es vivir en comunidad y con repeto a los derechos humanos. 
Mientras mis hermanos querían trabajar para tener dinero, yo prefería estudiar. Me tildaban de flojo cuando me dedicaba a leer libros montado en el copo de un palo de mamón que estaba en el patio de la casa. Hice lo que yo quise. Y tenía conciencia de lo que hacía!
Pero no siempre fue así. Recuerdo que una vez mi madre Teresa de Jesús, antes de que yo cumpliera 10 años, me llevó una tarde adonde mi papá Juan Torres tenía el astillero, en la margen derecha del río Magdalena, en la Peña, frente a Magangué.
– Juan, aquí te traigo a Lucio. Ya no puedo con él. Es callejero, se va a los puños todos los días, y se hace la leva. Siempre se sale del colegio. Dijo mi madre agarrandome de la muñeca, como para que yo no me soltara.
Eso me paralizó. ¿Irme a vivir con mi papá? No! Dije que no. Pero mi mamá se paró firme y me apretó más la muñeca, y como si hiciera una entrega literal, se la pasó a mi papá que hizo el relevo y sentí el agarrón más fuerte. Me cantó la tabla, y me dijo que desde mañana otra será la ley. Y así fue. Me llevó adonde unas primas mayores que todavía estaban solteras. Me impusieron una disciplina férrea: hora para dormir, levantarse, bañarse y estudiar. Si no tenía los zapatos con medias puestos, mis pies debían tener las chancletas. La ropa bien puesta y limpia, peinado y motilado. Los zapatos “pepito” bien embetunados. Pies descalzos ¡nada!
Por las tardes añoraba estar al lado de mi madre, de las calles de mi barrio, de mis vales y de las peleas callejeras. Añoraba la libertad. La separatidad fue muy fuerte. ¿Aprecié la libertad al lado de mi madre? No! La dilapidé. Pero no era consciente de ello. La decisión de mi madre fue acertada. Y se lo agradeceré toda la vida.
Tres años después Lucio era otro. Me trajeron a Cartagena y estudié con los jesuitas en la Escuela La Milagrosa del barrio Getsemaní. Le tomé amor a los estudios, me fijé una meta y un proyecto de vida. Regresé a Magangué a iniciar el bachillerato.
Como periodista he tenido miles de tropiezos para ejercer el derecho fundamental a la libertad de expresión. Literalmente he sobrevido hasta ahora, aunque haya tenido que partir de cero muchas veces.
Ser periodista y defensor de derechos humanos, al mismo tiempo, y además ejercer la docencia de los derechos humanos es terrible para uno. Si, me causa terror. Lo importante es que el terror no me paraliza, por el contrario, me da valor para seguir haciendo lo que la conciencia me dicta.
Cuando estudiaba bachillerato en mi natal Magangué, me encarcelaron por dirigir con otros estudiantes, un movimiento estudiantil de protesta frente a la mediocridad de la educación recibida y la falta de implementos didacticos, laboratorios e inmobiliarios. La Secretaría de Educación de Bolívar y la rectoría del Liceo Vélez votaron a 75 estudiantes, yo encabezaba la lista. El segundo era mi primo, Neftali Prins Moreno. La resolución decía que no podíamos ser admitidos en ninguna institución educativa del departamento por tener la conducta mala. No había cumplido los 17 años (cursaba 5° de bachillerato, hoy 10°) y me metieron en una mazmorra de 4X2 y una altura de 1.20 mt. que me obligaba a estar agachado o sentado en el piso.
El periodista Luis Amado
Al salir libre, me trasladé a Barranquilla. Me contagié de ese espiritu libertario que se respiraba en esa amada ciudad. Terminé el bachillerato en el Instituto Pestalozzi, anexo a la Universidad del Atlántico. No tuve duda para decidir qué estudiar: periodismo. Me matriculé en la facultad de Comunicación Social de la Universidad Autónoma.
En Barranquilla trabajé en diferentes medios de comunicación, RCN, Caracol, El Heraldo, Diario del Caribe, La Libertad, Organización Radial Olimpica, Sutatenza, Todelar, Emisoras Unidas, Desde 1987 me lancé como periodista independiente con el proyecto de La Silla Caliente, periodismo de análisis y entrevistas en profundidad. La Silla Caliente tuvo una alta sintonía  y apoyamos un proyecto político victorioso: quitarle la alcaldía de Barranquilla a los políticos corruptos en 1991.
Desde 1995 veníamos siendo objeto de amenazas de muerte por el periodismo que haciamos. Cuando en 1999 en valledupar asesinan a nuestro amigo y colega Guzmán Quintero Torres, yo vivía mi propio suplicio: estaba en una lista de muerte de los paramilitares. Cerramos La Silla Caliente y me vine a Cartagena.  
Inicié en 2000 el proyecto del informativo Vox Populi en Todelar. Fue exitoso. Ejercimos un periodismo profesional. Desde que en 2006 denunciamos la parapolítica fuimos objeto de amenzas de muerte y persecución política. Luego que encarcelaran a Javier Cáceres Leal por la parapolítica, las amenazas de muerte arreciaron. Cáceres fue el senador que me hizo condenar por un juez prevaricador a 14 meses de cárcel y 18 meses de inhabilidad política. Fallo que fue revocado en segunda instancia en 2013 por el Tribunal Superior de Cartagena. Me fuí forzozamente a Bogotá. Es como si me hubiese ido a otro país. Añoraba a mi Cartagena, a mi Caribe.
Tengo un año largo de estar de regreso en mi querida ciudad. Regresaremos con Vox Populi desde febrero de 2015, Ahora en formato de noticiero. Una franja noticiosa desde la madrugada para que el pueblo hable y exija soluciones a sus problemas como lo hicimos en La Silla Caliente y en la primera etapa de Vox Populi: Transmisiones desde los barrios, participación de servidores públicos para que les respondan a la comunidad.
La libertad de expresión tiene un precio. Y yo he pagado alto, porque en realidad en nuestro país la libertad de expresión no existe. Cuando tu dices la verdad política y social, eres perseguido y exterminado. Yo soy un sobreviviente!

 

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.