Cesó la horrible noche: se firmó la paz!

Google+ Whatsapp
Apretón de manos del Presidente Santos y Rodrigo Londoño, jefe de las Farc, tras la firma del histórico Acuerdo Final de Paz en Cartagena.

Apretón de manos del Presidente Santos y Rodrigo Londoño, jefe de las Farc, tras la firma del histórico Acuerdo Final de Paz en Cartagena.

Jopo de susto de Timochenko

Los lamentos de las Alabadoras de Bojayá precedieron una ceremonia sobria y acachacada con un toque Caribe por las guayaberas de lino-olan que lucían los asistentes, y también por la alta temperatura y el cielo azul de la Bahía de Cartagena. Pero en el Caribe y, especialmente en nuestra querida Cartagena, suceden cosas mágicas que nos la creemos.

Cuando los periodistas creíamos que el trastabillar de Timochenko al firmar el tratado iba a ser la nota jocosa de la tarde, nadie sospechaba lo que venía. El jefe de las FARC intervenía, y cuando ya estaba presto a darle la última puntada de su discurso con el pasaje de Mauricio Babilonia, del mismo cielo surgieron dos monstruos que vomitaron grandes lengüetas de fuego y estremecieron el recinto del Patio de Banderas del centro de convenciones Cartagena de Indias, pegándole jopo de susto al otrora comandante Timochenko, quien interrumpió su parla, porque seguramente creyó que lo estaban bombardeando. Su boca entre abierta y su vista perdida en las alturas, nos hizo pensar que sería el mismo susto que sufrieron Cano y el Mono Jojoy cuando sus campamentos fueron bombardeados y posteriormente ejecutados para que -el hoy presidente de la paz- los exhibiera como trofeo de guerra en su papel de Ministro de la Defensa de su hoy archirrival, Álvaro Uribe Vélez.

El susto de Timochenko fue el mismo que quizás todo el auditorio sintió. Situación paradójica, ya que todos estábamos embriagados por el furor de la paz. El susto de Timochenco fue nuestro propio susto, la única diferencia es que las cámaras y las luces estaban dirigidas al jefe de las FARC que ya había firmado la paz. Nosotros éramos testigos mudos de lo que sucedía.

Rodrigo Londoño dijo algo claro y sin tapujo: queremos la paz! Por esta razón pidió perdón por todo el dolor que pudieron ocasionar a sus víctimas y a la sociedad. La gente lo aplaudió. Pero también pidió que los opositores al régimen no sean estigmatizados, perseguidos y exterminados. Recordó que Cartagena es una ciudad sitiada por la miseria y el abandono, hecho que arrancó de inmediato los aplausos de líderes comunales, afros y de mujeres que se encontraban apostados en el gallinero del auditorio. Londoño habló como estadista.

El presidente Juan Manuel Santos no se quedó atrás. Comenzó pisando fuerte recordando la primera estrofa del himno nacional: cesó la horrible noche! Recordó que la generación de los Buendía -tal como lo señalamos nosotros en el libro ¿Adiós a la guerra?– sí tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra para alcanzar la paz. Recordó la memoria de Gabriel García Márquez al señalar que el gran ausente de la firma de paz fue precisamente el Premio Nobel de Literatura.

El presidente Santos dijo:

“Hoy  –al firmar el acuerdo de terminación del conflicto con las FARC– decimos esperanzados: Ha sido un surco de dolores, de víctimas, de muertes, pero hemos logrado levantarnos sobre él para decir: ¡el bien germina ya! ¡la paz germina ya!”.

El Presidente Juan Manuel Santos firma el Acuerdo Final de Paz en Cartagena. Un momento histórico.

El Presidente Juan Manuel Santos firma el Acuerdo Final de Paz en Cartagena. Un momento histórico.

Las lagrimas de Santos se escurrieron furtivamente sobre sus mejillas sudadas como emoción de haber terminado una guerra que a él mismo lo imbuyó en ese trasegar de la guerra que lo deja con un sentimiento encontrado por los falsos positivos.  Los 15 presidentes, el secretario de la Onu Ban Ki-Moon, decenas de delegados de países e instituciones internacionales, rodearon a los dos guerreros que firmaron la paz con un balígrafo para reafirmar que las balas asesinas hoy sirven para salvar a miles de personas con la sola firma de un tratado que termina con 52 años de confrontación entre las FARC y el Estado colombiano.

La ceremonia terminó en forma jocosa con el comentario de todo el auditorio del cipote susto de Timochenko al escuchar el bramido de los dos monstruos que surgieron del cielo lanzando ese maldito sonido que precedía a los bombardeos de sus campamentos de guerra. Y no era para tanto, cualquier valiente se embolsaría!

Compartir.

About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.