¿Por qué los jefes del narcotráfico se refugian en Bocagrande y alrededor de la Armada Nacional?

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¿Comenzó la “vendetta de Bocagrande”?

EL PICHI, es uno de los jefes del Clan El Golfo, la Policía./Cortesía la Policía.

EL PICHI, es uno de los jefes del Clan El Golfo, la Policía./Cortesía la Policía.

El espectacular operativo donde iban a matar a uno de los presuntos jefes del Clan del Golfo, John Jairo Jiménez Atencio (alias ‘Pichi’) no solo puso en cuestión la seguridad de uno de los sitios más privilegiados de Cartagena sino la existencia de un problema más grande que podría estar corroyendo la transparencia y, por ende, la operatividad de las autoridades civiles y militares para preservar la seguridad de la ciudad y de sus ciudadanos: la protección a los capos del narcotráfico.

El caso de “el Pichi” es particular pero no el único. De acuerdo a la información que posee Vox Populi, en Bocagrande se encuentra funcionando varias oficinas nacionales e internacionales del narcotráfico en apartamentos blindados y dotados de la última tecnología de vigilancia virtual conectada a las autoridades para recibir apoyo y protección. Por eso en el caso del Pichi, la policía y la Armada Nacional reaccionaron en forma inmediata.

Lo curioso: el operativo fue masivo e intensivo que hasta helicópteros oficiales se utilizaron para preservar la vida de uno de los delincuentes que fue capturado en Medellín como parte de un operativo internacional denominado “Agamenón”, donde cayeron otros capos del narcotráfico. Un obrero, que ayudó a construir uno de los edificios donde funcionan uno de esos apartamentos suntuosos y superblindados con puertas de acero, me reveló que construyeron hasta bodegas donde podrían depositar dinero y elementos de valor.

¿Por qué los capos se mudaron para Bocagrande?

No es la primera vez que la sociedad ilustre de Bocagrande se estremece por causa del narcotráfico. En el año 2010 fueron condenados a 16 años de prisión por este delito tres hijos de rancio abolengo: Alfonso Segrera de la Espriella, Gustavo Lemaitre Noero y Felipe Frieri Martínez. Sus apellidos dicen que nacieron en cuna de oro y pertenecen a la nobleza de la “ínclita ciudad” de los Lemaitre o hacen parte de la ciudad de “los vencejos” del “Tuerto” López. ¿Por qué fueron condenados? Porque se les demostró judicialmente que en su lujoso velero, “Blue Marlyn” con motor de 230 caballos de fuerza, tenían 23.5 de kilos de cocaína de alta pureza, en 2004.

“El Pichi” vive como un rey en un lujoso apartamento del edificio Galeón Azul ubicado en la avenida San Martín con la 4 frente a la Armada Nacional, la zona más vigilada de toda Cartagena y del país. Un juez le dio casa por cárcel porque es padre de menor de edad, sin considerar las pruebas presentadas por las autoridades que lo capturaron al calificarlo  como uno de los jefes del Clan del Golfo. ¿”El Pichi” es un peligro para la sociedad?

Salvador Frieri, en el Jet Set criollo. El primero de izquierda a derecha/Cortesía página social de El Universal.

Salvador Frieri, en el Jet Set criollo. El primero de izquierda a derecha/Cortesía página social de El Universal.

Pero no solo los jefes de los clanes del narcotráfico viven en Bocagrande, incluyendo sucursal de la Oficina de Envigado, sino también controvertidos empresarios que no tienen ninguna ética para hacer sus fortunas. Allí cerca, a menos de 200 metros, vive Salvatore Frieri Gallo, un reconocido prestamista colombo-italiano, famoso por su forma agresiva de cobrar a sus clientes, según la firma de investigaciones empresariales Kroll. Frieri Gallo tiene una denuncia penal por lavado de activos de uno de sus antiguos socios, Maximo Acosta, quien se sintió engañado por la forma cómo invirtió 20 millones de dólares en un negocio que hicieron, ya que los utilizó para hacer negocios ilegales en Venezuela a través de una empresa radicada en Panamá. Frieri, como “el Pichi”, tienen como vecinos, por el norte a la Armada Nacional y por el Sur a un batallón de Infantería de Marina. Al frente donde vive Frieri está la entrada de la Base Naval y diagonal un CAI de la Policía Nacional. (Ver la denuncia penal).

¿Y la Policía?

Sería importante que el comandante de la Policía Metropolitana, general Carlos Rodriguez, nos explique por qué razón algunos clanes del narcotráfico asesinan a humildes agentes de policía, como sucedió el pasado 25 de marzo de este año, mientras los jefes de los clanes están fuertemente custodiados indirectamente en Bocagrande por la Armada Nacional. Un ciudadano de bien no entiende esta vil contradicción. Muchos agentes de policía se desmoralizan en su lucha contra el microtráfico, porque algunos consideran que es el mal mayor de la inseguridad en la ciudad, cuando los capos son resguardados por las propias autoridades que deben proteger a la ciudadanía en general.

Un operativo de la categoría como el que se hizo para proteger la vida del “Pichi” tiene connotaciones cinematográficas, pero también pone al desnudo que la seguridad ciudadana es una quimera cuando el poder del narcotráfico está de por medio. ¿Sabe esto el presidente Santos? ¿Lo saben las altas esferas de la Policía y la Armada Nacional? ¿Qué dicen el alcalde Manolo Duque y el gobernador Dumek Turbay?

¿Vendetta de las mafias?

Bocagrande se está convirtiendo en el lugar ideal para los capos, como en la época de la marimba en Barranquilla, donde los Valdeblánquez tenían su suntuosa residencia diagonal a la Segunda Brigada del Ejército, mientras se mataban con los Cárdenas en vendettas al estilo siciliano. Hoy los mafiosos se matan al mal estilo de Pablo Escobar de la Medellín de los años 80 y 90. Como los capos viven en Bocagrande, barrio de alto caché de Cartagena, ha empezado a convertirse en escenario sangriento de la guerra de las drogas de algunos socios de clanes que han podido verse tumbado por otros. ¿Los cartageneros esperaremos tal desenlace horroroso en el posconflicto? ¿El frustrado atentado al Pichi es el inicio de una nueva vendetta de la mafia? Espere la segunda entrega de este informe especial.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.