La sociedad alienada y Santos en la encrucijada

  • El caos de octubre y los líderes mesiánicos 

  • Si Santos hubiese leído ¿Adiós a la guerra?

“Respaldamos al Presidente Santos en su propósito de alcanzar la paz”, afirmó el presidente del Congreso, Mauricio Lizcano, tras la reunión del Jefe de Estado con directores de los partidos políticos promotores del Sí.

“Respaldamos al Presidente Santos en su propósito de alcanzar la paz”, afirmó el presidente del Congreso, Mauricio Lizcano, tras la reunión del Jefe de Estado con directores de los partidos políticos promotores del Sí.

Incertidumbre. Caos. Inseguridad. Inestabilidad. Desazón. Son los ingredientes que los falsos profetas utilizan para reinar. También los líderes mesiánicos, incluyendo a los jefes evangélicos, a un sector del clero y soterradamente a ciertos sectores de las fuerzas armadas. Lo que sucedió este 2 de octubre al ganar el No fue una filigrana campaña de boicot del proceso de paz que el propio Presidente le facilitó a sus principales detractores: el Centro Democrático de Uribe, el exprocurador Ordoñez y el expresidente Pastrana. Ahora se impondría un acuerdo de las élites dominantes o una decisión unilateral de Santos de mantener los acuerdos de La Habana por la vía del Acuerdo Especial con el apoyo de la comunidad internacional y, especialmente, de la ONU, a la luz de los pactos de Ginebra de su artículo 3 común. Pero sobre todo, con el apoyo de la otra mitad de colombianas y colombianos que dijimos Sí, y de muchos del No que se vieron arrastrados por las emociones negativas. Esta es la verdadera encrucijada del presidente Santos. El futuro inmediato de los colombianos está en manos de Santos.

El deseo de legitimar, no los acuerdos de La Habana, sino de su decadente gobierno ante la opinión pública, hizo al presidente Santos cometer el error más grande de su vida y, de paso, de un país que esperaba con clamor el inicio de una paz esquiva al convocar un plebiscito refrendario con una pregunta equívoca. Santos no gozaba de favorabilidad ante la opinión pública, pero su proceso de paz sí. El 65%, promedio -según las encuestas- apoyaban los acuerdos de La Habana. Pero la alta desfavorabilidad del gobierno de Santos se convertía en un contrapeso, otro elemento que utilizaron los detractores para ejecutar el boicot al proceso de paz.

no-me-rendireDesde los mismos orígenes del proceso de paz con las FARC, sectores importantes de la opinión pública intentaron boicotearlo. Un Estado y una sociedad con casi 200 años de guerras continuas y una historia violenta, no es fácil de resolverlo en menos de cuatro o cinco años de diálogo. La acumulación de heridas y de estímulos violentes en el cerebro de las personas y de la memoria colectiva, puede llevar a una sociedad adoptar posiciones de autoflagelación, creyendo que con esa posición salvaría al mundo y, en particular, a su familia de la amenaza considerada como el Mal Mayor, tal como lo sustento en mi libro ¿Adiós a la guerra? Cinco claves para la paz. Hasta hace poco, este Mal Mayor eran las FARC. ¿Cómo puede cambiar el inconsciente colectivo en menos de cinco años de diálogo y aceptar a ese Mal Mayor que en realidad está constituido por personas comunes y corrientes que tienen las mismas necesidades y que desean participar en la construcción de una nación en paz? Si alguien creía que la vía express para alcanzar la paz era legitimar un acuerdo por la vía del plebiscito y de inmediato implementarlo a través del Congreso de la República, no solamente es un equívoco sino una dolorosa experiencia que espero no devenga en mayor degradación del conflicto, pero sí puede dar al traste de un proceso que hasta ahora parecía exitoso, hasta cuando apareció la inesperada victoria del No en el plebiscito de Santos.

El Centro Democrático y Uribe están boicoteando el proceso de paz con las FARC. Aprovecha el papayaso que les dio el presidente Santos.   Los sectores más retardatarios del país están envalentonados y bravucones.  Una de las claves del proceso de paz es la discreción de las partes, como lo analizo en el libro citado. Santos impuso en la mesa de diálogo el plebiscito como acto refrendario de los acuerdos y equívocamente estructuró una pregunta de aprobar o no aprobar unos acuerdos que tienen 297 páginas, redactados de la manera más espantosa que aburre hasta los del servicio diplomático. ¿Puede una nación leer esos acuerdos cuando las estadísticas nos dice que solo el 5% de la población se lee cinco libros al año (DANE 2014), y la mayoría lo hace por obligaciones académicas, y los que lo hacen por gusto, lo hacen por novelas? La respuesta es no. Además, el 51,5% no lee un libro ni por obligación.Esto quiere decir, que solo el 5% pudo leer los acuerdos de La Habana. El resto, es decir el 95%, se enteraría por radiobemba, los medios de comunicación o por las redes sociales. En realidad, en un país donde no se lee, como es el caso nuestro, la ignorancia y el temor son dos instrumentos útiles para manipular a la opinión pública nacional, que de por sí ya se encuentra alienada por la violencia. Por mi experiencia, cuando hacía pedagogía con los acuerdos de La Habana y lo explicaba con plastilina a campesinos, estudiantes y docentes, algunos salían de las dudas que les surgieron de frases efectistas que repitieron en los medios y en las redes sociales, como: “Castrochavismo”, “expropiación de las tierras a los propietarios”, “ideología de géneros”, “impunidad”, “el terrorismo paga, porque al guerrillero de las FARC le van a pagar $2 millones”, “Timochenko Presidente”, “curules gratis”, “Santos le dio el país a las FARC”, etc. Si un individuo no leyó los acuerdos y no tuvo acceso a una pedagogía real de los mismos, ¿cuál sería su opinión? Tiene más efecto en su opinión la frase efectista, ya que su cerebro solo está preparado para seguir haciendo lo que hace y el nivel de conciencia es escaso que le impide responder positivamente ante los estímulos negativos. Ante un estímulo negativo la respuesta es negativa. Así actúa el cerebro humano, puesto que en realidad son tres cerebros los que poseemos. El reptiliano hace que tu respuesta sea negativa, puesto que 200 años de violencia nos convierte a nosotros mismos en seres violentos. El límbico acumula todos los estímulos negativos de tu pasado, ya sea por lo que hayas vivido o por lo que tu has creído. El ser humano, como es el caso del triunfo del No en este plebiscito del 02-10-16, reaccionó negativamente porque los mensajes negativos calaron en un cerebro que es caldo de cultivo para la violencia. El cerebro córtex, donde se construye la conciencia, el ser humano busca llegar a la verdad mediante un razonamiento juicioso, valedero y realista, donde se impone el deber ser, y no sus emociones. El córtex debe controlar los otros dos cerebros (el reptiliano y el límbico); si no lo hace, actuamos por nuestros instintos de conservación y reaccionamos emocionalmente ante la idea de lo que creemos que es la realidad, pero no es la realidad.

Celebro muchísimo que mañana me voy a reunir con el expresidente Andrés Pastrana y con el expresidente Álvaro Uribe, dijo este martes el Presidente Santos y añadió que se trata de buscar comunes denominadores.

Celebro muchísimo que mañana me voy a reunir con el expresidente Andrés Pastrana y con el expresidente Álvaro Uribe, dijo este martes el Presidente Santos y añadió que se trata de buscar comunes denominadores.

En concordancia con la teoría del conflicto armado que propongo en mi libro ¿Adiós a la guerra? Cinco Claves para la Paz, la mitad de los colombianos no están preparados para asumir una sociedad en paz. Siguen sumidos en una alienación del discurso violento y negativo de un sector de la opinión pública que ha pervivido en casi 200 años y ha boicoteado todos los procesos de paz que hasta ahora se han dado en el país. La mitad de los colombianos sufren su propia negación, porque su concepción de paz es la misma que los romanos construyeron en su accionar imperial. Después de aplastar al enemigo, y ver la sangre derramada, le declaran la paz como un acto de compasión del verdugo para que se sometan a su designios y le conmutan la pena por el pago de impuestos al imperio. Fue triste ver cómo filas de feligreses cristianos, especialmente mujeres, fueron a votar por el No. Lo hacían porque su pastor le había dicho que los terroristas de las FARC habían impuesto la ideología de géneros y que Timochenko iba a ser el presidente de Colombia y convertiría a nuestra nación en otra Cuba o Venezuela. Que la prueba de ello es que los presidentes de esos países siempre han estado al lado de Timochenko. ¿Verdad o mentira? Para ellos, que no han leído los acuerdos y que su cerebro está lleno de falsedades, ¿qué decisión justa podrían tomar en un plebiscito de la trascedencia que se propuso de acabar con la guerra? Si Santos se hubiese leído mi libro -y esto no lo digo con prepotencia- hubiera dudado en convocar el plebiscito para refrendar los acuerdos. El plebiscito era válido para preguntar, por ejemplo: ¿Los acuerdos de La Habana, para acabar con la guerra, deberían implementarse a través del Congreso de la República o por una Asamblea Nacional Constituyente? Si esta hubiese sido la pregunta, no solo se hubiese sido transparente con la opinión pública -ya que al firmarlo el Presidente en Cartagena era un compromiso legal y de Estado- sino que se hubiese obviado la alienación que mantiene secuestrada a la mitad de la sociedad colombiana y, por tanto, está inhabilitada para decidir sobre un farragoso acuerdo redactado a múltiples manos. La discusión no hubiese sido sobre si apoyar o no el acuerdo de paz sino la viabilidad que se tramitara por un congreso nido de corrupción o por una institucionalidad extraordinaria con suficiente capacidad para crear una verdadera ruta de la paz. La pregunta del plebiscito utilizó el verbo apoyar como sinónimo de legitimar, y en eso fue simplemente que pensó el gobierno de Santos: ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”La realidad es que un poco más de la mitad de la población colombiana decidió sobre la continuidad de la guerra creyendo que Santos le había entregado el país a “los terroristas de las FARC”. Esta es la verdad que se expresó con claridad el 2 de octubre.

Detrás de esa masa sin nombre, multiforme, sin brújulas, deseosas de protección, con miedo a cambiar, sobre todo con miedo a la otra mitad, una frase efectista llena de odio y de embuste, cala sobre un cerebro que solo necesita un poco de cizaña para que dé los resultados negativos esperados. La cizaña que nace al lado del trigo, lo envenena, lo contamina con su toxicidad. Ese 50,23%, víctima de mensajes tóxicos, nos contaminó y condenó a la sociedad colombiana a un estado de incertidumbre para provocar el caos político para reinar como lo hizo en 2002, cuando abruptamente se acabaron los diálogos con las FARC y se activó la guerra. ¡Qué paradoja! los protagonistas del No de hoy, fueron los mismos protagonistas de la guerra de 2002: Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. El primero nos llevó a un callejón sin salida, y el segundo nos llevó a una guerra sin cuartel para aplastarle la cabeza a la culebra. ¿Resolvieron el problema? No, lo agravaron más. Y ahora quieren que nos sigamos matando aprovechando el caos que causaron. Santos quedó en la encrucijada: O hacer un pacto de élite o cumplirle a la comunidad internacional ejecutando los Acuerdos de La Habana sin legitimidad de la mitad de la sociedad. Si no cumple con las FARC, sería hacerle conejo no al movimiento guerrillero, sino a la comunidad internacional y a la otra mitad de colombianos que si queremos decirle adiós a la guerra. Pero, en todo caso, si el Estado no cumple con los acuerdos de La Habana, Colombia sería un país paria ante el mundo.

 

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.