¡EL ALCALDE MANOLO, SOBRE LA FILOSOFÍA, NO ESTÁ DESCACHADO DEL TODO!

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El nuevo proyecto Educativo de Cartagena

Ir a las instituciones educativas oficiales (IEO) de Cartagena, Barranquilla o de cualquier ciudad o municipio de Colombia es darse cuenta de un problema grave en el proceso enseñanza-aprendizaje, la educación que se imparte en nuestras aulas no le sirve un carajo a los jóvenes de hoy. Pero el alcalde de Cartagena, Manolo Duque, piensa ejecutar un plan educativo diferente. Veamos.

El alcalde de Cartagena, Manolo Duque en compañía de Jacquelin Perea, una de sus férreas defensoras.

El alcalde de Cartagena, Manolo Duque en compañía de Jacquelin Perea, una de sus férreas defensoras.

Al alcalde de Cartagena, Manuel Vicente Duque, popularmente conocido como Manolo, se le chispoteó una declaración al Canal Cartagena, que si bien es cierto es verdad, no la supo plantear al desconocer la razón de ser del problema educativo que planteó públicamente:

“Ese muchacho sale, con grado 11, y resulta que no sabe nada de nada. Lo único es que se metió a un salón de clases a recibir una información que al final no es productiva para nada.” 

Esa conclusión simplona nos podría llevar, por ejemplo, a suprimir del pensum la filosofía o matemáticas, y darle prelación a las materias técnicas, desdeñando el contenido que ayuda a formar a un mejor individuo, es decir, al Ser.

Planteemos el problema de otra manera para no crucificar a Manolo Duque. ¿De qué carajo le sirve a ese muchacho de Loma Fresca, en las faldas de la Popa de Cartagena o de Ciudad Bolívar en Bogotá, saber quienes son los presocráticos si no conoce la filosofía de la vida, del Ser Ciudadano y de su entorno social? Pero si tuviera un sistema educativo y unos docentes actualizados en el Saber filosófico, salieran con el Saber para convertirse en un agente educativo, constructor de conciencia y, lo que todos esperamos, transformador de su comunidad, incluso de su familia. Hay dos problemas a los cuales nos enfrentamos como docentes: Qué le vamos a enseñar a esos chicos, para qué le vamos a enseñar ciertos contenidos, y, lo más importante, cómo se lo vamos a enseñar. La inmensa mayoría de docentes están carcomidos por la pereza, el confort y la desidia que no se ocupan de ir más allá de “dictar unas clases”, cuyos contenidos son vacuos, sin sentido y van contra la filosofía de la educación moderna: hacernos buenos ciudadanos. Esto es lo que impera en el sistema educativo colombiano. Carcome, destroza las mentes maestras en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Y para colmo, el entorno educativo es hostil para ese estudiante que llega con problemas serios al aula: hambre, sin educación familiar, sin amor y con una familia destrozada. La infraestructura educativa fue construida para beneficiar al contratista y no al estudiante, los maestros no están suficientemente formados, algunos de los cuales son viciosos e indiferentes a la suerte de sus alumnos. Y lo que es peor, los docentes directivos no se ocupan de su papel, para “no darse mala vida”, ya que lo normal es ese comportamiento.

Secretario de Educación de Cartagena. Germán Sierra Anaya y su asesor Juan Carlos Urango

Secretario de Educación de Cartagena. Germán Sierra Anaya y su asesor Juan Carlos Urango

En el último libro de Jürgen Habermas (La inclusión del otro), el filósofo marxista de la Escuela de la Teoría Crítica de Francfort, propone la Ciudadanía Multicultural, la cual debe garantizar la libertad de que los ciudadanos sigan los principios de sus “tribus”, pero al mismo tiempo, deben ser educados en una cultura política común. En otras palabras, a las minorías deben garantizarseles sus derechos enfocados en el ejercicio de la ciudadanía para beneficio del conjunto de la sociedad. ¿Algún docente de filosofía se ocupa de formar a ese niño para que sea competente como ciudadano? ¡No! Y son los primeros en sacrificar al alcalde Manolo. Recuerdo que mi profesor de filosofía (Rogelio España Vera) nos enseñó filosofía política y aprendí a entenderme y entender a mis vecinos. La filosofía política es lo más práctico de todo lo que el estudiante debería aprender para ser un buen ciudadano, que ejerza sus derechos, cumpla sus deberes y tenga una sólida formación ética para no dejarse comprar por los mercaderes de la política, de la religión o del consumismo. Eso me enseñó a ser un buen ciudadano desde muy temprano, muy a pesar de tener un entorno social hostil en mi barrio popular. Con esa formación de filosofía política una veces me iba a hacer talleres a los obreros de Ecopetrol, otras veces a los pescadores y campesinos, y a los vecinos de mi barrio. Mientras que muchos jóvenes se entregaban al vicio y abandonaban la escuela. Cuando mi colega Juan Gossaín me conoció en Barranquilla, me decía el filósofo, pues en esos momentos me estaba leyendo un libro de filosofía sobre el empiriocriticismo, corriente filosófica que le da mucha importancia a la búsqueda de la experiencia pura.

Antes de saber lo que es educarse, en mi primera infancia, la docente de la escuelita a donde asistía, no me sedujo. Era imperativa y me obligaba hacer unas “planas” que no me daba gusto hacerlas, y no las hacía. Finalmente deserté de la escuela. Cuando tenía 10 años regresé a los estudios, y fue maravilloso aprender a leer y escribir, porque la profesora Teresa Batista, recién estrenada como profesora, tuvo la paciencia de entender mis inteligencias múltiples. Tanto es así que a partir de esos momentos fui un amante del saber que lo ponía a prueba los mediodías cuando llegaba mi papá Juan Torres para que le leyera noticias de El Tiempo o de El Espectador. Al principio cancaneaba, pero al pasar de los días me convertí en un lector insaciable que interpretaba bien lo que leía.

¿Está el sistema educativo colombiano al revés? ¿Los docentes son competentes para enseñar filosofía, las múltiples filosofías? ¿Cuál es el aporte de los filósofos colombianos para la construcción de una sociedad equitativa y en paz? Si el sistema educativo fuera concordante con el objetivo de formar buenos seres humanos, buenos ciudadanos, no existieran gobernantes mediocres, políticos corruptos, empresarios inescrupulosos, pastores oportunistas y estafadores, medios de comunicación manipuladores, periodistas injuriosos y calumniadores, y ciudadanos corruptos. Aquí reside la raíz del problema. ¿Cuál es mi papel dentro de esta sociedad? ¿Hacer lo mismo que hacen los demás? ¿Vender-comprar el voto? ¿Engañar y ser más vivo que el otro?

El proyecto educativo para Cartagena

El lingüista, docente y escritor, Juan Carlos Urango.

El lingüista, docente y escritor, Juan Carlos Urango.

Leí atentamente “Cartagena, una sola escuela” redactado por los docentes Germán Sierra Anaya y Juan Carlos Urango. El primero es el Secretario de Educación Distrital y el segundo su asesor. No había visto nada revolucionario para la educación de Cartagena como esta propuesta. Ni siquiera en el Plan de Desarrollo de la Bogotá Humana. La ciudad debe ser la escuela como centro de comunicación y de formación cultural, a la manera como lo expone Habermas. Si subo a Transcaribe y hago la cola, si conduzco un vehículo y cumplo las normas de tránsito, si voy a votar lo hago por un interés de ciudad y no solamente mío, haré de Cartagena la mejor ciudad de Colombia y del mundo. ¡Es una buena idea!

Manolo no supo exponer esa idea o no leyó su proyecto educativo que fue aprobado en el Plan de Desarrollo Distrital Primero La Gente, o si lo leyó no lo entendió, pero esa era la idea que quiso exponer en una entrevista, cuyo tema era la inseguridad. Contrario a lo que los filósofos de Cartagena le han criticado, su proyecto educativo propone dos importantes nodos. El Nodo Socio-Humanístico para desarrollar el hemisferio derecho del cerebro del cartagenero que está subdesarrollado, y el Nodo de Competencias Laborales. El primero busca formar ciudadanos y el segundo trabajadores para las industrias del turismo, la petroquímica, logística y portuaria, telemática e informática y la agroindustria. Yo le agrego, la pesca. En una conversación con Germán Sierra Anaya y Juan Carlos Urango, antes de que se conociera las desafortunadas declaraciones de Manolo, le dije que su propuesta educativa era pertinente, pero necesitaba implementar la neuroeducación, que es aplicar una metodología que vaya de acorde a la forma cómo el cerebro humano aprende.

El proyecto educativo propone no solo implementar el qué sino el para qué educar a los niños y jóvenes. ¿Para qué sirve la filosofía de la ética? Para no engañar al prójimo. ¿Para qué sirve la filosofía política? Para ser buenos ciudadanos y elegir mandatarios competentes e independientes, y haya políticos honestos para construir una sociedad equitativa y libre. ¿Para que sirve la filosofía de la estética? Para que hayan artistas y deportistas, buenos urbanistas y una ciudad muy bella, y no hostil como la que tenemos. Así tendremos una sociedad segura.

Pero hago una pregunta. ¿Manolo es consciente de esta propuesta? ¿Será capaz de ejecutarla? Uno lo escucha y pareciera que no. Sería interesante que recibiera un taller intensivo de su secretario de Educación, Germán Sierra, para que la próxima vez, no repita el error de despreciar la filosofía, sino decir que se necesita adecuar la filosofía académica a los saberes populares para que haya una mejor ciudadanía. ¡Eso fue lo que le hizo falta a Manolo!

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.