¡El decreto anticorrupción de Santos es una medida jopérica!

El prohibicionismo, salida en falso de la anticorrupción de Santos

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(Director de Vox Populi)

¿Quiénes deciden la contratación, señor Presidente? Político que se “respete”, tiene varias ONG´s, y usted lo sabe claramente. Presidente Santos, necesitamos herramientas eficaces para combatir la corrupción, no distracciones.

El prohibicionismo de las manifestaciones culturales, como el acuerdo del concejo de Cartagena de Indias que trata de atajar “la erotización temprana”, o  del decreto “anticorrupción” de Santos que impide que ONG honestas contraten, es una herencia infame de la tiranía colonial y de la hegemonía dominante de una sociedad pacata, puritana, hipócrita y decadente. Es una clara discriminación.

¿Quién dijo que el origen de la fiebre está en las sábanas? Cada año, de acuerdo a la Secretaría de Transparencia de Presidencia, en las regiones se están contratando al menos 1,2 billones con instituciones sin ánimo de lucro. Solo un ejemplo, en la localidad 2 de Cartagena durante la administración de Heidy Villarreal y Rodrigo Reyes, el 80% ($9.500 millones) de la contratación fue con organizaciones sin ánimo de lucro. Es cierto que las ONG´s -según el presidente Santos- “son una herramienta predilecta de los corruptos para esquilmar al Estado”, pero ellas son justamente herramientas que se pueden usar para el bien o para el mal, como cualquier otra persona jurídica. En la práctica, el decreto se constituye en una barrera de acceso para que ONG´s, administradas honestamente, sigan favoreciendo a los más desvalidos.

La Fundación Social Vox Populi -cuyo objeto es la formación de una ciudadanía sana y la promoción de una cultura de los derechos humanos para el impulso de un nuevo liderazgo- le queda muy difícil participar de la contratación pública en las circunstancias actuales y ahora se le haría más complicado con el mentado decreto presidencial. Presidente Santos, lo decimos con claridad meridiana, la corrupción es un problema cultural como mental que determina lo ético y lo estético. La causa de la corrupción reside principalmente en quienes dirigen el Estado y la Sociedad: los políticos y grandes empresarios inescrupulosos que ejercen el poder, es la manifestación de su moral corrompida dominante. Además, dicha medida es inconstitucional, ya que va en contravía del artículo 355 de la Carta Magna.

Remember

El decreto anticorrupción tiene las mismas características del acuerdo del concejo de Cartagena para combatir el “baile plebe”. ¿De qué ha servido para impedir el embarazo precoz, el corrompimiento social en La Fantástica? Ha sido una medida joperica!

Alguien dijo que Cartagena de Indias es la ciudad más caribe de la Cuenca del Caribe. Y justamente aquí se dan todas las manifestaciones del mestizaje y de lo que García Canclini llama “culturas híbridas”. Pero también se da una larga historia de prohibicionismo de las expresiones culturales y artísticas populares antes y después de la independencia.

Ciertamente el baile de la champeta se ha considerado como un “baile plebe” como en los años 1770 a 1774 se consideraban los bundes y fandangos, por los cuales fueron reiteradamente prohibidos por los obispos de Cartagena en ese período, Gregorio Molleda y Cherque, y Manuel de Sosa y Betancourt, según la investigación de Adolfo González Henríquez.

Para finales del siglo XVIII solo se aceptaban valses y contradanzas en los salones de la alta sociedad cartagenera. Pero los caribeños les poníamos una picardía a la contradanza española hasta el punto que una mirada inquisidora le llamó a nuestra forma de bailarla “una poesía lasciva”.

Mientras las autoridades eclesiásticas prohibían el bunde y el fandango, algunos poetas criticaban soterradamente dicho prohibicionismo denunciado la hipocresía de las élites que le daban una interpretación plebe o lasciva:

“Y los que salen del bunde
Pasado un rato regresan
Pues muchas cosas que se hacen
Con la mayor inocencia
El malicioso severo
Con rigor las interpreta.” (Sinforoso Villa, 1823).

Como se puede observar, no es que los bailes sean lascivos y despierten la “erotización” sino que los espectadores puritanos e hipócritas le dan esa interpretación subjetiva, ya que su cultura dominante así se lo dictamina.

En la época de los carnavales y de la Fiesta de la Candelaria (dice el General Joaquín Posada Gutiérrez en sus Memorias Histórico-Políticas, 1826, citado por Hernández) las élites cartageneras se iban al pueblo más cercano, Pie de la Popa, a bailar contradanzas. En los alrededores de donde hoy funciona la iglesia La Ermita se construyó un gran salón de baile muy popular donde se alternaban tres grupos de danzas con su respectiva animación musical. El baile de primera. compuesto por “mujeres blancas de Castilla” con su parejos “blancos”, cuyo baile era amenizado por la banda del Regimiento Fijo de Cartagena. El baile de segunda, realizado por mujeres pardas y pardos de familias pudientes, amenizado por el Regimiento de Milicias Blancas. Y el baile de tercera clase integrado por “mujeres pardas y negras”, amenizado por las Milicias Pardas.

Sin embargo, fuera de los bailes de salones había una muchedumbre que se divertía con los antecesores del porro, la cumbia, la gaita, etc., alumbrada por las espermas de cebo, cuyas lagrimas producían un dolor placentero a las mestizas, indias y negras adornadas con sus vestidos alegres y flores en sus luengas cabelleras o pelo cuscú como “la arrebata macho”. Era el fandango que se imponía frente a las medidas prohibicionistas inquisitoriales, segregacionistas, clasistas y discriminatorias.

Al comienzo del siglo XX, el turno fue para el mapalé y la cumbia. Según la gestora cultural Gina Ruz, el concejo de Cartagena en 1921 aprobó el acuerdo No 13:

“Queda prohibido en la ciudad y en los corregimientos del Pie de la Popa, Manga, Espinal, Cabrero, Pekín, Quinta y Amador, el baile conocido con el nombre de cumbia o mapalé.

En esa época, como hoy, se sigue considerando el mapalé como una expresión erótica y sexual africanizada entre el hombre y la mujer al son de los tambores yamaró y quitambre. Pero en realidad es una falacia cultural dicha interpretación. El mapalé representa la fantasía, la alegría del pescador que veía llena su canoa de peces. El mapalé es una representación de los movimientos del pez cuando el pescador caribeño del río Magdalena lo sacaba de la atarraya y lo tiraba al vientre de la canoa, según la folcloróloga Carmen Meléndez. Si bien el mapalé lo seguimos bailando acá, la cumbia se convirtió en el género musical más representativo de Colombia, y patrimonio inmaterial de la humanidad.

Nadie puede negar que el espíritu del acuerdo del baile plebe –recordemos a Montesquieu- es prohibir la champeta y la “champeta choque” que se baila en los barrios populares de la región Caribe, pero es el espíritu de sus autores y no de la ley. Es una resistencia cultural de los jóvenes victimizados, segregados y marginados que no solo se conforman con los pases de la camita, la bicicleta, el caballito. Diferente son los productores y realizadores de la industria de la champeta que se enriquecen llenando de basura cultural a la juventud y atentando contra la dignidad de la mujer así como lo hacen los empresarios del reggaetón con sus letras tóxicas y una mediocre armonía musical con sus estribillos sexistas.

Pudieron cambiarle el nombre al acuerdo. Pudieron adornarlo con expresiones cuasicientíficas. Pudieron justificarlo por el “embarazo en adolescente” y “la erotización temprana”, pero es un prohibicionismo segregacionista, clasista, puritano y discriminatorio. En materia de derechos humanos, es un atentado contra el libre desarrollo de la personalidad. Así como denuncié penalmente a Raimundo Angulo, el zar del Reinado Nacional de Belleza, por discriminación étnica y social, de la misma manera debió hacerse contra los 16 concejales que aprobaron dicho adefesio. Lo que no entiendo es cómo caben estas medidas en mentes liberales como el presidente Santos o de concejales como David Dáger, Antonio Salim Guerra (autor de la proposición), y los ponentes César Pión González y Saray Aguas, y el presidente de la Comisión Tercera, David Múnera, del Polo.

Reflexión. La historia de la humanidad está plagada de medidas prohibicionistas, infames y criminales. Hitler quemó la Biblia, como los libros de poetas ilustres de Alemania. Persiguió y asesinó a centenares de escritores.

Como el caso de Walter Benjamín, quien prefirió suicidarse en un hotel de mala muerte antes que fuera deportado a la Alemania Nazi donde Hitler lo esperaba para mandarlo al horno crematorio de  Auschwitz. Y uno de los poetas perseguidos, Bertolt Brecht, a quien descubrí en mi adolescencia temprana, en una de sus poesía decía: “Y ahora vienen por mí, pero ya es tarde!
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Edison Lucio Torres, director del informativo Vox Populi y presidente de la fundación del mismo nombre. Web: luciotorres.co voxpopuli.com.co Correo: voxpopulinoticiasya@gmail.com

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.