¡El periodista se respeta! Al oído del gobernador Dumek

La dignidad del periodista

A orillas del Caribe
Hambriento un pueblo lucha
Horrores prefiriendo
A pérfida salud.
!Oh, sí¡ de Cartagena
La abnegación es mucha,
Y escombros de la muerte
Desprecian su virtud. (Himno de Colombia).

La dignidad es un valor intrínseco de los periodistas que no se puede negociar. Aquí aparecen el gobernador Dumek Turbay, Chechy Baena (directora de los Juegos Nacionales) y el alcalde-periodista Manolo Duque.

Llegé a Mompox, por mis propios medios, a cubrir dos importantes eventos. La II Cumbre de Alcaldes convocada por el gobernador de Bolívar, Dumek Turbay Paz, y la Cumbre Social de la Central Unitaria de Trabajadores de Bolívar-CUT. Los dos eventos dejaron importantes conclusiones que afectarían positiva o negativamente el bienestar de los bolivarenses. Entrevisté al presidente de la CUT, Gil Falcón, pero al gobernador no lo pude entrevistar.

He sobrevivido a muchos eventos de la guerra y de la corrupción. En cuatro o cinco ocasiones casi pierdo la vida, todo por buscar la verdad de los hechos. Y cuando publico, la situación afecta mi seguridad personal pero me da una gran satisfacción de haber dicho lo que quería decir. He escrito tres libros, uno de los cuales (¿Adiós a la guerra? Cinco Claves para la Paz) lo publiqué el año pasado, los cuales reflejan mi formación como investigador social y periodista, y también como perseguido por atreverme a decir la verdad. No tengo resentimientos con nadie, y las personas que me conocen, lo saben. Soy intransigentes con mis valores, y esto me ha costado mucho, ¡pero también me ha dado mucho!

El segundo día de la Cumbre de Alcaldes llegué al hotel donde se realizaba. En la primera sesión, cuando intervenía el director nacional del Fondo Adaptación, Iván Mustafá, entré al recinto sin ningún problemas -no se si porque estaba vestido de lino olan con zapatos de cuero “punta corona”, y me hayan confundido con algún diputado o alcalde-, tomé varias fotografías y escuché la intervención del funcionario. Salí a tomar un café. Cuando regresé para hacer lo mismo con el director del SENA Alfonso Prada, uno de los guardas de seguridad me dijo que no podía pasar. “¿Quién dio esa orden?”, fue la pregunta lógica que le hice. “Solo pueden entrar los alcaldes y los demás funcionarios públicos”, me dijo. “¿Y los periodistas?”, le pregunté. “No pueden entrar”, fue la respuesta tajante. Como a veces los guardas de seguridad se toman atribuciones que no le han delegado, le insistí en la pregunta “¿Quién dio esa orden?”. Me llama a una joven que me dijo que es una orden de la administración. Y yo le respondí, “¡está mal hecho!, porque al periodista no se le puede limitar su libertad para tener acceso a la información esté donde estuviere”. En ese momento llego Rodolfo Zambrano, de Magangué Hoy, quien me dijo “ella es la hija de Pío Mayo, y vente para acá donde estamos los periodistas”.

Luego llegó Claudia Carmona, jefe de prensa de la gobernación, y me dijo que los periodistas tienen un sitio diferente donde podían seguir por audio y video el evento. Le respondí que eso está bien, pero está mal que le impidan a un periodista entrar donde estaban los alcaldes, diputados, secretarios de despacho y los invitados del gobierno nacional. Y le dije a Claudia que eso está tipificado como una falta disciplinaria, puesto que va en contravía de la Ley de Transparencia y del Derecho de Acceso a la Información Pública. Claudia -con quien tengo las mejores relaciones personales- me dijo: “¡Entra!”. Entonces yo no entré, porque no se trataba de un derecho para mí, sino para todos los periodistas. Y me fui al recinto donde estaban confinados los colegas invitados por la administración. Pregunté “necesito un computador”. Alguien me respondió “no hay”. Carlos Figueroa, quien estaba allí, me dijo “escribe desde tu teléfono”. Me senté a ver y escuchar la transmisión, pero a los dos minutos se dañó el audio. Y me puse a pensar “¿todo el esfuerzo que hice para llegar a la Cumbre de Alcaldes y sentarme aquí para salir de vez en cuando corriendo tras un funcionario público para grabar sus declaraciones?” No, esto no es periodismo.

Lo dijo Kapuscinsky.

No es fácil ser un excelente periodista. Además de la técnica de cómo hablar, escribir, entrevistar o buscar la información, debe tener una alta formación, pero lo más importante, decir la verdad, ¡duele a quien le duela! El periodismo es más que una profesión, es una vocación y un compromiso con la sociedad. Y en estos tiempos de posconflicto y corrupción, debemos tener los espíritus tan jóvenes como Bob Woobward, quien pudo recibir y tratar la información que le suministraba garganta profunda para tumbar al presidente del establishment, Richard Nixon.

El periodismo necesita coraje, valentía y enjundia para enfrentar los temores. Uno entrega la vida porque es una convicción. Y yo que soy un sobreviviente de la guerra y de la corrupción aprendí esa lección. A mi nadie me obligó ir a Mompox. Lo hice porque quise, y creo que los periodistas que fueron lo hicieron por la misma razón.

Dignificar nuestra profesión es la tarea de los periodistas y no de los funcionarios públicos. Dignificar es hacer valer a la persona que desempeña la profesión, es decir, hacerse valer. Como no hay una colegiatura de periodistas, nos toca individualmente asumir este compromiso ante el Poder. Y el Día del Periodista no se puede celebrar con un desayuno, almuerzo o cena. Hay que celebrarlo o conmemorarlo, además de comida y vino, con formación, con ideas y reafirmar que el periodismo necesita una fuerte dosis de ética y moral. Un buen periodista, es una buena persona, a la manera como lo ha descrito Kapuscinsky.

Claudia Carmona, la jefe de prensa de la gobernación, debe conocer bien la ley, por lo cual no acepté su explicación, aunque se la respeto. Y no entré porque aprendí que a la fuerza no se consigue nada positivo. Preferí “perder” el esfuerzo de ir a Mompox, de gastarme mi dinero, de cancelar compromisos empresariales y sociales. Pero no perdí el tiempo, solo este incidente me enseñó que la dignidad no es una limosna sino que se gana con una actitud personal de respeto por nuestros propios derechos. Y es una lección aprendida desde cuando estaba pelao y tuve la responsabilidad de cubrir las secuelas de la guerra en la región Caribe.

Y ahora en el posconflicto los anuncios de prensa del gobierno nacional de billonarias inversiones sociales no nos puede hacer obnubilar y dejar de ver el peligro que acecha sobre la paz: la corrupción. Solo periodistas con dignidad pueden detener cualquier peligro que represente la falta de pulcritud en el manejo de los dineros oficiales. Odebrecht es simplemente un caso que compromete a empresarios, bancarios y políticos corruptos. El dique para la ola corruptela son los periodistas con dignidad dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias por hacer valer su derecho de dignidad humana para decir la verdad. Los periodistas debemos hacer de nuestro himno uno de nuestros principios:

“Más no es completa gloria
Vencer en la batalla,
Que al brazo que combate
Lo anima la verdad.”

 

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.