¿Quedarán títeres con cabezas? ¿Procuraduría suspendería al alcalde Manolo?

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  • Planeación y Control Urbano, las primeras cabezas que cayeron.

  • ¿Se investigará a sí mismo el Procurador General?

El alcalde Manolo Duque se ha desempeñado a la altura en la tragedia de Blas de Lezo. Junto con su equipo, la calificación sería de 10. Pero ahora tiene la espada del Procurador General, Fernando Carrillo, sobre su cabeza. Aquí aparecen Fernando Niño, Secretario del Interior y Adriana Meza, directora del DADIS, quienes se han entregado de corazón en esta dura tarea.

Como en las épocas remotas del Imperio Romano, el pueblo pide sangre en la arena. Un sentimiento de rabia, impotencia y desesperanza cunde entre los cartageneros que ven impávidos cómo los inescrupulosos estafan, engañan y se enriquecen con el dolor ajeno, incluso con la muerte de los 21 empobrecidos trabajadores que cayeron debajo de la mole de concreto y hierro del flamante edificio Portal de Blas de Lezo II, en hechos acaecidos el pasado 27 de abril de 2017.

Los primeros en caer: Luz Elena Paternina, Secretaria de Planeación Distrital, y Olimpo Vergara, jefe de la Oficina de Control Urbano, a quienes se les aceptó la renuncia. El pueblo quiere sangre, y sangre tendrá. Pero por mucha sangre que se derrame, nunca limpiarán la sangre de los 21 muertos y sobrevivientes de Blas deLezo.

Fernando Carrillo, Procurador General, blande la espada del poder central en el caso de Blas de Lezo.

Ya el procurador general, Fernando Carrillo Álvarez, anunció que realizará una investigación rápida y habrá sanciones ejemplarizantes contra funcionarios de la alcaldía distrital de Cartagena y, de igual manera, contra su titular Manuel Vicente Duque. Se podría colegir que Duque sería suspendido por tres meses (como sucedió con Samuel Moreno o con Campo Elías) con el fin de que “no interfiera la investigación disciplinaria” que Carrillo iniciaría oficialmente en el día de hoy.

Sin embargo, hay algo que se le olvida al Procurador General, y es que esta institución de control conocía las irregularidades de auto desde hace varios años, y nunca hizo nada. Bastó que ocurriera lo de Blas de Lezo para sacar pecho en medio del dolor. Veamos.

El 6 de septiembre de 2016, uno de los gerentes de la Contraloría Colegial de Bolívar, Diego Hernán Pinzón Guerra, le respondió un derecho de petición al veedor Rafael Castro, quien solicitaba la veracidad de la denuncia hecha por el concejal César Pión González en un debate de control político del 29 de junio de 2016. Lo curioso es que el debate quedó sin consecuencias, y todos terminaron felices comiendo perdices en medio del silencio, excepto que en agosto de 2016 el alcalde de Distrito le entregó nuevamente las facultades de control y vigilancia a la Oficina de Control Urbano para seguir en lo mismo, como en la metáfora de El Gatopardo.

Como la contraloría no podía investigar si las licencias de construcción que se expedían en Cartagena eran veraces o falsas, le dio traslado a la Procuraduría General. Al respecto Pinzón Guerra respondió:

“Sin embargo, realizada la evaluación y el análisis del asunto, hemos observado que la problemática en cuestión ya es de conocimiento de la entidad competente como es la Procuraduría General de la Nación, tal como se observa en el oficio dirigido a esta Gerencia Departamental, razón por la cual en adelante, para esa información le sugerimos dirigirse a la citada entidad, por lo cual nos abstenemos a realizar cualquier trámite, por no tener competencia. 

Es decir, que el procurador Carrillo deberá iniciar una “autoinvestigación” y no una investigación sobre el caso de Blas de Lezo, y sus palabras sobre sanciones ejemplarizantes debería aplicarlas primero en casa y luego fuera de ella. Es decir, que se debería autosuspender para no interferir. A no ser que su motivo no sea el dolor de las 21 víctimas fatales, los heridos y sus familiares, sino móviles electorales.

Tomarse nuevamente la alcaldía de Cartagena es una tentación del poder central. ¿Cómo lo haría? Iniciar la investigación disciplinaria, y suspender provisionalmente por tres meses al alcalde Manolo Duque. Al mismo tiempo, oficiaría al presidente Juan Manuel Santos para que nombre a un alcalde encargado. Como la investigación de un proceso oral puede durar seis meses, lo podría suspender por segunda vez por tres meses más, hasta cuando se le abra un pliego de cargos y sea respondido por los encartados.

Tenemos un antecedente inmediato. El caso de Campo Elías Terán Dix, quien fue suspendido a solicitud de la Contraloría General de la Nación en cabeza de la Morelli, “con el fin de que no se afecte una investigación que se lleva en esa ciudad por un supuesto detrimento patrimonial de 5.893 millones de pesos”.

Ya muerto, Campo fue hallado inocente de este cargo. Mientras tanto, Juan Manuel Santos nombró a Bruce McMaster —hoy presidente de la Andi— como alcalde encargado y se tomaron el control de Cartagena junto con el grupo político de Juancho García (el difunto Carlos Otero) y otros potentados que no dan la cara. ¿Se solucionaron los graves problemas de la ciudad? En absoluto. Todo fue una pantomima del gobierno central que supuestamente quería ponerle “orden a nuestra casa”.

El alcalde distrital, Manuel Vicente Duque Vásquez, debe tomar el toro por los cachos. Primero convocar a la ciudadanía para que ejerza el control social; segundo, realizar la reestructuración político-administrativa necesaria, dotando a la ciudad de una oficina de control urbano eficaz, y remover, si es preciso, a los inspectores de policía que no cumplen su deber a la luz del nuevo código de policía.

¿Es la hora de la ciudadanía?

Todos quieren sangre en la arena. Todos quieren justicia, pero muchos utilizan este sentimiento para cambiar, y que sigan “los mismos con las mismas”, a la manera como lo explicó en 1946 el Caudillo Popular, Jorge Elércer Gaitán. O como dijera Gusseppe di Tomasi Lampedusa, en su ya legendaria obra El Gatopardo:

 “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie” (en italiano: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi“).

La sociedad cartagenera se adapta a todos sus gobernantes y al abuso del gobierno central. Pero también asume la ilegalidad como algo normal, el engaño como virtud y la estafa como medio de enriquecimiento. Probablemente la ciudadanía al unisono pedirá que ningún títere quede con cabeza, y podría rodar la cabeza del alcalde Manolo Duqe, pero los antecedentes nos indican que es más grave la medicina que la enfermedad. ¿Podemos nosotros mismos resolver estos problemas?

Próxima entrega: La mafia de las curadurías.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.