Toda la verdad sobre la tragedia del Portal Blas de Lezo: un concierto delincuencial público-privado

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  • Plano Digital del Portal Blas de Lezo II dice que tenía 12 zapatas
  • No se hizo estudio de suelo, causa fundamental de su derrumbamiento.

Cuando los obreros apenas salían de su modorra mañanera y los maestros de obras habían dado la orden de no trabajar por falta de material, a las 9:20 de la mañana el ruido de una tractomula con 5o bolsas de cemento puso en alerta a todo el personal y se enfundaron su ropa de trabajo sin sospechar que una hora y 10 minutos más tarde 21 de ellos iban a quedar sepultados debajo de la mole de cemento.

Mientras tanto, a las 9:30 de la mañana cuando uno de los capataces recorrió piso por piso la edificación, se dio cuenta que en el primero y segundo se presentaban unas grietas de consideración. Vio en el primer piso que de las columnas salía una especie de arenilla fina. El capataz le dijo a David Quiroz, hijo de Wilfran “El Wicho” Quiroz, lo que estaba sucediendo. El joven Quiroz, quien tenía una semana de haber llegado de Bogotá donde estudia arquitectura, le dijo:

“Mejor que raje ahora y no después que todo esté pintado. Así que resanen todo y sigan adelante con el trabajo”. 

El cuasi arquitecto —porque todavía no se ha graduado— le dio esa orden y con la misma salió. En el segundo piso quedaron seis personas: un maestro de obra de nombre Luis Agresor Escorcia, tres repelladores, el plomero Clever Bello Ramos y el vigilante Manuel Mendivil y su menor hija de 10 años, Anyeli Mendivil, Todos ellos se salvaron, excepto el vigilante. ¿Cómo sucedió?

Cuando se disponían a curar las rajas eran las 10:30 aproximadamente, uno de los trabajadores notó que la arenilla seguía cayendo con mayor intensidad, y delante suyo la columna número 1 se hundió aproximadamente 30 centímetros, se escuchó el estropicio, y solo alcanzó a decir:

¡Salgan! ¡Corran!

Todos los del segundo piso salieron, excepto Manuel Mendivil. Agresor tropezó y se cayó casi en la puerta del edificio, y con la misma se levantó a pesar de sus 120 kilos de peso. Los sobrevivientes sentían que el edificio se les venía encima, pero de un momento a otro se estabilizó y en ocho segundos comenzó a derrumbarse. Clever Bello Ramos, subió a avisarle a los demás trabajadores, solo alcanzó a tirarse desde el segundo piso. Como la niña Anyeli Mendivil en vez de correr para fuera, corrió para el interior, su padre Manuel Mendivil —en un arranque de desesperación— se devolvió para buscarla, la agarró y la tiró por la ventana, pero en esos momentos se le vino encima la placa de cemento y lo aplastó. La niña, como lo habíamos reseñado en el  escrito anterior, milagrosamente se salvó y su padre pagó con su vida ese acto de heroísmo paternal, literalmente entregó su vida por la de su hija.

¿Qué pasó?

Al entrevistar a los sobrevivientes y reconstruir los últimos momentos del edificio Portal Blas de Lezo II, que prácticamente se encontraba listo en obra gris, comenzamos a desentrañar los hechos y a explicar la verdad de lo que sucedió con el fin de evitar especulaciones, darle claridad a la tragedia y tomar decisiones acertadas.

María de las Nieves, una de las hermanas de Wilfran el Wicho Quiroz, en el sitio de los acontecimientos, pocos minutos después de caerse el edificio.

Al tener acceso por primera vez a una copia digital de los planos de la fatídica edificación, nos damos cuenta que su estructura está  compuesta por 12 zapatas de 30X50 con una excavación de 2 metros. Las zapatas son una especie de cimentación que consisten en una columna de hormigón (concreto) situado bajo los pilares de la estructura sobre un terreno homogéneo. A simple vista la estructura podía perfectamente soportar el peso de la mole, incluso, hasta más de lo que tenía, ya que al poseer 12 zapatas con las dimensiones señaladas, lograba la resistencia necesaria, según un ingeniero calculista.

Entonces ¿que sucedió? El 26 de abril había llovido abundantemente en Cartagena y, particularmente en Blas de Lezo. Como el agua se depositó en las bases de las zapatas, el terreno enchumbado, se hizo más dezlenable. La zapata no 1 cedió y se hundió 30 centímetros, el edificio cabeceo y se inclinó, y cuando se pensaba que se podía caer de frente hasta el punto de aplastar las casas que estaban en la otra acera (¡Dios Santo!), las tres zapatas que estaban en sentido contrario, milagrosamente cedieron y se hundieron aproximadamente un metro, de modo que el edificio se derrumbó y se hundió en forma vertical, cediendo casi todas las zapatas. Las placas de los pisos terminaron por formar una montaña de escombros de tres metros, quedando en su interior 21 trabajadores sin vida.

Si las otras zapatas no hubiesen cedido, la desgracia fuera mayor, ya que el edificio se hubiese caído sobre las casas de dos pisos que están al frente.

¿Por qué razón cedieron las zapatas?

Investigando el porqué de los hechos, este reportero habló con los sobrevivientes y los maestros de obra. Comparó los planos y estableció que las dimensiones de las zapatas eran las adecuadas para el número de pisos que se había construido. Los maestros de obra dijeron que el cemento con el cual se habían construido las 12 zapatas —dispuestas de 4 serie de 3— estaba certificado y suministrado por la empresa Agregado Prefabricados del Caribe. El acero que se utilizó en las cantidades recomendadas, fue comprado en el almacén El Constructor.

Si todo estaba bien en las estructuras y se habían construido las 12 zapatas necesarias con una dimensión de 30X50, ¿por qué razón se hundió el Portal Blas de Lezo II?

Este es el Portal de Blas de Lezo I, situado cerca de la tienda La Ruan. Este edficio se construyó en 6 meses.La explicación de la causa verdadera del derrumbamiento del edificio solo tiene una: no se hizo estudio de suelo. Wilfran Quiroz Ruiz, popularmente conocido como “el Wicho“, no hizo estudio de suelo, pues si lo hubiese hecho un ingeniero calculista, hoy no estuviésemos lamentando la desgracia que ha costado la vida de 21 humildes obreros. Como se sabe, unos planos de un edificio no sirven para otro. ¿Por qué? Porque de un lugar a otro cambian las condiciones del suelo. Por ejemplo, no es lo mismo construir un edificio en Bocagrande, donde el nivel freático (agua en el subsuelo) es mayor, que en El Carmelo, donde probablemente puedes encontrar agua 10 metros de profundidad. En esos casos, el ingeniero calculista realiza el estudio y recomienda la construcción de pilotajes con el fin de asentar la estructura del edificio. Estos pilotajes se construyen con hormigón y acero en forma de espiral a una profundidad tal para evitar que el edificio se hunda.

Cuando un edificio cede, se agrietan las paredes, y de acuerdo a la abertura de las mismas, se podría establecer la cantidad de centímetros que las zapatas se hunden. De acuerdo a uno de los maestros que participó en la construcción de la obra, como no se hizo el estudio de suelo, podía tenerse columnas más gruesas de las necesarias, pero igualmente se hubiese hundido, y ahora más rápido por el peso de las 12 columnas.

Si los hermanos Quiroz Ruiz tienen más de 35 construcciones ilegales desde hace más de 7 años en Cartagena, El Wicho puede tener entre 10 y 12 edificaciones. Una de las primeras estructuras para vivienda es el edificio residencial de Chipre que consta de 9 pisos y tiene ascensor. Pero el más viejo de todo es el que se conoce como Brisas de Blas de Lezo, el cual fue construido hace seis años. ¡A ninguna se le hizo estudio de suelo! Y este es el grave peligro.

Una edificación —según los expertos consultados— ceden de 2 a 3 centímetros por año hasta lograr su asentamiento normal. Ese hundimiento puede causar pequeñas fisuras en las paredes, y son muy abiertas, significa que existe un problema estructural mayor, y se debe salir corriendo, tal como sucedió con Portal Blas de Lezo II, en Cartagena,  y el Space, de Medellín.

¿Por qué el Wicho no hizo el estudio de suelo?

El hermano mayor de los Quiroz, conocido en ese mundo como el Wicho, no hizo los diseños estructurales, estudios geotécnicos y de suelos, —que es uno de los 10 requisitos para que le concedieran la licencia de construcción— porque era una construcción ilegal o pirata. Si por lo menos, un veedor o uno de los tres funcionarios de control urbano de la localidad número 3, hubiese actuado con transparencia y honestidad, esa edificación no se hubiese construido. Si Gustavo Vanegas, el arquitecto jefe, en vez de cohonestar con ellos, hubiese reprobado a sus dirigidos, no hubiese los 21 muertos y 22 heridos, y, por tanto, Manolo Duque y toda su administración no estuvieran en la picota pública.

Pero no solo se hicieron los de la vista gorda, sino que hay pruebas concretas que evidencian que su conducta podría ser criminal, porque a sabiendas que conocían que al no existir diseño estructural y estudio de suelo, estaban condenando a los trabajadores a una eventual muerte. Este periodista tiene testigos de cómo todos los viernes tres funcionarios del Distrito llegaban a las diferentes construcciones ilegales en una camioneta por la picúa (la mordida) y hasta podían recaudar entre $40 y $50 millones. Incluso, hay testigos que también llegaban veedores y líderes de la localidad 3 a recibir su barba, es decir, lo que quedaba de la picúa. Uno de los testigos me dijo, si es necesario que yo atestigüe ante las autoridades, se lo digo, me dijo.

Quizás el delatar a los funcionarios inescrupulosos sería el as debajo de la manga que tiene Juancho Royero, apoderado de Wilfran Quiroz Ruiz, para negociar con la Fiscalía una reducción de pena, allanarse a los cargos y colaborar con el ente investigar incriminando a los servidores públicos que fueron sobornados o que les exigía picúa para dejarlos construir, esto es, el delito de concusión.

Solo 8 segundos transcurrió entre el ruido y la caída de la mole de cemento, 8 segundos que salvaron la vida de 22 obreros que alcanzaron a salir corriendo o tirarse por la ventana, pero fueron 8 segundos que pasaron cuando el edificio de 23 metros de altura se vino abajo como si fuera una casa de naipes.

Si El Wicho no se hubiese ahorrado el costo del estudio de suelo, probablemente el Portal Blas de Lezo II lo hubiesen terminado en julio, como estaba previsto, y las familias que tenían la esperanza de un apartamento propio, se estarían mudando en diciembre. Pero todo se derrumbó, hasta los mismos sueños del alcalde Manolo Duque, quien está por fuera de la administración debido a una suspensión provisional de tres meses aprobada por la Procuraduría Delegada de la Administración Pública. 

¿Podrán dormir tranquilos los hermanos Quiroz Ruiz y los funcionarios cómplices? La falta de un diseño estructural y un estudio de suelo acabó con la esperanza de esos trabajadores que salían muy temprano sin sospechar que un día cualquiera iban a quedar sepultados bajo los escombros del edificio que estaban construyendo.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.