Un réquiem de bolero para Farid (I)

Una de las últimas fotos captadas a Farid Char, se le veía alegre y feliz. Aquí cuando paseaba en Cartagena con Liliana Rozo, su compañera.

Allí estaba Farid Char Abdala, su cuerpo sin expresión, mustio y frío, mientras el padre oficiaba la misa que le recordará a los presentes que seremos polvos algún día. No nos llevaremos siquiera el reloj favorito para controlar los segundos, minutos y horas de nuestra efímera vida. La luz de los bombillos se reflejaba en el reloj de pulso de Alfredo Char Yidi, el mismo que pocas horas antes lucía su padre en la casa de Villa Campestre donde vivía con Liliana Rozo Pinzón.

Farid nunca se habría imaginado que su funeral sería como si fuera el velorio de un hombre leproso que había que volverlo cenizas casi que en la clandestinidad. Nadie de los artistas que ayudó estaba allí para cantarle un réquiem, un bolero o una salsa de la Sonora Matancera que tanto le gustaba. Fausto Chatela, Congo de Oro, no fue capaz de cantarle un bolero, su bolero favorito.

Ese 28 de junio de 2017, día en que falleció y cremaron al destacado empresario, compositor y cantante, Farid Char Abdala, 77 años, había tres cosas que no cuadraban en la lógica mental de algunos de sus amigos y también de familiares que lo querían. Tres preguntas que calaban en la mente y en el corazón de esos amigos y familiares que lo consideraban. 

¿Por qué lo cremaron tan rápido?, ¿cuál fue la causa, si no padecía de una enfermedad que le produjera la muerte súbita?, y ¿por qué su hermano mayor Fuad el jeque del territorio Char, al día siguiente se encontraba en Cancún (México) disfrutando con su hijo Alex Char —alcalde de Barranquilla— la suntuosa boda de la poderosa ministra de Vivienda, Ciudad y Territorio, Elsa Noguera?

Esos tres interrogantes constituyen el misterio de una muerte que ha pasado desapercibida en la memoria de los barranquilleros, muy a pesar de lo significativo que fue Farid Char para el emprenderismo, la economía, el deporte, la radio y la cultura de La Arenosa. Tres preguntas problemáticas que trataré de resolver, con la mayor objetividad posible, en este trabajo de investigación periodística.

Un lánguido funeral

 La familia Char Yidi y Jaramillo Char, poco después de la muerte de Farid Char. Pareciera que no estuvieran conmovido. Notése que Alfredo Char Yidi luce el reloj que al parecer era de su padre.

Cuando el padre Tamayito monseñor Víctor Tamayo Betancourt— fue a darle el último adiós a Farid Char en Jardínes de la Eternidad de Barranquilla, ya el cadáver del empresario se encontraba rumbo al horno crematorio del sacrosanto. Eran las 3:30 de la tarde, siete horas después que el director de la clínica Porto Azul, Julián Gómez Alzate, lo declarara oficialmente muerto (8:08 am), y cuatro horas posterior a que su cadáver se lo entregaran a sus hijos mayores del primer matrimonio con Gladys Yidi, de quien se separó legalmente en 1985.

Efraim Peñate Rodriguez reconocido periodista deportivo llegó con otro amigo a las 3:30 pm, pero también le dieron una información para despistarlo. Cuando lo entrevisté, me dijo:

“Me quedé con los crespos hechos. Me dijeron que la misa del funeral la habían oficiado. Tuve que esperar hasta dos días después para asistir a la misa de la Catedral Metropolitana donde se presentaron las cenizas de Farid Char”. 

Uno de los testigos que asistió a los funerales me dijo que todo fue tan rápido que parecía una crono del Tour de France liderada por Rigoberto Urán. Un familiar se lamentó que lo quemaron “como si fuera leproso para que no contaminara a los demás”. Cuando llegó Fuad Char, acompañado de dos hermanos, el padre de turno John Jairo Betancourt— inició la misa privada exactamente a las 3:00 de la tarde. Por orden de Alfredo Char Yidi, el hijo mayor de Farid con Gladys, no se le avisó a los demás familiares, excepto a los invitados, y a los hermanos de ese primer matrimonio que tuvo Farid.

Maricel Char Yidi —la hija de Gladys— se encontraba en Italia gozándose un recorrido turístico con toda la familia, incluyendo a Andrea Jaramillo Char, exreina del Carnaval, y su padre Juan Jaramillo. Andrea es prima de Sofía Dacarett Char, cuyo nombre artístico es Sofía Carson, actriz de la película Descendants. 

En esa capilla —un año antes, 24 de junio de 2016— dos días después de haber muerto el rey de la canción vallenata, Julio Rojas Buendía, había recibido un gran homenaje póstumo, cuya misa oficiada por el mismo padre Betancourt duró 4 horas y media. No había prisa. Era la despedida a la eternidad de un hombre que se lo merecía por su obra en el arte popular. De la misma manera se lo merecía Farid Char, quien revolucionó la radio barranquillera y nacional al crear la cadena Organización Radial Olímpica (ORO), desde que hacía un programa musical en Radio Regalos de Soledad, en 1968.

El verdadero artista, el hombre talentoso y bondadoso de los Char, era Farid. Lo conocí en 1981 cuando conversaba con Efraím Peñate Rodríguez, destacado comentarista deportivo, quien fue la primera persona que me dio la oportunidad de trabajar como periodista en Radio Sutatenza, al lado de prominentes hombres de radio como Mike Fajardo, Manuel Manny Ramírez y el mismo Carmelo Castilla. Yo era un pelao que apenas iniciaba mis estudios de comunicación social y periodismo en la Uniautónoma, y me tenían en la nómina porque era un buen redactor. Peñate me contó una historia para resaltar la bondad de Farid.

Esta foto de Alejandro Char, alcalde de Barranquilla, se la tomó en Cancún, boda de Elsita Noguera, un día después que cremaron el cadáver de su tío Farid. Aparece al lado del animador de la Gran Fiesta de Boda, Fausto Chatela.

En 1968 había un producto farmacéutico que podía costar $30.000 el frasco, inalcanzable para cualquier pobre de la época. Como el producto servía para combatir el guayabo, a Farid se le ocurrió venderle una cucharada en $100 a un vendedor de plátano en el mercado de Barranquilla. No solamente le hizo un favor al enguayabado sino que con ese producto ganaban mucha plata, hasta vender 200 frascos en un día, según el testimonio de Peñate.

A las 3:30 de la tarde terminó el santo oficio dirigido por el padre. No se escuchó ninguna palabra para destacar la vida y obra de un hombre que hizo mucho por el deporte y la cultura. Ningún deportista estaba presente. Ningún dirigente deportivo. Ningún artista. Tampoco se había escuchado algunas de sus canciones que interpretó, ni una relación de la gloria deportiva que le acompañó, como los tres títulos del Campeonato Profesional de Basquetbol y los siete títulos del Torneo Profesional de Beisbol con Los Caímanes. Sus hijos menores (Cristian y Daniela Char Rozo) no estaban. Danielita, su hija mimada, a quien le cantaba y le grabó en ritmo de bachata una hermosa canción cuya letra la adaptó especialmente para ella: “Hija”. Sería su última canción:

Mi niña es tan bella

Es la dulce reina de mi corazón

Eso dice todo, eso llena todo

Y como una reina quiero que seas tú

Un abrazo tuyo me hace olvidar

A veces temo que algún día sus sueños puedan ser frenados

y no esté a su lado para protegerla (…)

Mi hija es la reina

Pero Danielita Char Rozo no estaba. Alfredo Char Yidi y su madre Gladys Yidi decidieron que la cremación debía ser ese mismo día sin esperar que regresaran de inmediato a Colombia. No podía darle a su padre ese abrazo que le haría olvidar todos sus errores en su agitada vida. Ella y su hermano Cristian estaban en Miami con su madre, Liliana Rozo Pinzón, compañera de Farid en los últimos 30 años, con algunos breves intervalos.

Farid no acompañó a su familia por lo de la visa, esa maldita visa que siempre el gobierno de los Estados Unidos se la había negado a Fuad Char y a sus hermanos. Pero, por primera vez, se la habían entregado. Y si bien Farid estaba muy alegre para viajar a un país prohibido, alguien le aconsejó que no lo hiciera. Prefirió irse después a Panamá con su hijo mayor, Alfredo Char , y uno de sus socios y amigos, Eduardo Orfale, quien le administra varios de sus negocios, como el restaurante Langostino de Barranquilla.

En Panamá sucedieron algunas cosas que pudo determinar su muerte, ya que Farid se encontraba bien de salud en el último año que vivió en Villa Campestre. (Sobre este tema, volveremos en una próxima entrega.)

Su “dulce reina” no estuvo en su casa de Villa Campestre cuando murió. Tampoco estaba en esa tarde gris  y calurosa del miércoles 28 de junio en la Capilla Ardiente del sacrosanto para darle el último abrazo que lo debía llevar a la eternidad. Su temor (expresado en la canción que le dedicó a su hija: “A veces temo que algún día sus sueños puedan ser frenados”) se podrían hacer realidad con su muerte. El ansia de poder y dinero de sus hermanos mayores que ahora aparecen como únicos herederos, la podría dejar desprotegida. ¿Lo aceptará Fuad Char y sus hermanos?

Una vez el cura terminó la misa, ¡un silencio sepulcral invadió el recinto!

De las 20 personas que aproximadamente se encontraban acomodadas en la capilla, seis eran trabajadores de confianza de Gladys Yidi. De acuerdo a una fuente que estuvo cerca al funeral, fuera de los hermanos Char Yidi, estaba Fuad sin su esposa María Mercedes de la Espriella (tía de Elsa Noguera de la Espriella); Simón con su esposa Loren; Antonio Char Chaljub; David y Jimmy (hijos de Habid), entre otros. Mientras los cuatro operarios del cementerio retiraban el ataúd para depositarlo posteriormente en el horno crematorio del cual saldría vuelto un puñado de cenizas, no se percibió siquiera una furtiva lagrima de los familiares que asistieron. Mucho menos se escuchó un réquiem por Farid, como cuando Rafael León homenajeó al poeta de Granada (Federico García Lorca) fusilado por las tropas franquistas:

Por cielos de ceniza

se va el poeta;

la frente se le riza

como veleta.

 En realidad Farid Char era un artista, bohemio y soñador que se apasionó por la música y ayudó a muchos compositores, interpretes y músicos. Esa faceta la reconocen los familiares y amigos de farras, pero también aquellas personas que lo conocían desde hace 40 años, como Álvaro Barboza, director del programa Boleros y Baladas de Oro que se transmite por Emisoras Atlántico y en el cual participaba el empresario:

“En el 2006 grabó, junto con Nelson Pinedo, Tributo Especial a Pacho Galán. La última producción de Farid Char fue un homenaje a la Sonora Matancera con arreglo del maestro Hugo Molinares. Farid estaba dotado de una voz potente y afinada que aún conservaba con el pasar de los años”.

De la producción titulada Farid y la sonora de Hugo Molinares, donde se hizo una selección de muchas de sus canciones, escuché algunas de ellas (La Equivocada y Guillate) que expresan esa vitalidad en su voz, acompañada de un excelente arreglo del maestro Molinares.

Su adicción a la droga y al alcohol

Era sotto voce que Farid tuvo un pasado disipado, complicado y agitado. Hubo una época en que la droga, el alcohol y la promiscuidad eran sus tres malas compañías. Sus amigos más íntimos lo sabían y hasta lo alcahueteaban. Ninguno se atrevió a reclamarle ni ayudarle. Aunque por los pasillos murmuraban su adicción, nadie le ayudaba.

La cocaína y el alcohol le estaban ganando la batalla, hasta cuando conoció a una joven hermosa, alta y elegante de quien se enamoró locamente en 1987. No le importaba que fuera 25 años menor. No importaba que ella estuviese embarazada de una relación anterior, porque se lo adoptaría como un verdadero padre. No le importaba nada, solo estar con ella. Como se había separado legalmente de su esposa, Gladys Yidi, le ofreció matrimonio. Farid se entregó a ella hasta el punto de dejar la droga y el alcohol. Y así lo hizo.

Andrea Jaramillo, exreina del Carnaval de Barranquilla, presentadora de RCN TV, nieta de Farid Char. Foto tomada de la web RCN.

Para Farid estar sobrio era un reto de cada día. Atrás quedaron las largas noches de festín donde no faltaban el alcohol, la droga y las mujeres. Atrás quedaba su pasado gris sin límites y sus locos arrebatos que lo llevaba a pagar millonarias cuentas en bares y sitios de diversión. También quedaron atrás los momentos difíciles de su adicción y de las malas compañías que, como rémoras hambrientas, le rodeaban. 

Una de sus mujeres y compañera de farra en las noches iluminadas por Baco, fue madre de dos de sus hijas. Ella no pudo salir de las pezuñas de la drogadicción y murió sin liberarse. La adicción a las drogas se convierte en una enfermedad catalogada como un problema de salud pública. Pero la adicción a la cocaína no era un problema que solo persiguió a Farid y a algunos de sus hijos mayores. No. La familia Char Abdala ha tenido como estigma el mundo de las drogas. Desde ser vetada para entrar a Estados Unidos (negación de la visa) hasta el padecimiento de ese tipo de enfermedad en algunos de sus miembros. ¿Algo paradójico?

Su pasión: el canto

Fuad Char, exministro de Desarrollo, exgobernador del Atlántico y exsenador, lo discriminaba, al decir de algunas de las personas más cercanas. Eso le dolía mucho a Farid, quien recordaba los años que duraron detrás de un mostrador cuando su padre Ricardo comenzó el negocio de las droguerías en Barranquilla, después de llegar (1955) en la más profunda inopia de su natal Lorica, y no podía dedicarse a lo que más le gustaba: Cantar. Cuando discutían, su hermano mayor solía decirle frases como estas:

“Vete con tu música para otra parte que yo te mando la platica allá”

La sensibilidad del artista se veía carcomida y  duramente afectada. El jeque del clan solo pensaba en dinero, hacer dinero, mucho dinero. Era la vena vital que su padre Ricardo Char Zaslawy —casado con Erlinda Abdala, hermana de la madre de Juan Gossaín, María Abdala— le había transmitido a sus hijos.

Cuando llegaron a Barranquilla, con el ahorro y todo lo que vendieron en su natal Lorica, el viejo Ricardo compró el almacén Olímpico en San Nicolás, corazón de la Barranquilla comercial de los años 50 y 60. Fuad, el mayor, lo remplazó como el alumno que aventaja al maestro, cuando solo tenía 17 años, y todo por un accidente que había sufrido su padre incapacitándolo de estar detrás del mostrador esperando vender un vermífugo a un cliente que espera matar las lombrices de sus hijos.

Fuad, un hombre con un olfato fino para percibir los olores del dinero, declinó su carrera de médico para entrar en el mundo de los negocios, aprovechando el accidente de su padre. Todo lo que hizo detrás del mostrador del negocio no le gustó al viejo Char. Por esa razón a Fuad se le ocurrió montar un negocio parecido que le puso Olímpica No 2. Pero Farid, contrario a su hermano mayor, era un insurrecto que luchaba por su pasión sin dejar el mundo de los negocios: el canto. 

Su afición a la música lo llevó a la radio. Después de pasar más de 10 horas detrás de un mostrador, por las noches Farid se iba a Soledad a programar boleros y un ritmo que estaba causando furor en Nueva York, que algunos le llamaban salsa en la emisora Radio Regalos, del cartagenero Hernándo Franco Bossa. Por petición de Farid, Char Hermanos compró esa emisora que estaba en el extremo del dial AM (1340 frecuencia modulada), que por sugerencia de Efraím Peñate Rodriguez se le bautizó Radio Olímpica. Y siguiendo el mismo esquema de las droguerías, se constituyó en la primera emisora de la cadena ORO. En un chat informal dirigido a Pablo Rodriguez Blanco, Peñate dijo:

“Me ha hecho recordar el modo cómo Fabio Poveda comenzó aquí en Barranquilla en los micrófonos de la vieja Radio Olimpica de AM ( 1340 Khz ) que yo gerenciaba, que yo le abrí generosamente sin celo ninguno siendo yo gerente-narrador y comentarista deportivo de esa emisora a la cual yo fui quien le puso ese nombre en cuanto Fuad Char me llamo a manejar esa frecuencia que había iniciado Hernándo Franco Bossa con el nombre de Radio Regalos”.

Eran los tiempos de Edgará, Ancon, Victor Moré, Julio Gutiérrez, Justinano Martinez, Juancho Illera, y muchos otros periodistas deportivos. Peñate era gerente, locutor, narrador y comentarista deportivo de Radio Olímpica. Y me dicen que su verdadera llave era Farid Char.

Farid Char Abdala, el empresario, el artista, el impulsor del deporte, el forjador de la cultura popular, no había recibido los honores en cuerpo presente para que sus amigos, artistas, personas de la radio, la cultura y del mundo empresarial le rindieran el homenaje póstumo meritorio. Un lánguido funeral precedió a lo que sería su despedida. La apariencia de una alta sociedad que quería ver rápido su cuerpo trocado en cenizas, se impuso frente al sentimiento del pueblo barranquillero que deseaba homenajearlo. Para satisfacer su deseo, los hermanos Char Yidi organizaron dos días después de su incineración, una misa en la catedral Metropolitana.

¿Quién le cantará a Farid Char un bolero? Un réquiem por Farid , el artista de los hermanos Char que fue cremado en un subrepticio funeral de media hora.

Próxima entrega: El misterio de una muerte.

 

 

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.