“Me dieron una puñeta”: Papa Francisco en San Pacho, Cartagena

El ojo colombino del Santo Padre. “Fue una puñeta”, le dijo a un feligrés de San Pacho, Cartagena. Lorenza le prestó a sus colabores una toalla blanca para secar el sudor y la sangre de Francisco. La toalla de San Pacho podría ser considerada ahora por los fieles de este barrio como si fuera el sudario de Turin. Cortesía del Osservatore Romano. EFE.

El papa Francisco se llevó muchísimos buenos recuerdos de Colombia, pero el recuerdo que nunca se la va a olvidar fue el día que iba para San Pacho (San Francisco), uno de los barrios más populosos, habitados por gente humildes y olvidadas de la otra Cartagena, la ciudad más caribeña de la otra Colombia. Ese día —Día de los Derechos Humanos, 10 de septiembre de 2017— el papamóvil frenó bruscamente en el mismo instante en que el vicario de Cristo iba a saludar a un niño, y sufrió un golpe contra el parabrisa papal.

En San Pacho, calle de la Cabuya, llegó a la casa de Lorenza Pérez, 65 años, ya con el pómulo inflamado y con una pequeña herida de la cual salió un hilo de sangre que fue quitado con una toalla limpia y comprada exclusivamente para que el papa se secara las manos. El ojo lo tenía colombino, al decir de los colores de la patria colombiana, como si hubiese recibido una trompada caribeña (puñetazo, en el argot del boxeo). Tanto es así que un feligrés le preguntó qué le había pasado. El Pontífice —mamándole gallo y sonriendo— le dijo al estilo argentino:

“Me dieron una puñeta”

Lorenza ahora guarda su toalla blanca manchada de la sangre del Pontífice como si fueran las mortajas de Jesús. En San Pacho ahora quizás tendrán un motivo para hacer un museo con las cosas que tocó o usó el embajador de Cristo en la Tierra en el último día de su gira peregrinal a un país lleno de esperanza para acabar con la violencia, pero sobre todo con la violencia social y la corrupción. La palabra de Francisco fue de reconciliación y de paz, palabra que llena el espíritu de humildad, ya que la prepotencia nos lleva a la destrucción.

La humildad de Francisco es disiente al terminar el Ángelus (y el Verbo se hizo carne: el anuncio del arcángel san Gabriel a la Virgen María de que iba a ser la madre de Jesús) en la plaza de San Pedro Claver donde hizo voto por los humildes y desvalidos, se acordó del sufrimiento del hermano país de Venezuela, pero también de que todos somos hijos de Dios. Nos recordó a dos héroes de los desamparados: María Ramos y Pedro Claver. De Claver dijo que aunque el mundo le pagó mal por su servicio a los explotados y, en especial, a los hombres esclavizados procedentes del África ardiente, Dios le dio la vida eterna como recompensa. (Ver Papa Francisco, ¡cuidado, la Bestia está suelta!).

La palabra de Francisco es diáfana y llega como un puñal de amor encendido en los corazones de quienes la escuchan. Muchísimas personas lloraron, gritaron, se conmovieron. La creencia, la fe se materializó en el espíritu del Santo Padre, y de miles de feligreses que lo aclamaron tanto en la plaza de San Pedro como en Cotecmar.

Lorenza Pérez abrazada al Papa en la sala de su humilde y limpia casucha en la calle de la Cabuya de San Pacho, Cartagena. Cortesía L’Osservatore Romano. EFE.

Cuando Francisco entró a la casucha de Lorenza Pérez, una madre comunitaria del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar-ICBF, ésta le parafraseó la palabra del centurión, según Mateo:8:8, y le dijo:

“Su altísimo, no soy digna de que entres a mi casa, pero una palabra suya bastará”.

Francisco le dijo:

“Yo no soy nadie para merecerme tu agradecimiento”.

Al finalizar el Ángelus en la plaza San Pedro Claver, Francisco dijo a los feligreses una frase que elimina la prepotencia, el poder y la fama de ser el representante de la iglesia más poderosa del mundo:

“Por favor, oren por mí y por mis colaboradores”

Luego se fue a la misa campal en Contecar con su pómulo inflamado, y despedirse de este país, donde todo cambia para seguir igual, porque los humildes y esclavizados modernos siguen eligiendo a sus propios verdugos para seguir en la esclavitud y la desesperanza.

Compartir.

About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.