El libro gordo de Useche (I): “¿Cómo elegir una contralora sin perder la libertad en el intento”. ¡Y todos se fueron a la cárcel!

El Triunvirato Presidencialista cumplió la palabra, Manolo Duque a la cárcel.  Cortesía E Universal.

El juez Cuarto Municipal de Garantías, José Luis Robles, con un libro en la mano, por fin golpeó su mallete al final de la audiencia pública y dijo:

Manuel Vicente Duque tiene responsabilidad penal de los delitos imputados y por eso se decide medida de aseguramiento privativa de la libertad con detención carcelaria.

El togado no tuvo contemplaciones e hiló delgadito para inferir que Manuel Vicente Duque, alcalde de Cartagena, cometió el delito de cohecho por el simple hecho de haberle regalado 32 libros a cada concejal después de la elección de Nubia Fontalvo como contralora distrital de Cartagena, situación admitida por la defensa de los encartados por el afán de demostrar que efectivamente eran libros y no $32 millones, como había concluido la fiscal 53, Liliana Velásquez. De la misma manera fueron tratados los otros procesados: la contralora Nubia Fontalvo (a la cárcel de San Diego), Jorge Useche (a la de Sabanalarga) y José Julián, a la de Ternera.

Y además porque —según el juez— José Julián Vásquez “conocía todos los vericuetos de la administración de su primo hermano Manolo Duque”.

Esos son los dos argumentos fundamentales que le permitieron al juez inferir razonablemente que Manolo Duque es autor del delito de cohecho y de concierto para delinquir, razonamiento expuesto al final de la vista pública  —que en la parte más importante para la ciudadanía cartagenera, se hizo privada— la cual concluyó a las 7:30 de la noche del viernes 1 de septiembre, después de 31 días del primer tramo del proceso. Tal inferencia pone en un umbral muy bajo el concepto de cohecho por dar  o recibir de parte de los funcionarios públicos y, en específico, el concepto de dádiva, la cual subrayo para el análisis.

En el escrito anterior sobre este tema, predije que Manuel Vicente Duque se iba para la casa (Leer: Manolo Duque, desde el martes dormiría en casa) una vez el juez hiciera una inferencia razonable de las escuchas realizadas a los protagonistas de este escándalo de corrupción de la administración distrital. ¿De dónde partió mi razonamiento? En ninguna de las escuchas se mencionó siquiera que Manuel Vicente Duque participó del concierto para ofrecerle dádivas a los 14 concejales que votaron por Nubia Fontalvo, ni siquiera que los “libros” los haya ordenado o entregado él. Este hecho irrefutable, debió ser una razón fundamental para que el juez no ordenara la cárcel a Manolo, puesto que la prueba —en posesión de la Fiscalía y conocida por el juez— por sí misma no hace inferir que él haya sido el autor de la componenda para elegir a Nubia Fontalvo.

Ahora bien, solo me referí a Manolo Duque y no a todos los protagonistas del hecho que analizamos, puesto que el personaje principal de esta historia tejida por la Fiscalía no es él sino su hermano, José Julián Vásquez, quien a las claras aparece usurpando funciones públicas en este caso concreto. Es decir, si el juez Robles quería ser guardián del patrimonio público —que es el bien que se protege— debió enfrentar el hecho de cómo un particular interfiere las funciones de un servidor público, como es el alcalde Mayor de Cartagena. Pero a la Fiscalía ni al Triunvirato Presidencialista le interesaba mandar a la cárcel a José Julián Vásquez sino a Manolo, puesto que así podían quedarse con la joya de la Corona. Y si mandaban a la cárcel solo a Vásquez, éste podría seguir cogobernando. Como los hermanos Vásquez —razonamiento de la Fiscalía— funcionaban como una sola persona en la posesión del poder político, la cooptación de la Contraloría Distrital fue una determinación de Manuel Vicente y utilizó a su primo-hermano José Julián para cometer el delito de cohecho. Pero los que conocemos a Manolo Duque sabemos que ni tiene la capacidad ni las agallas para concebir ni consumar dicha trama. Manolo desconoce los principios básicos de la administración pública y mucho menos la disposición intelectual para concebir ese delito.

No hay nada que hacer, José Julián a Ternera Resort.

Sin embargo, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿De qué serviría mandar a la cárcel a José Julián Vásquez y no a Manolo Duque Vásquez? Hay una sola razón: se le caería el andamiaje argumentativo a la Fiscalía del delito de concierto para delinquir y cohecho determinado presuntamente por el alcalde. Y, entonces, Manolo regresaría a su casa para concentrarse en su defensa ante la Procuraduría que lo tiene encartado y poder retornar a la alcaldía. Veamos mi razonamiento.

Empecemos por definir el delito de cohecho, según la ley colombiana:

El servidor público que reciba para sí o para otro, dinero u otra utilidad, o acepte promesa remuneratoria, directa o indirectamente, para retardar u omitir un acto propio de su cargo, o para ejecutar uno contrario a sus deberes oficiales, incurrirá en prisión de cinco (5) a ocho (8) años, multa de cincuenta (50) a cien (100) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas de cinco (5) a ocho (8) años. Cohecho por dar u ofrecer. El que dé u ofrezca dinero u otra utilidad a servidor público, en los casos previstos en los dos artículos anteriores, incurrirá en prisión de tres (3) a seis (6) años, multa de cincuenta (50) a cien (100) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas de cinco (5) a ocho (8) años. (CP arts. 405 al 407).

Todas esas penas se aumentan cuando el que comete el delito es funcionario público, de acuerdo a la ley 1474 de 2011. Ahora paso a la definición de corrupción administrativa con énfasis en el concepto de dádivas, según la Convención Interamericana contra la Corrupción, suscrita en Caracas el 29 de marzo de 1996:

“El requerimiento o la aceptación, directa o indirectamente, por un funcionario público o una persona que ejerza funciones públicas, de cualquier objeto de valor pecuniario u otros beneficios como dádivas, favores, promesas o ventajas para ese funcionario público o para otra persona o entidad a cambio de la realización u omisión de cualquier acto en el ejercicio de sus funciones públicas”.

¿Quién dio u ofreció la dádiva? Con relación a Manolo, el juez no personalizó esa inferencia razonable, y no lo podía hacer porque dentro del proceso público no se blandió una prueba que comprometiera la conducta del alcalde. Que lo haya hecho su hermano José Julián (JJ), es diferente, ya que la responsabilidad penal es individual, a no ser que lo haya hecho como una encomienda del alcalde y se configuraría el concepto de indirectamente. Por ejemplo, si en la conversación se hubiese escuchado algo así: “Manolo te va a entregar 32 libros, y a mi ya me entregó 7 libros y medio”. Supongamos que los 32 libros sean libros y no millones de pesos, pero no deja de ser dádivas, según el razonamiento del juez de garantía. La pregunta razonable que uno hace después de escuchar los audios presentados por la Fiscalía: ¿Quien dio u ofreció? Manolo no aparece como sujeto activo del verbo dar y recibir, ni siquiera por tercera persona.

Si eso es así, el razonamiento del juez va a contrapelo de la realidad procesal, pues, no debió inferir siquiera tangencialmente que Manuel Vicente Duque Vásquez haya sido el autor del delito de cohecho, porque quienes recibieron los 32 libros no mencionan a Manolo ni tampoco que él haya participado en reuniones donde prometiera esa dádiva.

El juez José Luis Robles dijo una gran verdad, a la luz del derecho penal colombiano y en mi concepto:

“Si fueron libros realmente, entonces sí fue una dádiva.”

Yo amo la sabiduría de los libros, es la mejor dádiva que uno puede recibir en un cumpleaños. ¿Si yo le regalara un ejemplar de mi libro ¿Adiós a la guerra? Cinco claves para la paz (Ver) a cada concejal, ¿sería un cohecho por dar? Por supuesto que no, ya que el acto de dar no comporta un delito si el dar no trae aparejado el concepto de recibir un beneficio directo del concejal.

Se ha dicho  que los libros son uno de las principales y más accesibles fuentes de información y conocimiento para la Humanidad. Han permanecidos a través de los años, difundiendo el conocimiento y la historia humana, pero pareciera que el título de los libros recibidos por Piña y Useche, en la conversación difundida por la Fiscalía, tuviera el título:

“¿Cómo elegir una contralora sin perder la libertad en el intento.”

 

Compartir.

About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.