Gustavo, ¿es un juez Malo?

Gustavo Malo Fernández, el magistrado caído en desgracia.

Definitivamente los magistrados que ha tenido Cartagena en las altas cortes colombianas —en especial la Corte Suprema de Justicia— se vienen cayendo como coco, y hoy, dos de los tres que son investigados por la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, son oriundos de La Heroica: Francisco Pacho Ricaurte Gómez y Gustavo Malo Fernández.

Independientemente de las fallas que pudieron cometer el exmagistrado Ricaurte y el magistrado Malo, debemos hacer énfasis que ambos son amigos desde los viejos tiempos de la Universidad de Cartagena y luego en la carrera judicial. Malo llega a la Corte Suprema de Justicia (CSJ), en 2012, gracias a las influencias de su vale (amigo) Pacho Ricaurte.

El segundo énfasis que debemos hacer para entender el contexto en que se da la investigación judicial contra los dos juristas, es el papel desempeñado por Pacho Ricaurte para contener la arremetida corrupta del presidente Álvaro Uribe Vélez contra la Corte Suprema de Justicia, y pese a las chuzadas  realizada por una de sus maquinarias criminales como fue el DAS (la CSJ acaba de condenar a su director, Jorge Noguera, a 7 años de cárcel, y compulsó copia a la Comisión de Acusaciones para que investigue al presidente de la época Álvaro Uribe Vélez) mantuvo a raya a su ministros, varios de los cuales fueron condenados por corrupto. Cuando fue presidente de la Corte en 2008, el huracán de la corrupción estaba más fuerte que nunca, porque venía presionando desde el poder presidencial para una segunda reelección que afortunadamente con la ponencia de otro cartagenero en la Corte Constitucional, Humberto Sierra Porto, le puso un dique que evitó la expansión napoleónica del Centro Democrático (CD) y de su jefe Álvaro Uribe Vélez. El magistrado resistió los vientos huracanados en plena efervescencia de la parapolitica y de la confrontación con los aparatos criminales del uribismo. Cuando el presidente Uribe se vio derrotado en la Corte Constitucional, sacó como as debajo de la manga a un candidato que no estaba en sus preferencias, pero que —además de chuparle rueda— las otras fuerzas dominantes le impusieron: Juan Manuel Santos Calderón.

Llegado a este punto, el uribismo y la extrema derecha colombiana tenían una cuenta que saldar con los magistrados cartageneros: Francisco Javier Ricaurte y Humberto Sierra Porto. Apenas terminó su magistratura, Sierra voló alto y se fue en 2012 para la Comisión Interamericana de Derechos (CIDH), donde fue nombrado presidente en 2013. Pero Pacho Ricaurte cometió la osadía de quedarse en Colombia, no como un ciudadano común sino que se hizo elegir como magistrado en el Consejo Superior de la Judicatura aprovechando las buenas relaciones obtenidas en la Corte Suprema de Justicia. Allí marcó la sentencia de su muerte moral, y con ella arrastró a la de su vale Gustavo Malo Fernández, porque en el poder central a éste lo veían como al segundo Ricaurte.

Cuando yo predije en 2013 el fin de la parapolítica , luego que en el 2012 la Corte Suprema de Justicia condenara al cartagenero Javier Cáceres Leal —otrora poderoso presidente del congreso—, ¿sabes quién la presidía en ese momento?  Sorpréndete, el exmagistrado Leonidas Bustos. Los magistrados que hicieron sala fueron: JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO, FERNANDO CASTRO CABALLERO, SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ, AUGUSTO IBAÑEZ, MARIA DEL ROSARIO GONZÁLEZ, JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA y JAVIER ZAPATA ORTIZ.

En realidad era el inicio de la caída del protagonismo de la Corte Suprema de Justicia que había recibido el embate de todos los parapolíticos condenados y los que esperaban que los condenaran, esta banda de delincuentes de cuello blanco estaba liderada por el expresidente Uribe y de algunos aliados del gobierno de Santos, como el partido Cambio Radical, el tercer partido más comprometido por la parapolítica. Y lo cierto es que en esos momentos se avecinaba inminentes condenas contra pesos pesados del uribismo que habían pasado de la noche a la mañana al santismo, como Musa Besaile, Bernardo Ñoño Elias, Piedad Zucardi, entre otros. ¿Qué pasó?

José Leonidas Bustos y Gustavo Malo deberían dar cuenta a la ciudadanía y a la justicia de lo que pasó, así como los demás magistrados que marcaron la transición de aquella gloriosa Corte Suprema de Justicia a una corte púsilánime que archivó el gran proceso de la parapolítica. Aquella se opuso al poder omnímodo del presidente Uribe que había dominado el poder legislativo a través de las mermeladas, pero que no había podido con la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia, lideradas por dos cartageneros que fueron los héroes de la época.

Ricaurte creyó estar a salvo siguiendo en el poder judicial, tal como lo hizo Uribe cuando fue elegido congresista después de la presidencia de la República. Pero en realidad, la primera andanada que sufrió el exmagistrado cartagenero fue en 2013 cuando fue elegido magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, una instancia de suprema importancia para el poder judicial, ya que a través de ella puede incidir sobre jueces y la administración del poder judicial.

Por otra parte, el exmagistado estrella de la parapolítica, Iván Velásquez, debió salir en forma atropellada de la Corte Suprema de Justicia con la llegada de Leonidas Bustos y de Gustavo Malo. Velásquez fue objeto de montajes que pusieron en cuestión su integridad moral, y debió irse a Guatemala para continuar con su heroica labor de destapar la corrupción. Esta Bestia es tan brutal que si no te absorbe, te mata moralmente, y si sales indemne, ¡te mata! Tal y como lo pregonó aquel pastor que me condenó a muerte, usando la simbología de la semiótica, por el solo hecho de descubrir sus trampas para enriquecerse con el dinero de sus feligreses enceguecidos. (Leer: “Te voy a echar a Nigeria, ese man te acaba, ¡ese si te mata!). Porque el matar es una cultura de la Bestia corrupta, te pone trampas para que caigas, y si no caes hace lo posible por desaparecerte. Hasta los pastores corruptos lo hacen.

Ahora resulta que los congresistas exuribistas y ahora santistas, Ñoño Elias y Musa Besaile, por ejemplo, son víctimas de extorsión y serían los testigos contra José Leonidas Bustos, Alfonso Ricaurte y Gustavo Malo Fernández en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. Besaile acusó y dijo que entregó $2 mil millones en la Corte Suprema de Justicia para frenar una orden de captura. ¿Quién lo investigará? Sorpréndete, un representante del uribismo: Edwar Rodriguez Rodriguez. En la campaña de Uribe lideró las juventudes cristianas, ocupó varios cargos en el Ministerio del Interior y en la embajada de Australia, hasta que ganó la curul en la Cámara de Representantes en 2014.

La fiscalía imputó cargos por extorsión a la hija de Gustavo Malo, Yara Malo Benites

Gustavo Malo Fernández, en sus tiempos de juez, dejó una buena estela, al decir de aquellas personas que lo conocieron, y que me dí el trabajo de consultarlas. Algunos se han sorprendido porque no les caben en su cabezas que Malo sea un juez corrupto, si no lo fue en su juventud, ¿cómo lo va a ser a sus 65 años? No se sabe si lo de su hija Yara Malo Benites, —quien debe estar rondando los 30 años— acusada de extorsión por una fiscal, es parte de la misma trama que está sufriendo su padre. Pero de que hay una conexión es muy seguro, porque si uno entiende la dinámica de la Bestia ella es capaz de comerse a los de su misma especie, con tal de preservar su vida.

El magistrado Gustavo Malo Fernández —amigo de Pacho Ricaurte, uno de los gladiadores de la Corte Suprema de Justicia en los tiempos aciagos de Uribe— está en el ojo del huracán. Tiene un testigo estrella en su contra: Musa Besaile. Y un investigador distinguido por sus charreteras uribistas: Edward Rodriguez Rodriguez. ¿Se salvará de su acusador? ¿Será un juez Malo?

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.