La Cartagena del despeluque (1): Una ciudad con baja autoestima

“Pues ya pasó, ciudad amurallada,

tu edad de folletín… Las carabelas

se fueron para siempre de tu rada.”

(Luis Carlos López, nuestro poeta insigne)

 

A pesar de todo, a Cartagena la queremos, aunque sea en la época del despeluque. (Cortesía).

En la Cartagena del despeluque, la champeta y el palito de caucho, todo es caos, pobreza (pobreza mental), incertidumbre, ingobernabilidad, escándalos y, sobre todo, fiesta.

Si, fiesta porque mientras tres familias con el apoyo del gobierno central se toman la ciudad y su presupuesto de $1.6 billones para 2018, la población extramuros sigue ciega de jolgorio en jolgorio. Nos divertiremos durante una semana en las novembrinas y después llegarán las cuatro fiestas de fin de año: las velitas, navidad, Año Nuevo y los Reyes Magos. ¡Ah!, y cuando terminen las cuatro fiestas, nos iremos al Carnaval de Barranquilla a disfrazarnos de pirata con Joselito.

Así somos nosotros: trabajamos duro, de sol a sol, para gastarnos los chivos (centavos) en la jarana. Los pretextos nos sobran: El día del cumpleaños, el bautizo, el aniversario, y hasta porque compraste un equipo de sonido nuevo. En los barrios populares se inventaron el lunes de despeluque y los martes de alegría que es la prolongación del fin de semana de pura fiesta: picó, ron y perico. Ya la droga no tienes que ir a buscarla a la olla, los pitcheres (antiguos jíbaros) te la llevan a la fiesta por orden de los capos del microtráfico. (La policía lo sabe, y algunos agentes reciben la picúa). ¡Vivan las fiestas! Es la herencia española y africana que corre por nuestras venas. ¿Qué vamos hacer?

Cuando Cartagena era la Joya de la Corona Española se construyeron murallas y fortines militares para protegerla de piratas y bucaneros que, con patente de corso, la sitiaban y saqueaban. Después vino la “edad de folletín” cuando todos reían y se divertían cada vez que llegaba un barco trayendo las buenas nuevas del Caribe y de Europa. Fuimos heroicos en la Guerra de la Independencia, y pagamos muy caro el precio de la libertad. Las tropas españolas con Morillo al mando nos sitiaron (agosto—diciembre de 1815) e inició la ruina de la Joya de la Corona que llegó hasta 1880, la cual fue una década de resurgimiento de la economía, la demografía y de las artes, la cultura y la política. Entrando el siglo XX y el flujo migratorio de franceses, alemanes, sirios—libaneses, chinos y de otras nacionalidades, comenzó a renacer La Heroica.  Eran días febriles y de prosperidad que parió una generación impulsora de la economía moderna colombiana. Nació la industria criolla, los perfumes (Lemaitre) con el aroma de la ciudad luz, París; la Universidad de Cartagena, una de las más antiguas de América, comenzó a parir juristas y profesionales de gran prestigio nacional y produjo una generación que se destacó en la política (dos presidentes de la república: Rafael Nuñez y Juan Jose Nieto Gil), en la literatura y la cultura.

Alfonso Múnera, uno de los historiadores cartageneros. Aquí estrecha su mano con el presidente de Cuba, Raúl Castro. Vale la pena estudiar historiográficamente la tesis de la baja autoestima de Cartagena. (Cortesía Cubadebate).

En esa época, Cartagena tenía la autoestima alta. Cuando los cachacos miraban hacia el norte, se topaban primero con La Heroica. Fue el presidente Núñez quien llevó por primera vez a un afrodescendiente como rector del Colegio del Rosario, Manuel Corrales, una persona de ilustración sin par. Su nombramiento causó polémica en 1881. ¿La razón? Porque era mulato y —para más rabia de los cachacos— cartagenero. Un dato interesante para tenerlo en cuenta: Corrales fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia, según el historiador Alfonso Múnera.

Si en aquella época Cartagena tenía presidentes, magistrados en las altas cortes y rectores de universidades prestigiosas que brillaron por sus conocimientos, en nuestra época hemos tenido magistrados en las altas cortes y hasta presidente del senado de la república. Pero si los cachacos cuestionaban, por ejemplo, el nombramiento de Corrales en la Universidad del Rosario, no lo hacían por impedimento ético o meritocrático. ¡No, señores! Lo hacían porque la sociedad cachaca era (¿era?, ¡es!) discriminatoria, segregacionista y centralista.

La noche del 25 de septiembre de 2017, triste para la justicia y para la Cartagena del Despeluque: el encarcelamiento del expresidente de la Corte Suprema de Justicia, Javier Francisco Ricaurte. Una noche larga y oscura que terminó con la legalización de su captura y la imputación de los delitos por parte del Juez 40 de control de garantías. (Cortesía Colprensa).

Desafortunadamente los magistrados de hoy podrían terminar presos, así como el orgullo de San Pacho (uno de los barrios más deprimidos al nororiente de la ciudad) Javier Cáceres Leal, quien, siendo presidente de uno de los poderes del Estado, el Congreso, terminó probando el rigor de la guandoca. Y, por otro lado, teníamos como presidente de las altas cortes a los cartageneros: Humberto Sierra Porto (Corte Constitucional) y Javier Francisco Ricaurte. De los tres, dos conocieron los barrotes de la guandoca, y hay un tercero (Gustavo Malo) que está en el tibiri-tabara.

¿Y la economía del despeluque?

En la economía de la Era del  Despeluque, tenemos empresarios que mostrar: Alfonso Turco Hilsaca y Cía, Araújo y Cía, Segovia y Cía, Gishays y Cía, Pérez y Cía, Gedeón y Cía, Salas y Cía, García Romero y Cía, Enilse López y Cía, Antonio Diaz y Cía, Quiroz Ruíz y Cía, etc. (No se rían, ¡es la verdad!). Las 10 empresas más grandes que tenemos — según la Cámara de Comercio de Cartagena (CCC)—, en su mayoría son dirigidas por cachacos o extranjeros, éstas son:

  1. Reficar S.A, cuya junta directiva está en Bogotá
  2. Zona Franca Argos S.A.S.
  3. Contecar S.A
  4. Mexichen Resinas Colombia S.A.S
  5. Hodecol S.A
  6. Abocol S.A
  7. Centro Logístico Integral de Carga
  8. Surtigas S.A
  9. Cartagena II S.A
  10. CBI Colombiana S.A

Eduardo Gishays Manzur —la tercera generación de empresarios cartageneros— condenado por soborno en el caso de Odebrecht. Cortesía.

Algunos empresarios que contrataron con Reficar (la empresa que despilfarró más de US 4 mil millones) estuvieron involucrados con ODEBRECHT. No solo fue el Viceministro de Transporte, Gabriel García Morales, implicado en el escándalo. Hay siete cartagenero más: Juan Manuel Barraza, exdirector Nacional de Regalías  y asesor de ministerios; el exviceministro transporte, Juan Ricardo Noero, actual presidente de Pacific Infraestructura y de Puerto Bahía; Menzel Amín Avendaño, hijo del constructor Menzel Amin Bajaire, contratista de obras civiles con el Distrito de Cartagena y la nación y Gladis Avendaño, quien fuera una destacada funcionaria. También están en graves problemas Rafael Pérez Lequerica, hijo del exsenador Rafael Pérez Martinez; Alfonso Pereira del Río, están en La Picota con lo hermanos Enrique Ghisays Manzur y Eduardo Ghisays Manzur. La crema y nata de la clase de abolengo de Cartagena estuvo involucrada en Reficar, y algunos fueron socios de CBI Colombiana.  En suma, a los empresarios les va muy bien para quedarse con el queso, (¿bien?) y a Cartagena muy mal.

Algunas cifras de la Cámara de Comercio actualizadas:

  • La inversión neta de capital (INK) en junio de 2017 se recuperó, alcanzando un valor de $1.986,2 millones, comparada con el dato de junio de 2016 que fue negativo.
  • Para el primer semestre de 2017 la INK fue de $61.523, cifra 56,2% inferior a la registrada en el primer semestre de 2016.
  • El mayor aporte a la INK de enero a junio de 2017 fue realizado por las microempresas (54,8%), seguida de las pymes (52,9%), mientras que las grandes empresas disminuyeron en 7,7% el monto de su inversión.
  • El capital que ingresó a la economía local en el primer semestre del año por concepto de constituciones ($35.913,8 millones) y reformas ($64.917,5 millones) disminuyó 23% y 43% respectivamente. En cambio, el capital liquidado aumentó 57,8%.
  • El número de sociedades creadas en el primer semestre fue (1.389) aumentó 14,5%, en tanto que el número de personas naturales (2.999) creció 6,8%.
  • El número de cancelaciones disminuyó para personas jurídicas 35,4% y se quintuplicó para personas naturales.
  • Las actividades económicas con mayor inversión fueron construcción (37,2%), actividades inmobiliarias (22,5%), comercio (12,6%) e industria (12,1%).

No obstante, aunque Cartagena sea más valiosa que Bogotá, en cuanto al metro cuadrado de construcción, los ingresos por este concepto denominado delineamiento urbano son ínfimos. El presupuesto 2018 ($1.6 billones) socializado por Sibila Carreño Quiroz, Secretaria de Hacienda Distrital (e), y Luis Cano, jefe de presupuesto, ante el Consejo de Gobierno, y el Consejo Superior de Política Fiscal (CONFIS) y presentado por Sergio Londoño, alcalde (e), ante el concejo Distrital de Cartagena, tan solo es de $7 mil millones, cuando el metro cuadrado promedio de Cartagena está situado en $7.6 millones.

Alfonso Turco Hilsaca, ahora le dejó el legado a sus hijos Gabriel y Alfonso Hilsaca Acosta, la segunda generación de empresarios que se enriquecieron con el presupuesto público de Cartagena.

En el centro histórico el mt2 tiene un precio de $9 millones, y hay muchas construcciones que no reúnen los requisitos de ley. Alfonso Hilsaca tiene una docena de propiedades entre Getsemaní, San Diego y Santa Catalina; al lado de propietarios ilustres como Carlos Matos, Carlos Ardila Lulle, Santofimio Botero, Fernando Botero, entre otros. Matos es el dueño de la Cárcel San Diego, según la DIAN que recibió como dación de pago esa propiedad.

De acuerdo con la CCC, en el primer semestre de 2017 el área de construcción fue de 237.801 metros cuadrados. Si multiplicas 237.801 por $7.6 millones, la cifra resultante es de $1.8 billones. Pero —si nos atenemos al informe de la Procuraduría General de la Nación (PGN)— el 75% de las construcciones en Cartagena son ilegales, lo que indicaría que la construcción podría estar moviendo realmente más de $7 billones. Y si ya se tomaron los correctivos para evitar la piratería en la construcción, ¿por qué razón las expectativas por este impuesto son muy conservadoras? La pregunta es para el alcalde (e) Sergio Londoño, Sibila Carreño Quiroz (no tiene nada que ver con los Quiroz Ruiz) y Luis Cano.

Sibila Carreño Quiroz, Secretaria de Hacienda Distrital (e), reemplaza al mago de las finanzas, Napoleón de la Rosa.

Pero a la Cartagena de extramuros no le interesa la economía, solo las fiestas. Ya no era como antes donde había, por ejemplo, una Unidad de Precios, Pesas y Medidas, y los consumidores se organizaban en ligas para proteger sus derechos frente a la voracidad de industriales y comerciantes. La CCC —desde hace dos décadas— pasó a ser bolsillo de una casa política que vive de la contratación con lo público, igual como lo hace el empresario Hilsaca. El presidente de la junta directiva es Gerardo Rumié Sosa, socio de los grandes negocios de los García Romero y de Alfonso Salas Trujillo, capitán (r) de la Armada Nacional, dueños de la sociedad portuaria que se quedaron con las acciones del Distrito y mataron indirectamente al veedor Jorge Piedrahita Aduen (muerte que ha quedado impune) como resultado de la persecución política sufrida. Los comerciantes imponen las reglas, los constructores evaden el pago de impuestos, las grandes empresas se llevan sus dividendos a las ciudades donde están sus matrices.

Lo grave no solo es el abuso de los grandes, sino la genuflexión de los chicos, puesto que a nadie le importa nada. Solo la fiesta nos mueve, el bochinche, el escándalo… si el escándalo: concejales y alcaldes, magistrados, jueces, y fiscales, contralora, presos o investigados penalmente. Este panorama ha hecho de Cartagena una ciudad de baja autoestima.

Esta es la Cartagena del despeluque, la champeta y del palito de caucho. ¿Qué vamos hacer? Como los japoneses, ¡hagamos de la crisis una solución! La palabra la tienes tú.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.