La Cartagena del despeluque (2). Manolo se va y la Bestia se queda. Hay que revocarlos a los dos ¡ya!

La Bestia se comió a Manolo, alcalde. Terminó la función, y el drama continúa para la familia. Aquí los momentos felices de una fugaz alcaldía. Por lo menos, la pagó barata, no así su colega y amigo, Campo Elías Terán Dix, quien murió en el intento. Manolo pronto saldrá de la cárcel, su renuncia es una jugada maestra.

Lo que predije en este portal de luciotorres.co se está cumpliendo: “El alcalde de Cartagena no lo salva ni Mandrake, el mago”. La Bestia lo ha convertido en un bocatto di cardenale.

En efecto, Manuel Vicente Duque Vásquez se va por cualquier puerta: renuncia, lo destituyen o lo revocan. Pero queda la amargura, el drama personal y familiar, y la ciudad sufre una frustración más por nuestra mala cabeza, por tomar decisiones equivocadas y a la bulla de los cocos.

El país ha sido gobernado por una Bestia hambrienta que se engulle hasta sus mismos payasos. El presidente Álvaro Uribe gobernó 8 años y dejó en el cargo a Juan Manuel Santos pretendiendo que éste fuera un pelele, pero el cachaco resultó más avispado que el paisa. Ahora la élite cachaca y paisa unidas podrían imponer a otro payaso, ¿Germán Vargas Lleras? Y el país seguirá en su propio despeluque.

Lo que se vive en La Heroica, es la misma situación que vive el país. Los que quieren imponer disciplina en el Caribe, son los que arman el zafarancho desde Bogotá, Medellín o Cali, el Tríangulo de Oro que ha impuesto a los presidentes del país, después que el cartagenero Rafael Wenceslao Núñez renunciara a la presidencia por amor a Soledad Román quien detestaba el modo de ser cachaco y no el frío de la altiplanicie, como los historiadores habrían creído.

Esto dije —y antes lo había predicho— hace rato:

“Si esas capturas son legales y el juez los manda a la cárcel, a los hermanos Vásquez —y de contera, sus compañeros de desgracia— no los salvan ni Mandrake . El destino de los indiciados está definido: será el suplicio o la entrega de la ciudad al poder central”. (Ver La Joya de la Corona I).

El desgobierno cunde en Cartagena. Ha sido peor la medicina que la enfermedad, y no es culpa de Sergio Londoño, alcalde encargado y no designado. Es una ficha que no sabe que es ficha. Y como politólogo lo podrá saber, pero no lo entiende. La Bestia es la que gobierna. Hasta corte de octubre, la ejecución presupuestal fue del 63%, y no hay forma de financiar los principales programas del plan de desarrollo distrital Primero la Gente en el período del presente año fiscal que finaliza el próximo 31 de diciembre. La Bestia se ha engullido todo el dinero, y para el 2018, la situación será peor. ¿Qué hacer?

Revoquemos a la Bestia

Los gobiernos que han predominado en Cartagena —desde la elección popular de alcaldes de (1986)— han respondido fielmente a los intereses de la Bestia y no a la ciudad. Con excepción de Carlos Diaz Redondo y escasamente Judith Pinedo, todos han sido una gran frustración popular. Incluso, en algunos esperábamos más, y nos frustraron, como fue el caso de Mariamulata que hizo mucho tilín tilín y de aquello nada. Su fracaso nos llevó a la elección de un hombre popular como Campo Elías Terán, quien —a su vez— fue inferior a la misión que le encomendaron 162 mil cartageneros. Y este fracaso nos llevó a otro fracaso: la elección de Manolo Duque.

Todos y todas nos preguntamos: ¿y ahora qué? ¿Quién nos salvará? ¿Algún nuevo payaso llegará? ¿Mandrake o el Chapulín colorado nos salvará? He aquí la esencia de esta reflexión.

¿Por qué fracasamos?

Fracasamos porque tomamos decisiones bajo el influjo de la frustración o de la indignación. Fracasamos porque somos inferiores al reto que la oportunidad nos brinda. Fracasamos porque nuestras emociones ciegan el pensamiento y la reflexión. Fracasamos porque somos inmediatistas, y solo nos interesa el beneficio inmediato. Fracasamos porque en nuestras decisiones políticas —que es el arte de servir— solo pensamos en nuestro beneficio particular y no público. ¡Por eso fracasamos!

Si nosotros pensáramos un poco sobre la suerte que vivimos hoy, y adoptáramos los cambios que son necesarios, en los próximos años viviríamos como príncipes. Pero no. Elegimos a los mismos con las mismas. Elegimos al mismo concejal, al mismo diputado, al alcalde que nos impuso el anterior, al parlamentario que me dio una orden de servicios o me pagó $50 mil, o el presidente que la Bestia me dijo. Por eso fracasamos en la vida personal y en la pública. Por eso fracasan las naciones, y las ciudades también.

Se nos ha dicho —sin confirmar, porque no tengo la carta recibida por el presidente Santos— que Manuel Vicente Duque renunció a la alcaldía. Si es cierto, ahora mismo no lo salvaría de la revocatoria ni de la destitución. Es una gran oportunidad para revocar —no solo a Manuel Vicente Duque— sino a la Bestia misma. La ciudadanía debe exigir el derecho a elecciones libres, ¡ya!

Cartagena puede ser laboratorio para un cambio profundo, depende de los mismos cartageneros y cartageneras. No habrá Mandrake ni Chapulín que nos pueda salvar. ¡Nosotros mismos nos salvaremos!

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.