La Joya de la Corona (IV): ¿Santos y la bancada parlamentaria hicieron de la alcaldía de Manolo un muerto insepulto?

El alcalde Sergio Londoño debe considerar este artículo un derecho de petición que debe responder en aras de respetar el derecho de participación.

Un muerto insepulto recorre como un zombi los vericuetos coloniales del palacio de la Aduana de Cartagena de Indias. Es la alcaldía de Manuel Vicente Duque y de cuya alma —el plan de desarrollo Primero la Gente— solo es un esperpento caricaturezco y un fraude a la voluntad popular.

¿Cuántas horas le dedicamos al estudio y a la discusión del plan de desarrollo en el concejo distrital de Cartagena en las famosas audiencias públicas donde me batí a debate limpio con la administración y con los concejales en representación de la fundación Vox Populi Corporación para que se incluyeran propuestas programáticas para los más necesitados? ¿Por qué no están ejecutando el plan? ¿Por qué todo está paralizado? ¿Qué están haciendo con los recursos que aportamos con nuestros impuestos? ¿Por qué la austeridad de Sergio Londoño Zurek funciona para los programas y planes sociales y no para la frondosa burocracia y los contratos abultados de abogados especialistas que están en la sombra y por fuera de la alcaldía y, sin embargo, manejan la oficina de jurídica y otras dependencias? ¿O acaso todo es un fraude?

Con la adición presupuestal que hiciera el gobierno nacional para entregarle al Distrito de Cartagena alrededor de $500 mil millones destinados al Plan Maestro de Aguas Pluviales, Protección Costera, construcción de la sede distrital de gobierno y otras obras de la Ley del Sitio, el presidente Juan Manuel Santos —seguramente en contubernio con la mayoría de la bancada bolivarense— le cavaron la sepultura a la alcaldía de Manuel Vicente Duque Vásquez. Ahora la convirtieron en un muerto insepulto. ¿Cómo? Vamos a explicarlo con una previa aclaración.

Los periodistas de investigación suelen poner al descubierto hechos que generalmente se quieren esconder. No escribimos con el deseo sino con los hechos analizados. Y si bien es cierto que en 2016 y durante la caída del edificio Portal Blas de Lezo II escarbamos algunos hechos que puso en cuestión la administración de Manuel Vicente Duque, el móvil que me guía no está mediado por un interés particular de perjudicar o favorecer al alguien en específico, sino de buscar una mejor realización de la administración pública, porque con un periodismo comprometido con la verdad se favorece a la ciudadanía en general.

La sepultura de Primero la Gente

En la foto, tomada sobre la transmisión cerrada, vemos a Manolo Duque de pie con camisa rosada.

La excavación de la tumba se fue forjando con sus salidas ligeras y pocos sostenibles, y con la inestabilidad de una alianza política que se hizo sin ninguna orientación programática. Aunque es un profesional del periodismo y de fácil comunicación, Duque Vásquez no tiene la experiencia ni la estructuración política e intelectual que el ejercicio del poder demanda. Y mucho menos la templanza para tratar a “un nido de víboras”, que es la cosa política en nuestro medio.

La primera vicepresidenta del senado, Daira Galvis, fue una de las parlamentarias que no estuvo de acuerdo que Manolo Duque presentara tutela para regresar a la alcaldía.

¿De dónde viene la tesis que se expone en este análisis? ¿Quiénes tienen la capacidad de intrigar en palacio para provocar un desenlace como el que se ha visto en la administración local? Existen dos agentes estratégicos regionales y locales que pueden lograr ese objetivo. Los parlamentarios y los gremios económicos de Bolívar. La gente del Palito de Caucho debe saberlo y discutirlo: Esos dos sectores dominan el poder político y económico de la ciudad.

La alcaldía de Duque estaba viviendo un momento aparentemente cordial con los dos sectores de poder estratégico de Cartagena. Recordemos que la Cámara de Comercio de Cartagena (CCC), cuya directora ejecutiva es María Claudia Páez, venía acompañando a la administración para sacar adelante los mega proyectos de ciudad. Igualmente lideró la reunión de parlamentarios, en la cual también estaban los conservadores y del Centro Democrático.

No obstante, sucedieron dos hechos que hasta ahora no han sido analizados, pero aquí queremos darle unas puntadas iniciales:

PRIMER HECHO. El grupo Gnecco Cerchar llegó a un acuerdo político con el exvicepresidente Germán Vargas Lleras con miras a las elecciones presidenciales. Esto implicaba dos cosas. La primera: Que en Bolívar José Alfredo Gnecco jugaría de local con la alcaldía de Manuel Vicente Duque, ya que José Julián Vásquez estuvo vinculado (2012) en el equipo de asesores de los Gnecco cuando el gobernador del Cesar era Luis alberto Monsalvo Gnecco, hijo de la matrona Cielo Gnecco Cerchar, hermana de Jorge, Lucas y Pepe, Clan que ha sido vinculado al contrabando y a la mafia política de La Guajira, Cesar y Magdalena. Llevaron el paramilitarismo a esa región, y uno de ellos fue secuestrado por otra vertiente de los paramilitares por una rivalidad de control territorial. Con la condena de Kiko Gómez Cerchar —perteneciente al Clan de los Gnecco Cerchar— y la caída de Oneida Pinto, debilitó al grupo en su propósito de expandirse a otros territorios diferente al Cesar. El poderío del grupo Gnecco amenazaba el control político de la bancada parlamentaria tradicional de Bolívar, puesto que dentro de la estrategia electoral están pensando apoyar dos candidatos a senado: Luis Alberto Gnecco (partido de la U) y un segundo que podría ser de la lista de Cambio Radical. Este hecho, amenazaba la supervivencia política de Daira Galvis y de alguna manera al senador Andrés García Zucardi, porque sin alcaldía pudieron poner en los pasados comicios cerca de 5 mil votos en solo Cartagena, con alcaldía se podría multiplicar hasta por seis. Con los votos en Bolívar en 2018 podrían aportarle al senado a los dos candidatos del clan y quedarse con un escaño a la cámara de los siete (7) que tiene Bolívar. La segunda, un acuerdo con Germán Vargas le restaría muchos votos en Cesar y Bolívar al candidato presidencial de la Unidad Nacional de Santos, cualquiere que fuese su candidato.

Senador José Alfredo Gnecco Zuleta, recibió de Bolívar la mejor cuarta votación, después de Cesar, Guajira y Magdalena.

SEGUNDO HECHO. La fuerza que hicieron los parlamentarios y los gremios económicos de Bolívar para conseguir que Santos y su ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría incluyeran en el presupuesto de 2017 las obras de Plan Maestro de Drenaje de Aguas Pluviales y Protección Costera, no se lo iban a entregar en bandeja de plata a los hermanos Vásquez y, de contera, a los Gnecco. “¡Marica el último!“, fue la expresión de uno de los asesores de un reconocido parlamentario. Entendiendo el vocablo marica como acepción de pendejo. (Aclaro esta expresión para no tener problemas con la población LGTBI).

Esa es la principal conclusión a la que se puede llegar luego de que algunos aliados de conveniencia de los hermanos Vásquez maquinaron ante el poder central la hipótesis según la cual ese dinero lo podrían utilizar para pagar la deuda electoral que el alcalde contrajo con sus financistas y, especialmente, con parlamentarios del Cesar. ¿Hasta qué punto esta tesis puede ser verdad?

Empecemos por decir que la real política que se ejercita en nuestro medio nada tiene que ver con la visión aristotélica del “arte de servir”. Nuestra política se reduce a la frase: “¿Y cómo voy allí?”.  A veces las cosas se inician sin un plan preconcebido, pero en la medida en que el proceso avanza y los intereses de grupos o personales chocan, la misma dinámica puede configurar un concierto para deponer a un mandatario. Pero para que esto suceda deben presentarse algunas expectativas que satisfagan o no a los aliados y no aliados políticos del mandatario.

Pero hay cosas fortuitas que suceden sin que nadie las haya previsto y se convierten en hechos desencadenantes que facilitan o truncan el acaecimiento de las cosas. Fue el caso de la caída del Portal Blas de Lezo II, que dejó al descubierto las tripas de la ilegalidad de la construcción en Cartagena y Colombia, y con ella también la caída de Manuel Vicente Duque y sus sueños de alcalde. Esto fue en la fatídica mañana del 21 de abril cuando nos enteramos poco a poco de la gran tragedia donde perecieron 21 compatriotas y otros 22 resultaron heridos. Con la mano en el corazón visitamos el escenario de la tragedia y nos preguntamos, ¿por qué este tipo de hechos siempre afecta a los más pobres de la sociedad?

A menos de un mes de haber ocurrido la tragedia, (17 de mayo de 2017) la Procuraduría General de la Nación (PGN) a cargo de un animal político y componente del Triunvirato Santista, Fernando Carrillo, decide abrir investigación preliminar y suspender provisionalmente por tres meses al mandatario local. Mientras tanto, la Fiscalía investigaba el caso de la contralora en cuya elección se cometió un burdo error jurídico y político: elegir ilegalmente a Nubia Fontalvo en la contraloría Distrital. Fue incluida forzosamente en la terna sin que hubiese alcanzado el puntaje (80%) requerido para integrarla. Ese acto de elegir a la Fontalvo —que buscaba darle gobernabilidad y protección al mandato de Manuel Vicente Duque— fue la causa directa de su desgracia política. Una cosa es que te suspendan por causas políticas o disciplinarias, y otra es que te desgracian la vida encarcelándote por un problema penal grave: concierto para delinquir agravado. A Manolo Duque le sucedió las dos cosas.

Mientras tanto, Andrés Felipe García Zucardi (Juancho García y Piedad Zucardi, los dos incapacitados para hacer política) fortaleció su lazo de amistad -como si fuera un matrimonio de conveniencia- con la senadora Daira Galvis. Los dos unieron fuerzas. Mientras Juancho García podía llamar a palacio y hablar con el sanedrín santista que le habla al oído al Presidente, Daira Galvis era la Primera Vicepresidente del senado con suficiente fuerza para negociar con el Triunvirato. En tanto que Manolo Duque no tenía a nadie que abogara por él, puesto que los Gnecco estaban enfocados en cómo preservar su propia existencia debajo de las alas de exvicepresidente Vargas Lleras. O sea, no tenía fuerza para neutralizar las intrigas palaciegas ni tampoco para evitar el zarpazo del fiscal general, Néstor Humberto Martínez. Es decir, Manuel Vicente Duque quedaba —como lo expliqué en el artículo ¿Regresará Manolo Duque a la alcaldía?— en una situación difícil y de debilidad manifiesta, lo cual hace improbable su regreso al sillón de la Plaza de la Aduana. Y para explicar esta tesis, me remití a tres razones que hoy la historia me ha dado la razón:

  1. No cuenta con un liderazgo popular que obligue a las autoridades disciplinarias obrar en derecho y no con interés político, como sucedió con Petro.
  2. Estamos en un momento donde las diferentes fuerzas políticas se acomodan para enfrentar un año electoral donde se deben definir congreso y presidencia de la República. Por tanto, tener la alcaldía de Cartagena es un plato fuerte para los congresistas que no están en el pudín burocrático de la alcaldía.
  3. Los círculos de contrapoder que Manolo tiene [y que cantan (haz clic) Quitate tú pa poneme yo], hacen fuertes lobby ante la Procuraduría para que la suspensión de Manolo Duque termine con una inhabilidad que lo saque definitivamente de la alcaldía. Aunque no le prorrogaron la suspensión provisional que finalizó el 10 de octubre, el alcalde y su hermano son ahora dos palomas indefensas.

El 22 de mayo dije en ese escrito textualmente:

“No podríamos descartar una investigación de la Fiscalía contra Manuel Vicente Duque sobre el caso de la tragedia de Blas de Lezo, como sucedió con Petro sobre el tema de la basura. Si el fiscal halla dolo (voluntad de causar un daño o hacer fraude) en los cambios que hizo la administración sobre las facultades del manejo del control y vigilancia de las construcciones, la situación se le agravaría a Manolo Duque. Con Petro, el fiscal dijo que no había dolo en la toma de sus decisiones administrativas sobre el manejo de las basuras”.

¡Manolo se va! Solo Santos lo salvará o un juez que no esté presionado por el Triunvirato. El presidente le puede mandar un salvavida. ¿Le interesa a Juan Manuel Santos salvar de la desgracia a Manuel Vicente Duque en un momento donde necesita los votos de los parlamentarios bolivarenses para concluir elegantemente su mandato y poder incidir en la coyuntura electoral de marzo y mayo de 2018? Aunque Santos lo quisiera, dependerá del vaivén de las elecciones de marzo y de mayo del año entrante. Ahora se encuentra muy ocupado con sacar adelante todas las iniciativas para implementar los acuerdos del proceso de paz.

La sepultura de la alcaldía de Manuel Vicente Duque Vásquez está hecha. Mientras el “muerto respira” —como lo dije en una oportunidad— hay vida, Manolo todavía no ha muerto políticamente hablando. Si el 7 de noviembre el juez del proceso penal lo manda a la casa y con permiso de trabajar, podría regresar a la alcaldía, y solo esperaría que en el proceso disciplinario Fernando Carrillo se apiade de él Y NO LO INHABILITE. ¡En política puede suceder todo!

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.