La Cartagena del Despeluque (5): ¡Los costeños somos grandes! ¿Te lo crees?

Ilustración de Erick Ortega sobre el demonio Buziraco. (Cortesía).

Cuenta la historia popular que hace 200 años (1837) en un pequeño poblado del suroccidente de Colombia (Cali) cayó una maldición sobre sus 37 mil habitantes, porque fue un año de terror, plagas, hambre, enfermedades y muerte. El diagnóstico: El demonio Buziraco se había trasteado de Cartagena de Indias a Cali. O sea, que los costeños eramos los culpables, porque toda la maldad procedía de La Heroica.

Y esa maldición se propagó por toda Colombia…

Pero la maldición está impregnada en la mente colectiva de un pueblo que solo piensa en el beneficio particular al momento de tomar la decisión más importante para un país o una ciudad: Elegir a sus gobernantes. ¿Eres capaz de darle las llaves a Buziraco para que administre tu casa? Ahora me responde que no. Pero , ¿por qué lo haces periódicamente? El próximo año debemos elegir presidente, congresistas y, los cartageneros, un nuevo alcalde. ¿A quién le entregarás las llaves? ¿A Buziraco?

Dos frailes franciscanos  —que habían llegado de Ecuador— sentenciaron a los cuatro vientos con misas cantadas y de espaldas, que lo que se estaba viviendo era la Maldición de Buziraco que había llegado de Cartagena. Por lo tanto, se debía hacer un exorcismo de tres cruces, y no una cruz como lo hizo el loco fraile de la comunidad Agustinos Recoletos, Alonso de la Cruz Paredes, en el cerro de La Popa, que —como lo dije en la anterior entrega— a los españoles les pareció el culo de un enorme navío en las alturas de la ciudad fundada por Pedro de Heredia.

Cartagena, cuna de la libertad

Buziraco en el centro de Cartagena. Ilustración de Erick Ortega.

Hece 20 mil años, cuando llegaron los primeros pobladores al continente americano, esto era un paraíso. Hace 517 años lo seguía siendo. Cartagena era una isla donde había muchos cangrejos y demás crustáceos. Por eso se llamaba Calamarí, perteneciente a los indios Karib. Parecía que el tiempo no pasaba. Hasta cuando en 1502 Rodrigo de Bastidas pasó por la costa y bautizó a nuestra bahía con el nombre de Bahía de Cartagena. Luego, en 1533, llegó Pedro de Heredia y bautizó la isla como Cartagena de Indias con el fin de diferenciarla de la ciudad española de Cartagena, nombre que viene de “Cartago Nova”. Heredia llegó acompañado de una nativa a quien los españoles rebautizaron como Catalina, versión nuestra de La Malinche. Y con la venida de los barbudos, llegó la maldición y la profecía se hizo realidad.

El pueblo de Cartagena insiste en buscar una solución a la maldición. Ser libres de toda anatema. Cuando en 1552 un incendio acabó hasta con la última casa de los españoles y el último bohío de los indios, resurgió una ciudad esplendorosa y vital para los intereses de la Corona Española. Y se convirtió en la Joya de la Corona.

Luego llegaron los ingleses, franceses, holandeses, belgas y portugueses a apoderarse de la Joya de la Corona. Pero no pudieron. Pagaron su derrota con la muerte y la humillación, como en aquella épica batalla liderada por el español Blas de Lezo y Olavarrieta, un hombre de media estampa.

La maldición se ha expandido por todo el país. Y a través de la historia han surgido héroes que han querido acabarla, pero han terminado siendo víctimas de la misma maldición. Cuando echamos a los españoles, nos pusimos a pelear entre nosotros los criollos divididos por dos banderas: centralistas y federalistas.

Un día (8 de abril de 1880) llegó un cartagenero a regentar los destinos de Colombia y todo cambió. La maldición desapareció por muchos años, pero luego fue arruinado todo por la Guerra de los Mil Días. Este héroe se llama Rafael Wenceslao Nuñez Moledo, más conocido como Rafael Nuñez. El país estaba en ruinas, destrozado y humillado. La sociedad colombiana y venezolana no tenía brújula y sobraban los brujos. Más de 9 guerras civiles habíamos soportado, y muchísimos muertos habíamos puesto. La economía era mísera. No había infraestructura. No habíamos construido nación. La República estaba arruinada, dirigida por una clase política cachaca que solo pensaba en sus intereses particulares y locales, pero no en construir nación.

Nuñez y su movimiento de Regeneración construyó los símbolos patrios (Himno Nacional, la Bandera, el escudo, etc.) y resignificó la política. En 1886, creó una nueva Constitución Nacional con el lema “centralización administrativa, descentralización política”. Más que un juego de palabra, era toda una filosofía. Creó un banco central y le llamó Banco Nacional. El patrón monetario dejó de ser el oro y le puso valor a los billetes y le llamó pesos. Impulsó la navegación a vapor y la expansión del ferrocarril y se dio vida a las exportaciones de otros productos diferentes a la minería, como café. Por primera vez el río Sinú fue navegado por barcos a vapor y le trajo vida a esos pueblos ribereños. Inició la construcción del Canal de Panamá. Y colocó a nuestro país en un plano internacional sin igual, hasta el punto que fue mediador en la guerra del pacífico en la Conferencia Iberoamericana de Panamá. (Te recuerdo, Panamá y Venezuela eran territorios de Colombia). Estados Unidos de América nos respetaba y nunca nos humilló, hasta cuando llegaron los cachacos al poder. Y Cartagena volvió por sus fueros. Era la ciudad más importante de esa época de la Regeneración, hasta el punto que Nuñez se trajo la sede del gobierno. Y Soledad Román —su compañera— se puso feliz.

Y, entonces, cachacos y costeños eramos felices. Gracias a la Constitución de Nuñez, Antioquia se expandió, y en el pacífico nació Valle del Cauca, desprendiéndose de la tiranía de Popayá. Cali pasó a ser lo que hoy se conoce como la Sultana del Valle.

¿Que los costeños somos corruptos y malos administradores? La historia nos dice que hemos sido grandes en la política y la economía, pero no lo creemos, porque desconocemos nuestra propia historia. ¿Que solamente nos destacamos en las artes y, especialmente, en la música? ¡Falacia! Nos destacamos en todo. La industria nació aquí y el comercio floreció aquí. ¡Los costeños somos grandes! La grandeza costeña es tan inmensa que nuestra participación en las guerras, siempre se inclinó por una causa justa, como fue la lucha por la independencia, la cual surgió —¡quien lo creyera!— en los arrabales de Getsemaní.

La próxima vez que los cachacos te digan que somos los más corruptos, no te enoje. Ellos solo conocen la historia política reciente, la de los Char, Daes, los Noños, el Turco Hilsaca, la Gata y un largo etc. Ellos no conocen la historia que nos hizo grande en la region Caribe, que hizo grande a todo un pueblo, a Colombia, Venezuela y Panamá. ¡Somos grandes!

La nueva historia está por escribirse, y tú la escribirás ¿Te lo crees?

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.