San Pacho (I): Una guerra de pandillas que ni el papa acabó

Adolfo González Arzuza, 35 años, celador del parqueadero Wenceslao, el primer muerto de la nueva guerra entre Wenceslao contra los Trikinai, el 16 de agosto de 2015. Se sindica a alias Pico.

En San Francisco cualquier joven —que esté dando malos pasos en su vida o que lo confundan con algún bando rival— cruzar una calle o estar en la esquina equivocada, podría significar una sentencia de muerte.  

Niño Malo es un joven que habita la zona aledaña a la Ciénaga de La Virgen en San Francisco (San Pacho), y es uno de los miembros más dinámicos de la pandilla “Los trikinai” (viene de la marca Nike), los zapatos apetecidos por los jóvenes que originaron el grupo. Hoy, esta pandilla está enfrentada en una guerra sin cuartel contra los Wenceslao, jóvenes que dominan la cuadra frente a la esquina del Wio. Aquí está la calle principal que demarca una de las fronteras invisibles que, cruzarla, le puede significar la muerte a un joven determinado.

Llegar a San Francisco, barrio ubicado al nororiente de Cartagena de Indias, es encontrarse con la otra Cartagena, la del rebusque, el vacile y el despeluque. Pero también la Cartagena marginada, tiznada de olvido, la niñez macilenta, jóvenes perdidos en la adicción a la droga y a la violencia, sin oportunidades de un buen vivir. 

¿Cuál es la causa de la proliferación de pandillas en Cartagena que pueden llegar a 92 identificadas por la Secretaría del Interior del Distrito? ¿Por qué han pasado de ser jóvenes en riesgos a pandilleros? Los eufemismos no sirven para diagnosticar objetivamente los problemas, porque los enmascara. El modelo de ciudad que se ha construido en Cartagena —como en casi toda Colombia y América Latina— impide el desarrollo cabal de los individuos y de la colectividad. Se invierte más en el cemento que en la gente. El cemento les deja plata a los financistas de campañas electorales, pero una persona formada y desarrollada puede ser una persona libre, lo cual no es un buen negocio para los defensores del modelo de ciudad dominante que no tiene como centro al ser humano. 

Niño Malo (Trikinai) fue uno de los que firmó el pacto de paz con Dany Ramón Puello el 15 de junio de 2016, un año después de la guerra, que representó a los Wenceslao, a solicitud del hoy exalcalde Manuel Vicente Duque Vásquez. Pero la paz de las pandillas duró lo que dura un mango biche en la puerta de un colegio. La buena intención de Manolo terminó con nuevos encuentros violentos, nuevos muertos y nuevos heridos. Solo la llegada del papa Francisco permitió un respiro, pero luego el 9 de octubre de 2017 se reactivaron los hechos. Una menor resultó gravemente herida por una agresión a balas propiciada por los trikinai. El 11 de noviembre se produjo otro ataque dejando como saldo un joven de los Wenceslao asesinado.

La solución de la fiebre no está en las sábanas. ¿Cuál es la solución? Cambiemos el modelo de ciudad desarrollista por un modelo humanista. Esta sí es la solución para evitar la degradación social de la juventud como está ocurriendo en Cartagena, Barranquilla y en cualquier ciudad latinoamericana.

El estallido de una guerra 

Familiares residentes en el sector Wenceslao, de San Francisco, protestan ante la alcaldía de Cartagena solicitando medidas de protección y acción urgente para detener la guerra de pandillas. Ellos dicen que no son pandillas sino victimas de los Trikinai.

La guerra estalló cuando el 15 de mayo de 2015 una joven que habita en la cuadra de los Wenceslao fue atracada frente a la esquina caliente del Wío por unos pelaos pertenecientes a los Trikinai que le quitaron un celular y la maltrataron. Frente a esta agresión, dos jóvenes de los Wenceslao salieron a buscar a los atracadores. Los encontraron y se produjo el primer choque. Uno de los Wenceslao salió chuzado por la espalda y fue internado en la clínica por 20 días, ya que le comprometió el pulmón. 

Así lo narra la víctima, Nacho (nombre cambiado): 

“Cuando lo encontramos, el Yoya me dijo que me iba a pegar un tiro (disparo de bala), yo le dije ‹mi hermano tu verás, ese es problema tuyo›, y entonces los demás nos atacaron a piedras, porque me pegaron hasta en la cabeza. Fue entonces cuando voy caminando y de espalda siento el puyao; le digo al primo mío, con el que yo venía, ‹vete que ya estoy cascao, ya me pegaron una puñalada, ya estoy puyao, vete, vete›. Yo venía caminando normal, después no quién les avisó a los familiares míos, que salieron y me llevaron a la clínica. Y se produjo un enfrentamiento, hasta una tía mía le arrebataron todo acá”.  

Esa fue la primera batalla de la guerra de unos pelaos que no saben por qué pelean, por qué se matan, si tanto los unos como los otros sufren los mismos problemas: pobreza, abandono estatal, hambre, drogadicción. Son jóvenes prisioneros en sus propios territorios, pues viven encajonados por la violencia. Si, son zonas sitiadas por una pobreza absoluta que para ellos pareciera que fuera algo normal. Un día es igual al otro día, la misma rutina: Los Trikinai a buscar en la olla su provisión de droga, y si no tienen plata, salen a atracar, según dicen los Wenceslao. Pero hay dos problemas que exacerban el problema: el microtráfico y las bandas criminales. (Tema para otra entrega).

¿Por qué pelean? No saben responder, solo se limitan a justificar la respuesta violenta que dan a las agresiones del bando contrario. Sus mentes están alienadas, y sus almas son controladas por el patrón mental de la violencia que es determinada, a su vez, por la pobreza mental. Son jóvenes que —en su mayoría— no tienen futuro, así como la generación de sus padres o de sus abuelos. Lo preocupante es que, en cada familia de San Pacho, hay un pelao que está metido en la drogadicción o pertenece a alguna de las pandillas que patrullan sus propios territorios, como lo reconoce Manuel Meza, trabajador social, ex funcionario del Distrito de Cartagena y residente en el barrio. Los Pensionados, los Wenceslao, Trikinais, los de Calle Oriente, tomaron la bandera de la maldad de sus antecesores: Los de Rincón Guapo, los de Las Lomas, etc. 

El entonces alcalde de Cartagena de Indias, Manuel Vicente Duque y su secretario del Interior, Fernando Niño Mendoza, hicieron que las dos pandillas firmaran un acuerdo de paz el 15 de junio de 2016. El Distrito se comprometió a realizar una intervención con unidades productivas, empleabilidad y asistencia psicosocial, la cual se cumplió parcialmente, ya que su abordaje no obedeció a un estudio sistemático del comportamiento social de los jóvenes y de las características de los grupos enfrentados. 

Es cierto que el Distrito en varias oportunidades ha intervenido a estas pandillas con unidades productivas, talleres y cursos de adiestramiento en diferentes oficios, y empleabilidad. A algunos los han vinculado a empresas, como ocurrió con dos jóvenes de los Wenceslao. Pero los resultados son deficitarios. En el caso de la pandilla de los Trikinai son negativos, porque de las 7 unidades productivas entregadas a jóvenes como Niño Malo, hoy solo quedaron con una y es probable que tampoco exista. Diferente ha sido el resultado de los Wenceslao, donde en su mayoría se mantienen las unidades productivas. 

Esta es una guerra que ha dejado un saldo de 5 muertos, más de 10 heridos, varios de ellos lisiados, otros en la cárcel y otros huyendo. 

La guerra de San Pacho solo aparece en los periódicos y noticieros de radio amarillistas cuando hay muertos o heridos. El Distrito ha desarrollado un conjunto de actividades para acabarla, pero sin rumbo fijo. El problema no se resuelve con unidades productivas y acciones psicosociales ocasionales. Aquí se necesita una intervención integral, multidisciplinaria y sistémica. 

Niño Malo tiene brazalete electrónico no precisamente por ser un buen muchacho. Pero esto no le ha impedido seguir con sus travesuras. Él se queja del Distrito, pero la administración también ha dicho que Niño Malo debe hacer mucho por convertirse en un niño bueno como cuando lo fue en aquella época en que asistía a clases en el colegio de su madre, la seño Mayo, y no consumía vicio ni tampoco estaba imbuido en la violencia. ¿Cuál será el futuro del hijo de Niño Malo? ¿Será la misma historia de su padre? ¿Cambiará el curso de la vida? 

Próxima entrega: ¿Qué dicen los líderes sociales de San Pacho? 

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.