Cuando el pequeño tirano pretende silenciar al periodista, el poder de la palabra surge como saeta libre hacia la verdad

Alfonso Turco Hilsaca. Foto tomada de El Tiempo.

¿Por qué razón unos pocos quieren silenciarme, callarme, o exterminarme? ¿Qué mal les he hecho para que tengan deseos homicidas, prédicas apologéticas al crimen y quieren que yo desaparezca de la faz de la tierra o del periodismo? La verdad es que simplemente ejerzo mi derecho de investigar, de escarbar y publicar sin ánimo de perjudicar a nadie. Es el ejercicio libre de mi profesión como periodista, de  la misma manera como el abogado o el médico lo hacen. Colombia es un país democrático y por ningún lado la constitución nacional permite la censura a la prensa.
Pues bien, Alfonso del Cristo Hilsaca Eljadue —el popular Turco— es un empresario que se siente afectado por el poder de mi palabra, y por esa razón interpuso una acción de tutela para silenciarme. Y la noticia (¡oh sorpresa!), la juez Primera Penal Municipal, Marinela Guerrero Bermejo, ordenó silenciarme con la sentencia No 2017-0237-00:
“Ordenar que el señor EDISON LUCIO TORRES,  que dentro de las 48 horas siguientes al recibo de la comunicación que le notifique lo aquí decidido, proceda al retiro de las imágenes y el mensaje publicado en el perfil de Facebook de la la demandada y de la página web, ordenándose además que el señor Edison Lucio Torres realice una rectificación o el ofrecimiento de disculpas al afectado, según sea el caso, bajo las mismas circunstancias  en la que se difundió el mensaje vulnerador”. (Fiel transcripción del numeral segundo de la parte resolutiva).
Sin embargo, el proceso está viciado de nulidad. La juez cometió varios yerros jurídicos elementales. Por ejemplo, no me notificaron. La sustanciadora de la tutela, Teresa Castro Mogollón me comunicó por Messenger y solo me vine a enterar cuando ya tenían la sentencia redactada. Segundo, para que se produzca una rectificación deben existir dos premisas: El afectado debe solicitar la rectificación, y si el periodista no tiene cómo sustentar lo informado, debería rectificar de inmediato. En este caso no sucedió ninguna de las dos premisas. Ni Alfonso Hilsaca me solicitó la rectificación, ni lo que yo informé fue infundado. Todo lo que he publicado sobre el destacado empresario de la depresión momposina —¡mi tierra!—es la purita verdad, la cual está debidamente sustentada. En los escritos no hay un solo adjetivo descalificativo de su buen nombre. He utilizado el sobrenombre Turco, porque así lo conoce todo el mundo.
Ahora bien, el buen nombre es una construcción social donde los individuos gozan de una buena o mala fama, según su propia conducta. A Hilsaca no lo han condenado por ningún delito. Yo no he dicho lo contrario, lo que he dicho es que se encuentra en varios procesos penales que próximamente la Fiscalía deberá resolver, ya sea a favor o en contra. De igual manera que ejerce un poder omnímodo en Turbaco, Cardique, EPA, tiene inversiones en el centro histórico de Cartagena, muelles privados, concesión en alumbrado público, millonarios contratos con el Distrito, y con aproximadamente 15 municipios donde tiene concesionados varios servicios públicos. Hablar sobre su poder económico y político, el financista electoral, su pasado non sancto, sus procesos penales y cómo amasó su gran fortuna, me llevaría a escribir un libro de 400 páginas con el título: “Hilsaca, el pequeño tirano que ordena silenciarme”. Sería un libro que lo vendería como mango biche en la puerta de un colegio femenino. ¡Un gran negocio! Vendería 10 mil ejemplares con un costo superior a $50 mil. Si se agotó la primera edición de ¿Adiós a la guerra? Cinco claves para la paz, cuyo ejemplar cuesta $60 mil, ¿cómo no se agotaría una edición especial del libro sobre la vida y obra de Hilsaca? ¿Lo mandaría a sacar de circulación con un juez amigo? ¿Lo quemaría como en la época de los tiranos? ¿O quemaría a su autor por hereje, como en el medioevo?
Por lo menos a Hilsaca se le dio por utilizar un juez para silenciarme y no ordenar a dos o tres manes tablúos que le rodean para que me mataran y, por tanto, me silenciaran para la eternidad. Eso de por si, ya es un avance. Ahora se coloca en posición de víctima que utiliza los estrados judiciales para defender sus derechos fundamentales que presuntamente yo le estoy vulnerando con las publicaciones realizadas en esta plataforma digital de luciotorres.co. En otros tiempos, —menos mal— probablemente la situación fuera diferente. O como lo quiso hacer el pastor Arrázola, quien si no hubiera nacido de nuevo como cristiano, “desde hace rato me hubiesen encontrado ahogado en la Cienega de la Virgen”. O como hizo el Gatico Jorge Luis Alfonso —exalcalde de Magangué condenado a 29 años de cárcel— quien mandó a matar a Rafael Prins, porque le sacó los trapitos al sol al robarse los dineros de la salud de los más pobres de Magangué.
Pero sepan una cosa: En cuatro oportunidades han querido matarme. Casi lo logra el Mono López cuando fue alcalde de Montería (1988) a quien investigué por ser autor intelectual de la masacre de El Tomate, corregimiento de Montería, al financiar a los primeros grupos paramilitares de la zona y fue quien llevó a los hermanos Castaño para que supuestamente erradicaran la plaga de la guerrilla de la zona. Luego de ser gobernador de Córdoba (2001-2003), la Corte Suprema de Justicia lo condenó a 7 años de prisión por haber comprobado que fue uno de los padres del paramilitarismo de Córdoba. Cuando fuí a Montería, López me mandó dos matones suyos armados de metralletas que no alcanzaron a cumplir su cometido porque la policía uniformada llegó para protegerme. Desafortunadamente, Jesús María López murió y no alcanzó a pagar la pena. (Los que están interesados en conocer los resultados de la investigación, pueden leer mi libro ¿Adiós a la Guerra? Cinco claves para la paz).
Abogada y socia

Karem Margarita Pareja Eljadue en fiesta de cumpleraños en un hotel Boutique del Centro Histórico de Cartagena.

En aras de la objetividad, analicemos el caso concreto que nos propone Hilsaca a través de su joven abogada, Karem Margarita Pareja Eljadue, especialista en derecho Administrativo y Gestión en Servicios Públicos Domiciliarios. En mi rápida investigación, me encuentro que Pareja Eljadue —además de bella y de tener un cuerpo disruptivo— es una joven abogada que viene escalando posiciones y cosechando victorias seguramente con el amparo de Hilsaca Eljadue. Primero, quiero señalar que ella concursó en el poder judicial de Cartagena y Bolívar.  ¿Adivinen? Pasó y fue admitida. Hizo parte de la lista de admitidos al lado de jueces, oficiales mayores y sustanciadores  municipales de Cartagena. ¿Tal vez es por eso  que su litigio es exitoso? La sala administrativa del Consejo Seccional de la Judicatura de Bolívar la incluyó en dicha lista mediante la resolución No 117 del 4 de octubre de 2006.

 Pero la bella Pareja Eljadue no solo es la abogada del Turco sino también su socia en varios de sus negocios. Son negocios propios de la dinámica económica de uno de los contratistas, cuya grandiosa fortuna la ha hecho con los contratos estatales. Algunos expertos —consultados por este periodista— manifiestan que su movimiento económico puede llegar a $2 billones y que ello le deja ganancias netas de más de $60 mil millones al año. Es un hombre próspero. ¿Cómo hizo esa fortuna? La revista Dinero dice que en la sola concesión de alumbrado público, la transacción es de $1.5 billones de pesos.  Si le metemos todos los negocios en Turbaco, Magangué, El Carmen de Bolívar, Cartagena, etc. y que medio Getsemaní es de él, esos $2 billones pasaron por allí. El Departamento Nacional de Planeación (DNP) halló que en algunos municipios deben pagar $1.5 millones por mantener un bombillo encendido, lo cual le causa un detrimento patrimonial a los municipios empobrecidos de la región Caribe. La región de los Llanos es la que registra el menor promedio de costos de alumbrado con $78.389 pesos por luminaria y la del Caribe presenta el mayor promedio con $384.942. ¿La fiscalía ha investigado estos casos? ¿Dónde está el bolsillo de cristal?
Karem Pareja Eljadue, no solo es abogada de Hilsaca es su socia. Por ejemplo, es suplente en juntas directivas de algunas empresas del Turco. De acuerdo al libro No 09 de septiembre de 2016, en documento privado del Registro Mercantil de entidades con Ánimo de Lucro, aparece:
“La empresa URBANIZADORA Y CONSTRUCTORA PALMA DE INDIAS S.A.S, la Junta Directiva está integrada así: Principales: Alfonso Hilsaca Acosta, Gabriel Elías Hilsaca Acosta, Carlos Alfonso Franco Delgado, Santiago Uribe Largacha, Hermann Alfonso Ujueta Smit, Manuel Guillermo Vives González. Suplentes: Alfonso del Cristo Hilsaca Eljadue, Melisa Andrea Hilsaca Acosta, Karem Margarita Pareja Eljadue, Nicolás de Jesús Hilsaca Acosta, Marco fernando Galvis Quintero, Daniel Eduardo Vives de Andreis. El gerente de esta empresa es  Santiago Uribe Largacha y su suplente es Hermann Alfonso Ujueta Smit“.
¿Puedo presentarle otros casos? Si, claro que sí. Esto apenas es la baba del toro, como dicen los manteros de la sabana de Sucre. ¿Es verdad o es mentira lo que digo? Señora juez, no se si la asaltaron en su buena fe o la hicieron incurrir en ese yerro, pero lo cierto es que no cabe otra decisión sino la declaratoria de nulidad de dicha tutela por vicio de indebida notificación, ya que se me ha violado el derecho fundamental a la contradicción, al debido proceso.
Si se calla el periodista, calla la verdad, porque la verdad nos hace libres. Pero en la Era Digital, el periodismo se ha revolucionado, yo mismo me he sorprendido en este año de 2017 con un periodismo disruptivo que la mayoría no entiende.¡El periodismo ha cambiado! Ahora lo que vale es la credibilidad, porque en internet el 90% es pura mentira y basurita ciberespacial, y por eso no publico si no tengo la certeza de lo que escribo. Señor Hilsaca, si usted cree que le he difamado y calumniado, por favor, solicite la rectificación. Pero usted no lo hace por una de estas dos cosas: O prepotencia, porque cree que con su dinero lo puedo todo; o, porque en el fondo, sabe que lo dicho es verdad.
Cuando el pequeño tirano pretende silenciar al periodista, el poder de la palabra surge como saeta libre —como un puñal encendido— hacia la verdad. ¡He dicho!
Nota: ¡Urgente! Compartan este artículo antes que los duendes extraños me saquen de circulación.
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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.