Festival Internacional de Música: El gusto por la forma es una opción para domar a La Bestia interna

Julia Salvi, el espíritu del Festival Internacional de Música de Cartagena.

Cartagena de Indias huele a historia, y también a música. En la ciudad más caribeña de la Cuenca del Caribe se escuchan sonidos que le dan un toque especial a la música clásica y a la vernácula, y a las artes, en general. Y como La Bestia también tiene predilección por el buen gusto, en los 12 años del Festival Internacional de Música de Cartagena —este movimiento cultural— se erige como patrimonio inmaterial para domar a los demonios internos que llevamos dentro. ¿Demonios?

¿Qué podría sentir Adolfo Hilter, quien probablemente —mientras las tropas aliadas penetraban en su búnker— escuchaba a todo volumen “El ocaso de los dioses”, (1878) del compositor integral Richard Wagner? ¿Hitler dominaría su bestia interna con esa música que tanto furor causó en los espíritus desbocados de la época en que soñaban con la Gran Alemania y que Wagner plasmó en la ópera de Sigfredo basada en la mitología germana? ¿Fue el preludio de su muerte y de su derrota definitiva de conquistar el mundo y abrir el entendimiento que se debe vivir en paz y lejos de la guerra? ¿El ser amante de la música wagneriana le alimentó su bestia o se la domó en el ocaso de su imperio y de su vida? Pero la música no tiene color político o ideológico. La música tiene forma, textura, estética, mucha estética. No tiene precio, busca su independencia de la dictadura de la economía y de las intenciones políticas. Aunque el arte es el reflejo de la economía, busca su autonomía. Por eso, cuando se habla de música comercial se puede considerar como un producto para el consumismo y no para alimentar al espíritu. El día en que la música clásica deje de ser alimento del alma, ese día se convertirá en un instrumento vil del enriquecimiento y del poder. En este sentido, podríamos decir que la economía debe ser puesta al servicio del arte y no viceversa.

Y es Julia Salvi —heroína de la música clásica en  el Caribe— quien está poniendo la economía al servicio del arte, haciéndole entender a empresarios y gobernantes que invertir en la buena música es desarrollar una sociedad ávida de manifestaciones espirituales, que para el siglo de la Era virtual, los sonidos se hacen inconfundibles cuando proceden de la unión del humano con los instrumentos que también son resultados de la mano humana. Julia tiene un gusto por los detalles, por la forma, sin descuidar su contenido. Al final, forma y contenido deben ir de la mano con armonía y translucidez para producir el efecto en los espíritus indomables y calentar a los espíritus dormidos. Salvi, dice:

“Escogiendo el tema, el director general del festival (Antonio Miscená) decidió llevar un programa estilo clásico de 1700 a 1800 (Haydn, Beetoven, Mozart) que es una música sublime, bella, estilo clásico. Es una marca distinguida del festival. El tema de los compositores y de los artistas que se escogen para interpretar esas obras, el repertorio, todo es escogido minuciosamente”.

El gusto por la forma del festival es diciente por el repertorio que tiene para la duodécima versión y los artistas programados: Münchener Kammerorchester y su director Clemens Schuldt; los pianistas Rudolf Buchbinder, Martin Stadtfeld y Aaron Pilsan; los chelistas Mario Brunello y Julia Hagen; la Kölner Akademie y su director Michael Alexander Willens; el Schumann Quartett y la violinista Antje Weithaas.

Representando a nuestra patria Colombia, el Festival contará con la presencia, entre otros, de dos leyendas del piano, Blanca Uribe y Teresita Gómez; el joven chelista Santiago Cañón Valencia; la Filarmónica Joven de Colombia (un proyecto de la Fundación Bolívar Davivienda) bajo la dirección del jamaiquino Andrew Gourlay; el ensamble Palos y Cuerdas; el Cuarteto Agile; y jóvenes cantantes. Podemos destacar de otra región de América Latina la participación del gran pianista Nelson Freire y del Quinteto de Alientos de Ciudad de México. (Ver la programación).

En la rueda de prensa dirigida por María Camila, observamos al director general del festival, Antonio Miscená; a la directora del IPCC, Bertha Arnedo y al alma del festival, Julia Salvi.

Quiero destacar que este festival no solo está dirigido a la élite colombiana. También puede participar gratuitamente el cartagenero o cartagenera que quiera y adquiera los boletos de entradas gratuitas (12 concieertos) que se distribuyen en el Teatro Adolfo Mejía. Aunque algunos se rebuscan adquiriendo más de un boleto —valiéndose del ingenio del nativo— y luego lo venden a los turistas deseosos de ver un concierto que está a la altura de los mejores del mundo.

Por estos días, La Bestia esta escondida en cualquier rincón de La Heroica. Si bien es cierto que huele a marisco podrido, a elecciones, también a miel e incienso que anuncia la Navidad y el Año Nuevo.  Igualmente huele a música que perfuma el ambiente colorido de una ciudad que resiste los sitios de aquellos que la quieren someter.En la rueda de prensa donde presentaron el festival, estuvieron el director Antonio Miscená, Bertha Arnedo (direrctora del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena- IPCC) y Julia Salvi.

La duodécima versión del Festival Internacional de Música de Cartagena sigue revolucionando el espíritu indomable del Caribe con su majestuoso repertorio y una vuelta por los mejores gustos: la textura de la música excelsa. Y yo estaré en primera fila viendo los principales conciertos donde está el espíritu vivo de Haydn, Mozart, Beethoven, y de los 25 personajes revividos por la imaginación estética de la artista visual Ruby Rumié. Y la autora intelectual de este Sitio Musical (tambien hay sitios buenos) es la inigualable, Julia Salvi, una mujer apasionada que convenció a Bruce McMaster, para que se sumara a esta fantástica empresa del Festival. No fueron las palabras de Julia sino su pasión de convertir a La Heroica en la sede del mejor festival de música de América Latina y uno de los mejores del mundo.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.