¿Qué pasa en Telecaribe? (2) ¡Libertad de prensa y libertad de empresa!

La decisión administrativa del gerente de Telecaribe, Juan Manuel Buelvas, de no prorrogar el espacio de opinión Versión Libre es arbitraria, porque viola el debido proceso, la libertad de prensa y la libertad de empresa. Luego de analizar el caso y conocer las diferentes versiones, les contaré la historia.

¡Cambiar o morir! Tal es el dilema al cual nos enfrentamos en la economía del siglo XXI, y especialmente en los medios de comunicación. En nuestro caso, renunciamos a la radio tradicional y nos lanzamos al vacío del periodismo digital. Hacemos periodismo disruptivo y los resultados han roto cualquier predicción en materia de investigación. El impacto en la construcción de opinión es diciente sin que haya sido un propósito deliberado. El mundo ha cambiado y algunos todavía no lo saben, porque la noticia no les ha llegado a su conciencia. Por esa razón, tal dilema le cae a la TV regional como anillo al dedo.

Telecaribe se ha envejecido. Las arrugas y las canas se le nota en la cabeza y en la cara de sus presentadores. Su caminar cansino, paquidérmico y zigzagueante se ha intensificado por administraciones que solo responden a intereses políticos o de conveniencia personal, o de grupos de poder enquistados en su interior desde su nacimiento. Hasta la mafia tiene o ha tenido poder en su interior cuando La Gata se paseaba por su tejado. No es fácil hacer televisión en este medio, y mucho menos cuando el monopolio de la publicidad es evidente.

José Gómez hace parte de una excelente familia. Es un periodista que merece respeto en sus derechos. (Cortesía).

Con José Gómez Daza nos une una amistad y un colegaje que no ha tenido ninguna tacha. Tiene una admirable familia. Admiro al periodista y al emprendedor desde los años mozos en Barranquilla donde luchamos para salir adelante frente a las adversidades de la profesión. Tuve la oportunidad de trabajar con Jose cuando lo llamé a ser el jefe de redacción del noticiero popular de RCN (1987) que decidí emprender —junto con La Silla Caliente—vinculando a jóvenes periodistas que no habían terminado su profesión. Comenzamos a hacer un periodismo disruptivo autogestionario y revolucionario, porque no eramos empleados de la cadena radial sino asociados con riesgos. Mientras la mayoría se graduaba para emplearse, nosotros queríamos construir medios.

En esa época surgía una generación de periodistas que marcó historia en el periodismo barranquillero combinado con emprendimiento, y tengo la satisfacción de hacer parte de esa generación y de esa historia. La mayoría son amigos a quienes estimo mucho: Jorge Cura Amar, Carmelo Castilla, Víctor López, Horacio Brieva (aunque la mayoría decidió ser, al mismo tiempo, empleados) y muchos otros. Cura me sucedió en TV, y Castilla en radio. Ideológica y políticamente no me unía nada a ellos. Cura se hizo aliado de Char. Y eso lo respeté.

Como tengo una vocación de servicios, mis ideas y mi compromiso personal siempre se han inclinado por los débiles. Con otros periodistas (César Vásquez y Lubin Basto) creamos nuestras empresas periodísticas con ese sello. En este sentido se unía el interés de la libre empresa, por un lado, y el interés periodístico. La primera debía buscar la sostenibilidad económica, y la segunda la concreción de la ética periodística y de los principios filosóficos que nos sostenían. No podía haber contradicción, y si la hubiese, me inclinaba por los intereses periodísticos antes que por la economía, como me sucedió muchas veces.

Carmelo Castilla, uno de los primeros periodistas y empresarios de Telecaribe. Hoy emprende con Politika.co. Cortesía.

Jorge Cura Amar, cuya relación con los Char, no le resta su excelencia. Cortesía.

En esa época tomamos la decisión de apoyar periodísticamente un nuevo proyecto de ciudad. No sabíamos quién lo podía encarnar, pero promovimos voces que no eran tenidas en cuenta en las jefaturas de redacción de noticieros radiales y de TV, ni del medio impreso dominado por El Heraldo, Diario del Caribe y La Libertad. Con el lema “darle voz a quien no tiene voz” —que luego retomó RCN con Juan Gossaín— nos fuimos con el transmovil amarillo a los barrios de Barranquilla para que en vivo y en directo líderes barriales, gente anónima —desconocidas para los periodistas de la época— expresaran sus problemas barriales y hacer que el gobierno les cumpliera. Luego terminamos transmitiendo las homilías del que iba a ser alcalde de Barranquilla (1991) Bernardo Hoyos Montoya. ¡Fue un éxito! Tanto, que luego el gerente de RCN Radio Barranquilla, Rubén Darío García, lo institucionalizó como evento comercial, y por último, Jorge Cura utilizó el mismo formato periodístico, en alianza con El Heraldo. La diferencia es que ellos lo comercializaron y nosotros no. Al final, primó la economía sobre el periodismo. No solo fuimos pioneros, sino que también hicimos un gran aporte a la democratización del periodismo.

Si, fue un éxito total. La Barranquilla —donde los niños se morían a pedazos por la gastroenteritis y la poliomielitis— dominada por una caterva de vencejos que esquilmaba el dinero de los más pobres, dio paso a la muchedumbre, a los sin apellidos que nunca tuvieron la oportunidad de ser funcionarios públicos, a no ser para ocupar cargos de poca importancia y en la servidumbre. Pero debían ser fichas de un político renombrado y renunciar a sus principios que forjaron en la universidad pública. En otra época,  ¿que oportunidad podía tener un Lucho Ibarra o Guillermo Hoenigsberg (exalcalde de Barranquilla), quienes en su época de estudiantes  debían paliar el hambre del medio día con el mango biche que bajaban de los palos sembrados en el patio de la Universidad del Atlántico, antigua sede de la carrera 20 de Julio? Al mismo tiempo, surgía Telecaribe como parte del proyecto de Región que se había apoderado de una nueva clase política que resurgía. Habíamos pasado del Sipur —que alcanzó a dirigir un amigo como Ramiro Fernández Badel— a la creación del CORPES del Caribe, pionero en la materia, como sucede hoy con el nacimiento de la RAP.

Jose, hace parte de esa escuela que lideramos en momentos difíciles. Hacer periodismo y ser empresario, al mismo tiempo, sin estar del lado del sistema imperante, era duro, muy duro. En la universidad nos enseñaron que el periodista no podía vender, ya que era incompatible con nuestra misión de informar. ¡Estábamos acabados para sobrevivir y para emprender!

Pronto los resultados se dieron. En 1991 nació “la reconstrucción de Barranquilla” y emergió un período de prosperidad para la ciudad y para nosotros. Al principio éramos unos ilusos que le dábamos voz a un cura de la “zona negra” de Barranquilla. Después forjamos una opinión pública donde el “cura loco” —así le decían en los mentideros políticos— fue elegido alcalde  y la élite barranquillera se peleaba por ir a la zona negra a congraciarse con él, y, algunos interesados y oportunistas, para conseguir su apoyo para aspiraciones individuales.

Nunca tuve padrino, y tuve oportunidades de tenerlos, porque los ofrecimientos fueron muchos. Los mismos Char pudieron serlos. Una vez Yuyo Daes (1992) me ofreció patrocinarme La Silla Caliente con Energía Solar. Y le dije que no. El mismo cura —amigo mío— me criticaba a su manera cuando decía que yo hablaba mierda, porque le decía la verdad. Claro, Bernardo Hoyos (alcalde) no aceptaba ningún cuestionamiento. Aún así —como periodista— estaba en el deber de decir la verdad, duela a quien le doliera. Por eso no acepté cargo público ni ser subordinado de nadie. Para ser un periodista íntegro, hay que ser libre. Casi nadie del poder me entendía.

Estos apuntes de la historia periodística de Barranquilla es solo para contextualizar lo que está sucediendo con Versión Libre. Los hechos están regidos por la ley causa—efecto. ¿Por qué la reacción del gerente de Telecaribe?

Existe un elemento que pudo sopesar José Gómez: ¿Debió abstenerse de utilizar su propio medio para cuestionar el proceso licitatorio de Telecaribe a sabiendas que tiene intereses en el mismo? ¿Hasta donde termina su papel de periodista y comienza el interés del empresario? Se que es dificil responder esa pregunta, pero sin duda es una tentación sobrepasar ese límite. El periodismo es una profesión que exige un alto umbral ético, en un momento determinado.

En 2012, después de 12 años en el aire, una gerente de Todelar Cartagena se le dio por quitarme el espacio Vox Populi. En aquella época tenía una confrontación pública con un poderoso senador y presidente del senado. Era el programa de mayor sintonía de Todelar y, después de Campo Elías Terán Dix, el que más se escuchaba en esa franja. ¿Injusto? Claro que si. ¿Persecución política? Desde luego. ¿Por qué lo hizo? En su conciencia quedará la respuesta. Me hizo un daño enorme, pero al final me fortaleció, porque salí de esa zona de confort en la que había caído. Eso me hizo explorar otros caminos para buscar la libertad, la libertad económica y la libertad periodística. El periodismo digital ha sido generoso conmigo, y el networK marketing me está dando la libertad económica para cumplir mis sueños.

No obstante, la gerencia de Telecaribe al no permitir la prórroga legal del espacio que viene colonizando José Gómez desde hace 25 años, es arbitraria y comete tres grandes errores que —como docente de derechos humanos— subrayo:

  1. Viola el debido proceso. Debió fundamentar la no prórroga y notificarle debidamente, ya que tiene 22 años que se le viene prorrogando.
  2. Viola la libertad de prensa. ¿Qué impedimentos existen para darle continuidad? Ninguno, porque si se prorroga o se congela la licitación, lo mismo tiene que suceder con el tiempo de Versión Libre.
  3. Viola la libertad de empresa. Si la empresa está al día con Telecaribe, ¿por qué le decretó su muerte?

¿Razones para prorrogar Versión Libre? Solo le doy una, y sería contundente que me ahorraría palabras: Si se suspendió la licitación, la gerencia debió prorrogar —como medida cautelar— la concesión del espacio. Sería una medida razonable y provisional hasta cuando se despeje la licitación que está congelada. El gerente de Telecaribe, Juan Manuel Buelvas —aunque se tenga que morder los labios de rabia o de indignación— inevitablemente debe darle vía libre a Versión Libre. Aproximadamente hace 25 años se presentó una situación similar con una licitación de los noticieros que no se pudo realizar y salieron al aire 20 días consecutivos sin ninguna legalidad, hasta que la gerencia se inventó una medida para enmascarar el error: Los noticieros salieron como si fueran de Telecaribe pero con la producción de las mismas programadoras. ¿Se acuerdan? Los miembros del Consejo Directivo de Telecaribe deberían escarbar los anaqueles de la empresa para analizar esos antecedentes.

Tenemos que revolucionar a Telecaribe. Ahora que nacen las Regiones Administrativas de Planeación (RAP), debemos convertir a Telecaribe en una institución más liviana, flexible, autónoma, libre de las manos de los políticos —y de inversionistas subterráneos—  y de los gobernantes de turno. Telecaribe no debe limitarse a administrar unos espacios de TV.

Telecaribe debe promover y construir región a partir de la conciencia de nuestra cultura y creatividad. Es imprescindible el emprendimiento y la inversión de riesgo con proyectos innovadores. De esta manera no caemos en el letargo del culturismo tradicional o de la cultura light. Lo corroncho no puede ser excluyente de nuevas manifestaciones culturales que se están dando en las subregiones del Caribe colombiano o de la cultura suburbana que se forja por fuera de las grandes ciudades. La cumbia, el porro y demás géneros de nuestro rico folclor no son  incompatibles con la champeta y la música moderna que hace vibrar a los jóvenes. ¡Hay que evolucionar sin negar lo tradicional y viceversa!

Sea esta la oportunidad para señalar la importancia de la libertad de prensa y la libertad de empresa. No son incompatibles, aunque tengan intereses distintos, la libertad de prensa prima sobre la libertad de empresa, y —como víctima de decisiones arbitrarias parecidas— medidas administrativas para terminar un programa crítico siempre son sospechosas.

ANTONIO SANGUINO, presidente de Alianza Verde, cuestiona la decisión de no prorrogar Versión Libre

 

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.