“Este es mi juramento con la Biblia en la mano”, César Anaya, candidato a la alcaldía

Llegar a la casa de César Anaya Cuesta es encontrarse con un tumulto de gente como en los mejores tiempos del tres veces alcalde de Cartagena, Nicolás Curi Vergara. Es el único de los candidatos de estas elecciones atípicas que suda la camiseta junto con su gente en los barrios, y uno tiene que hacer un esfuerzo para abrirse paso ante la multitud y poder conversar con él.

Una persona que estaba conmigo, me dijo:

Lucio, si todos estos líderes que hoy están en la casa de César, lo siguen hasta el final, seguramente será el alcalde en estas atípicas“.

Esta es la entrada al aposento de César Anaya, quien atiende sentado en su cama. La terraza, la antesala, la sala, el comedor, la sala de estudio, el comedor y el patio están atestados de líderes. El único sitio donde no pueden entrar es la cocina, la cual está rodeada de un mesón, y en la entrada hay un voluntario que no deja pasar a nadie.

Objetivamente hablando, yo le dije que sí. Ellos son los que votan, los que viven en Olaya, Nelson Mandela, El Pozón, el Líbano, San Francisco, la Boquilla, las islas, etc. Son personas que buscan una oportunidad y tienen la esperanza que el burgomaestre los tenga en cuenta como lo hizo el viejo Nico cuando le abrió las puertas de la alcaldía de Cartagena de Indias a los negritos de chancletas y mocho. Son dirigentes comunales, cívicos y populares frustrados con la elección de Campo Elías Terán y del mismo Manolo Duque. Dicen que esta vez con Anaya la cosa es diferente, porque ha demostrado que está del lado del pueblo en las buenas y en las malas.

Marvin Ahumada, abogado, muellero y líder popular:

“Estoy aquí porque creo que César va a ser el alcalde de Cartagena, y los líderes populares lo vamos a acompañar”.

Manuel Meza, trabajador social y líder popular de San Pacho:

“Estoy con César porque es la reivindicación del pueblo cartagenero por los golpes que hemos sufrido”.

Emiro Luna:

“Voy a votar por César, porque es como si fuera uno de los nuestros y toda mi gente de San Francisco y de la isla también votará”.

Aldo Lora:

“Los comunales seremos el primer anillo de la alcaldía de César. Somos poder y estaremos con él hasta el final, porque estamos seguros que no nos defraudará”.

Periodistas, locutores y líderes cívicos visitan con frecuencia a César Anaya.

Algunos miran con desdén la campaña de César Anaya, porque los puyaojos (interesados que solo buscan dinero pero no ponen votos) llegan a su casa. César le da poca importancia a esa situación, porque entiende que son puyaojos con los candidatos que cuentan con el apoyo de financistas, pero no con él. Y es cierto, porque conoce a cada uno de ellos y sabe cómo es apoyar a un político y no recibir ni un dulcecito. Y de alguna manera se la desquitan con esos políticos que solo quieren sostener una relación meramente comercial con el votante. Los puyaojos son un mal necesario para combatir a los políticos que quieren hacer campaña solo con dinero, dicen algunos. Es una plaga de la misma especie.

Uno puede tener una explicación sociológica. Muchos líderes se quieren desquitar con políticos que llegan con la tula llena, ya que existe una lógica en el sentido de que, quien llega comprando el voto, es porque va a enriquecerse, y por lo menos le quitan “algo” antes de que se monten en el poder. En otras palabras, existe una reciprocidad en la conducta ilícita que le hace fraude a la democracia electoral. ¿Quién es más fraudulento, el político comprador de votos o el puyaojos? ¿Quién es más pecador el que paga o el que peca? Y Anaya es de los pocos políticos que le gusta hacer favores a la gente humilde, como en el viejo clientelismo donde el político profesional era como un amigo con sus electores. ¿Quién se soporta que su casa esté repleta de simpatizantes a toda hora, con o sin elecciones ?

Ya casi son las 12 meridiano. Le hice la entrevista, y al cabo llegan otros periodistas: el Piropero, el gordo Figueroa  y Saúl Caballero. Mientras tanto, tres mujeres pelan un saco de yuca en el patio de la casa, y la esposa de César, Marieta, monta guardia en la cocina con tres mujeres más, donde ya colocaron dos grandes ollas para el sancocho comunitario.

Sea lo que sea, los votos están en extramuros, y César Anaya sabe quién vota y quién no. En materia electoral sabe dónde ponen las garzas. Y de seguro que será un candidato duro de vencer, porque juró ante Vox Populi, con la mano en la Biblia y la otra en el corazón, que llegará al final y sin financistas, que no es lo mismo. No empeñará secretarías ni entregará por anticipado contratos públicos.

EL JURAMENTO DE CÉSAR

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.