Lo confirmó CCV: La Cartagena del Despeluque tiene baja autoestima; los únicos orgullosos son los (las) maricas

Cartagena: Un centenario de soledad.

No es que uno se quiera tirar de psicólogo de ciudad, pero el análisis que hemos hecho de la baja autoestima fue confirmado por Cartagena Cómo Vamos —CCV. De las principales ciudades de Colombia, la población cartagenera tiene el mayor índice de negativismo: El 79% siente que la vaina está delgadita (mala), y por eso el 28% quiere irse de la ciudad, y el 58% de la población rural se percibe como pobres. Definitivamente en Cartagena, la mayoría de optimistas son los gays que enarbolan con orgullo su bandera en la alcaldía, en el concejo o en cualquier edificio donde se lo permitan.

Aclaro, los optimistas son los gays que salieron del clóset, porque los maricas tapiñeros (los que tapan su condición sexual), sienten vergüenza y atacan a los que se destapan y se empolvan.

En pesimismo, Cartagena le gana a Bogotá, la cual tuvo 73%. Es la principal conclusión que se puede sacar de la última encuesta (2017) de CCV presentada a los gobernantes locales. Este hecho por sí solo, además de confirmar la hipótesis que hemos desarrollado en Vox Populi de que Cartagena tiene una autoestima baja, demuestra que vamos rumbo al despeñadero. (Ver La Cartagena del Despeluque) ¿Por qué?

Si tienes una percepción negativa de ti, no te equivocas; estás en lo cierto. Por tanto, todo a tu alrededor será negativo. Malo el gobierno, malo Transcaribe, malo tu vecino, mala la prensa y mala tu pareja. ¿Y tú? ¿Te has hecho esta pregunta? Somos buenos para quejarnos y malos para reclamar nuestros derechos. Buenos para exigir y malos para cumplir con nuestros deberes. Somos buenos para cobrar y malos para pagar. Buenos para pedir y malos para dar. Buenos para criticar y malos para construir.

Un ciudadano representa un voto. Somos parte de las estadísticas cuando elegimos a alguien como mandatario. A diferencia de la tiranía—donde quien manda es el tirano—, en una democracia un ciudadano tiene el poder de elegir y de ser elegido, y decidir el rumbo de su barrio, ciudad, país, incluso, de su universidad. Así lo dice el artículo 42 de nuestra constitución nacional:

“Todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político”.

¿Tu has utilizado ese poder político de elegir para enderezar tu ciudad o tu nación? Si la respuesta es sí, ¿por qué te quejas de los políticos y de los gobernantes? ¡Quéjate de ti! Tú eres culpable de este estado de cosas, de tu pobreza, de tu “mal destino” y de tu “mala cabeza”. Nuestros abuelos murieron por la independencia, y tú dilapidas la libertad vendiendo el poder que cada ciudadano tiene por una OPS o $50 mil. ¡Tú eres tu propio tirano, porque elegiste a los jinetes que cabalgan sobre La Bestia creada por los dueños del poder!

Los únicos orgullosos son los maricas. Aquí izaron la bandera multicolor en la alcaldía. Obsérvese que es la más ondeante y altiva. Al oído del alcalde (e) Sergio Londoño, todas las banderas deberían estar así en los edificios oficiales.

La ciudadanía cartagenera, como la colombiana, está asfixiada por la mala situación: Desempleo, hambre, inseguridad, crisis de movilidad, angustias existenciales, crisis de personalidad, etc. El psicólogo Martin Seligman hizo el experimento de los dos perros que fueron sometidos, al mismo tiempo, a descargas eléctricas. A uno le dieron la oportunidad de bajar la palanca de la electricidad y al otro no. La reacción de los dos perros fue distinta. El perro que tenía la palanca, la bajaba y sentía que tenía control de la situación; pero el otro —hiciera lo que hiciera— sentía que la vaina era la misma cosa, entonces se entregaba a su “fatal destino”. ¿Representas a alguno de estos dos perros?

A ese fenómeno Seligman le denominó “desesperanza aprendida”, el cual se refiere a un estado mental en que la persona se siente indefensa, cree no tener control sobre la situación y piensa que por mucho que haga no conseguirá resolver el problema.

Los optimistas que tenemos esperanza de que todo cambiará, empezamos por cambiar individualmente. Aunque la vaina está delgadita, sueño con prosperidad, paz y amor. No odio a nadie, aunque me ofendan. Perdono, y no olvido. Y si quisiera olvidar, la neurociencia me dice que las heridas mentales quedan en el inconsciente por muchos años y de repente salen en ciertas circunstancias. El día en que tu recuerdes aquellos malos momentos sin que te perturbes, ese día has sanado las heridas de tu alma.

En estas épocas electorales la gente se quiere matar entre sí, y todos prometen que encarnan el cambio lanzando misiles al contrario, y nadie es capaz de ver la paja en el ojo propio. La Cartagena del Despeluque, donde tiene a su alcalde titular preso, y la mayoría de los concejales con un pie en la cárcel, seguirá siendo de fiestas, champeta, droga, prostitución, y para variar nos vamos al Palito de Caucho a chismorrear y hablar mal de los políticos. Y en las siguientes elecciones a reelegirlos.

En medio de este pesimismo, surge el orgullo gay en la alcaldía y en el concejo, pero también deberá izarse la bandera de los maricas (¡lo digo sin desprecio y con respeto!)  en colegios oficiales y en las universidades. ¡Es verdad!

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.