Si se calla el periodista, ¡calla la democracia, calla la vida!

Camilo Torres, el cura periodista

“Sin ideales éticos, un periódico podrá ser divertido y tener éxito, pero no sólo perderá la espléndida posibilidad de ser un servicio público, sino que correrá el riesgo de convertirse en un verdadero peligro para la comunidad”. (Joseph Pulitzer).

 

Diálogo edificante con el padre Jorge Camacho, párroco del Santuario San Pedro Claver de Cartagena.

Un 3 de febrero nació el promotor del amor eficaz en Colombia, y un 15 de febrero murió por socorrer y ayudar a “su enemigo”, un joven soldado de las fuerzas militares colombianas mal herido por sus compañeros del ELN en un combate armado en Patio Cemento, Santander.

Se trata de Camilo Torres Restrepo, quien a los 39 años fue sacrificado como parte vital de lo que él llamó el amor eficaz, esencia misma de la doctrina de la teología de la liberación, porque “¡la verdad te hará libre!” Todo ser humano debe buscar la verdad, esté donde esté. Y por eso Camilo fundó, un 26 de agosto de 1965, el periódico Frente Unido, cuya primera edición de 65 mil ejemplares se agotó y debieron editar otros 65 mil.

El día que se supo de la muerte de Camilo, mi madre —después de una jornada de trabajo— regresó a nuestra casa en un rojo atardecer y me dijo:

¡Edison Lucio, mataron al padre Camilo!“.

Y hasta ahora no supe por qué a mi madre le impactó la muerte de Camilo. Ella era cristiana católica, pero no de camándula y rosario sino de actuación cotidiana. Mi madre era más bondadosa que el padre Rosero —párroco de la catedral— que lo teníamos como vecino. Era tan tacaño que una vez le dio a mi mamá varias garrafas de aceite rancio que debimos botarlo a la basura.

La guerrilla dijo que mataron a Camilo, porque iba por el fusil del soldado; las fuerzas militares dijeron que lo mataron, porque iba a rematar al soldado herido. Los dos bandos nos han mentido todo este tiempo, desde el 15 de febrero de 1966. Quien ha estudiado el perfil del padre Camilo sabrá que hubiese dado su vida por salvar la vida de su prójimo. Y este caso del soldado herido de muerte no podría ser la excepción. Esta historia hay que contarla con la verdad.  A Camilo, el periodista, —quien fundó el periódico Frente Unido— lo quisieron silenciar, lo persiguieron, incluso, la gran prensa bogotana lo calumnió, y el arzobispo  de Bogotá Luis Concha (recién nombrado cardenal) lo fustigó y le pidió la renuncia. Al respecto, el párroco del santuario de San Pedro Claver de Cartagena de Indias, pb. Jorge Camacho Chaín, dijo en entrevista edificante con este periodista:

“En el espíritu de Camilo tu no encuentras odios. Camilo era un soñador de un país distinto. Su muerte se pudo evitar. Pero Camilo fue iluso al pensar que todo se iba a resolver fácilmente. Es doloroso que tantos espíritus buenos tengan que morir. Cuando a Camilo le cerraron todas las alternativas, se fue para el monte. En el lenguaje de Camilo no encuentras palabras de odio, no tenía sentimiento de odios. El muere porque decidió ir a ayudar al soldado del otro bando que estaba herido, y en esos momentos las fuerzas militares le disparan y muere. Siento a Camilo como un soñador, un hombre de la burguesía que trataba con todos y todas, pues, su práctica era determinada por el amor eficaz“. (Recomiendo escuchar la entrevista completa con el padre Camacho para encontrar caminos de reconciliación con la verdad).

El Día de los Periodistas (9 de febrero), día en que salió a la luz pública (1791) el Papel Periódico de Bogotá —dirigido por el cubano Manuel Socorro Rodriguez— con la noticia del terremoto, es el día para la reflexión, la acción y el cambio mental de los que ejercemos esta noble pero peligrosa profesión, peligrosa para quienes se atrevan a buscar la verdad. La fecha fue trasladada para el 4 de agosto después de 2004.

Camilo muy alegre por la primera edición del Frente Unido. En el fondo el cartel de la Conferencia que anunciaba la conferencia del padre Camilo. Bogotá, 26 de agosto de 1965. (Cortesía).

No se si debemos celebrar o conmemorar, pero yo celebro este día y todos los días porque puedo respirar, leer, hablar, escribir  y comunicarme con miles de personas diariamente y trasmitirle mi pensamiento sobre lo humano y divino, sobre lo cotidiano, y decirle al mundo que hay otra manera de ver los hechos. Yo no ataco, yo no critico, solo busco la verdad, porque es el camino de mi libertad y de la libertad de aquellos que la escuchen o la lean.

El 9 de febrero representa para mí una fecha muy hermosa. Cuando era un bisoño periodista comenzaba a descubrir el mundo con una carga subjetiva de romanticismo. Anualmente en Barranquilla todos los sectores sociales querían agasajar a los periodistas. Algunos nos hacían regalos costosos, buenos vinos y buenas comidas.

Ese día, muy temprano el padre Stanley Matutis —párroco de la iglesia San Roque— nos invitaba a una misa mañanera que terminaba con un desayuno bufette en la conocida “Zona Negra”, y siempre su homilía hablaba sobre la verdad y la defensa de los pobres. Al mediodía los gremios económicos nos brindaban un almuerzo todo incluido. Por la tarde, una cena y fiesta de carnaval brindada por la alcaldía y la gobernación, donde íbamos disfrazados de Marimonda. Lo importante no eran estas recepciones sino el trato respetuosos que los diferentes estamentos sentían por los comunicadores sociales. Teníamos organizaciones sólidas como el Circulo de Periodistas de Barranquilla (CPB), cuya sede hermosa en el barrio Boston era un centro de tertulia. De la misma manera podíamos hablar del Colegio Nacional de Periodista CNP). Así podíamos hablar de Cartagena y de otras ciudades del país. El periodista era respetado, y podía ir a los cafés de la época a buscar confidenciales. Así también sucedía en Cartagena con gobernadores y alcaldes.

En su mayoría eran periodistas empíricos que ejercían la actividad por vocación, pero también nos veían a los jóvenes periodistas recién salidos de la universidad como una amenaza. Recuerdo que a un viejo periodista jefe de redacción de un noticiero radial le di la noticia redactada, la cuartilla la leyó en un segundo, luego la volvió una pelotica de papel y finalmente la embocó en el canasto de basura. Cualquiera se hubiese frustrado, y hubiese pensado “esto no es para mí”. Pero lo que no sabía ese viejo periodista es que estaba frente a un joven que le gustaba los retos y era de una voluntad firme, y después “me dí el lujo” de que varios medios me llamaran a trabajar, porque era un excelente redactor.

Muchos de los periodistas se ponían al servicio de sus patrones o de sus jefes políticos. Es verdad, pero la mayoría eramos románticos Quijotes que íbamos por el mundo dando batalla por la verdad, aunque nos estrelláramos contra el muro.

Me matriculé en el programa de comunicación social-periodismo de la Universidad Autónoma llamado por mi vocación de servicio a la comunidad. Quería despertar conciencia con mi actividad profesional. Me hice profesional, y antes de terminar la carrera comencé a trabajar en los medios de comunicación más reconocidos de Barranquilla: El Heraldo, La Libertad, Diario del Caribe, RCN, Caracol, Olímpica, Sutatenza. ¡Ah! Tiempos aquellos. Mi primer sueldo en Sutatenza: ¡$10 mil! Era el más pelao del equipo, compuesto por Efraím Peñate, Juancho Illera Palacio, Mike Fajardo, Manuel Ramirez Santana, Carmelo Castilla…

Cuando me gradué, decidí no trabajarle a ningún medio y me eché a emprender y crear medios de comunicación por cuenta propia. A los 28 años hice alianza estratégica con RCN y dirigí el primer noticiero popular que tuvo la cadena en Barranquilla con un enfoque diferente de la crónica roja. En ese tiempo aprendí a ser periodista, pero también aprendí que trabajar para un medio poderoso era esclavizarse, que impedía ser un excelente periodista a la manera como lo recomendaba Pulitzer: El periodista siempre debe ponerse al servicio de los débiles.

El periodista no puede ejercer el derecho fundamental a la libertad de expresión trabajando para un medio poderoso. Esto lo aprendí en la experiencia propia. Una vez me mandaron a cubrir una información sobre la protesta que realizaban compradores de casa de una urbanización ubicada en el área metropolitana de Barranquilla. Eran los primeros albores de la nueva expansión urbana y de la naciente Área Metropolitana. Pensé que las entrevistas realizadas a los habitantes de la urbanización El Concorde me las iban a publicar, puesto denunciaban los abusos de los constructores. La sorpresa fue que el director me archivó las entrevistas y no pude decir una sola palabra sobre los reclamos que habían hecho en la protesta. Posteriormente, supe que uno de los dueños de la constructora de la urbanización en cuestión era socio del dueño de la emisora. Al saber esto, decidí no trabajar para ningún dueño de medio. Y desde entonces he venido haciendo un periodismo disruptivo, atrevido y libre.

Y para lograr esta relativa libertad, emprendí otros proyectos que me dieran el sustento diario, y no vivir de la publicidad comercial. Desde hace un año soy networker profesional y voy camino a la libertad económica y a la conquista de mis sueños sin más límites que los que me imponga yo mismo y Dios: Porque es Él “el camino, la verdad y la vida”.

Ahora que en Cartagena la Fiscalía denuncia que se desprestigió el estudio técnico realizado por la Universidad de Cartagena que confirmó la patología de los 16 edificios de los Quiroz, me rasco la cabeza, y me pregunto: ¿El periodismo en manos equivocadas es un peligro para la comunidad? Y el hecho de que publiqué un trabajo titulado “El estudio patológico de la UdeC no es tan malo como se hizo creer…” fue mi aporte a la verdad. Solo me hice una pregunta: ¿A quién le sirve desprestigiar dicho estudio? Y cuando comencé a investigar, me di cuenta que las denuncias contra el estudio de la UdeC no estaban soportadas. LOS QUE DENUNCIABAN TENÍAN UNA CARGA EMOCIONAL, que para un investigador, le restaba objetividad.

En este trasegar de cazar la verdad (¡Gracias a Dios!) mis hijos no se murieron de hambre y siempre tenía el pan de cada día. A veces había días críticos, pero cuando esto ocurría, recurría a la enseñanza de mi mamá Teresa de Jesús. Me volvía más creativo y les hacía una sabrosa colada de maíz con leche. Cuando mis hijos recuerdan eso, se les encharcan los ojos. Como desde pequeño aprendí a dar, recientemente aprendí a recibir, porque si una mano generosa me da algo para seguir con mi misión, la recibo, sabiendo que no tiene ninguna condición. Si la tuviera, no la recibiera.

Desde que los grandes empresarios entendieron que el periodismo era un arma poderosa para despertar conciencia o dominar la conciencia, se lo tomaron y lo pusieron a su servicio, como también pusieron a su servicio a los partidos políticos. Las grandes cadenas de Radio y TV y los poderosos diarios y revistas siempre pertenecen a un conglomerado económico. Y la mafia entendió eso, y así lo hizo. Compraron hasta cadenas radiales y revistas. Los Nule compraron la revista Cambio —que era el único medio poderosos que hacia periodismo de investigación— para luego cerrarla. Pablo Escobar hacia lo mismo, como todos los mafiosos que capturaron el Estado.

Enilce López Romero —la famosa Gata— no escatimaba dinero para agasajar a sus periodistas. Les paga hotel, comida a tutiplén, dinero en efectivo, y mensualmente su sobresito amarillo que se los entregaba en diferentes partes, por ejemplo, en el penthouse del Edificio Exelaris de Cartagena. Este edificio fue famoso en una época porque era el destino obligado de muchos periodistas, servidores públicos, desde ediles hasta senadores. Ese penthouse está en extinción de dominio por lavado de activo.

De la misma manera, los directores de esos medios se ponen a su servicio como esclavos modernos. ¿Por qué? Porque los periodistas que dependen de un empleo o de una cuña, son vulnerables, extremadamente vulnerables. No importa que su sueldo sea el mínimo o $50 millones, que es el cálculo de lo que recibe un director nacional de cadena radial. Y desde que yo supe eso, no acepté más contratos de subordinación. Tenía 28 años. Renuncié a “los beneficios” de ser empleado de una cadena de radio poderosa o de un diario de alta influencia, y me lancé a trasegar la vida como un quijote soñador, romántico de la verdad. ¡No ha sido fácil! He sobrevivido varias veces, he pagado cárcel, fui torturado en las mazmorras del régimen del presidente Alfonso López Michelsen cuando solo tenía 16 años, y solo por ser director del periódico de mi colegio que promovió el Paro Cívico Nacional de 1977. Era un pelaito lampiño, cuando me metieron en un calabozo sindicado de haber violado el estado de sitio. Y todo por decir la verdad de los móviles del paro que las centrales obreras comenzaban a organizar.

Los partidos políticos —de izquierda, derecha, extrema derecha, centro— también aprendieron del papel del periodismo. Partido que se respetara tenía un periódico. Por eso es que los presidentes eran necesariamente periodistas. Juan José Nieto, Rafael Nuñez, Eduardo Santos, Alberto Lleras, Carlos Lleras, Alfonso López, Belisario Betancur, Juan Manuel Santos, los más notables. Escritores que se respetara, se ganaba la vida como periodistas, el más notable de los notables, Gabriel García Márquez.

En Cartagena como en Barranquilla, los políticos también tenían sus periódicos, y de esa forma marcaban la tendencia ideológica de su actividad periodística: El Porvenir, El Universal, Diario de la Costa, El Heraldo, Diario del Caribe, La Libertad, etc. El Espectador y El Tiempo se configuraron como los periódicos más fuertes a nivel nacional. Por la corriente conservadora se forjó El Siglo, de orientación laureanista. Hoy, ninguno de los diarios sobrevivientes pertenece a una sociedad familiar sino a grandes conglomerados económicos. El Universal es de la familia Araujo; El Heraldo, de los Char y Cía.

Aprendí también que la verdad no es absoluta. Lo que para ti es verdad, probablemente para tu vecino no. Y aquí es más difícil hallar la verdad. Son tres cosas que se necesita para tener un excelente discernimiento periodístico: conocer bien los hechos, poseer suficiente bagaje intelectual y tener un alto grado de la ética profesional y personal. Pero estas tres cosas de nada serviría si no tienes una sola cosa: amor por tu prójimo. Esto era lo que le sobraba a Jesús y a Camilo ¿Qué dicen los periodistas?

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.