Yolanda Wong, ¿de la mamá de los pollitos a la mamá pegona?

Yolanda Wong, ¿la mamá de los pollitos o la mamá pegona?

¿Es Yolanda Wong, secretaria del Interior del Distrito de Cartagena, la mamá pegona o la mamá de los pollitos?

Querida Yolanda:

El decreto “Ley Sanahoria” (con S y no con Z, puesto que viene de sana, por ejemplo, una fruta sana), cuyo objetivo es evitar que menores de edad anden borrachos y drogados en establecimientos públicos o en la calle, había sido un rey de burlas en el Distrito de Cartagena de Indias. Como muchos otros decretos, los padres de familia se lo pasaban por la faja, y no había corresponsabilidad social para atender a sus propios hijos.

En el barrio Olaya de Cartagena, por ejemplo, a las 10 de la noche del viernes, le pregunta a algún padre de familia, cuyo hijo menor no se encuentra en el hogar, en dónde está, y no sabe responderte. Este padre desconoce la responsabilidad que tiene con su familia, y por esa razón existen familias disfuncionales. En este caso, los pelaos hacen lo que les da la gana, y pueden llegar a media noche a sus hogares borrachos o drogados, después de “dar serrucho”, a la manera de la famosa champeta de Mr Black. ¿Quién tiene la culpa de que ese pelao sea un delincuente o una persona decente que se debe divertir sanamente y puede ir a una pelaoteca a bailar alegremente sin tomar alcohol o  cualquier sustancia psicoactiva? Y si los padres no cumplen, el Estado debe obligarlos. Se pueden divertir, pero eso sí, sin violar las reglas. ¿Qué hace un pelao después de las 10:00 de la noche en las calles o en una discoteca?

Mi querida Yolanda, no importa que ahora te digan la mamá pegona, lo que haces está respaldado por la constitución colombiana, la ley de infancia y adolescencia, y la visión que tiene el alcalde (e) Sergio Londoño Zurek. Si los padres de familia no le ponen contención a sus hijos, es deber del Estado garantizar su protección, incluso, contra su voluntad. El artículo 42 de la Constitución Nacional dice:

“La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla. El Estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia.”

¿Puede el Distrito obligar a los padres de familia cumplir con su deber? ¡Claro que sí! Es una obligación, y los funcionarios que tienen esa misión no pueden mirar a un lado cuando en una ciudad  vemos —a altas horas de la noche— pelaos en los buses, en Transcaribe, o en pelaotecas o chiquitecas. La ley es para cumplirla, si no la cumplen los padres, el Estado tiene que extender su brazo institucional y darle una pela a los padres que no le ponen orden a sus hogares. La ausencia de autoridad —que no se confunda con tiranía— crea el caos, la disfuncionalidad, la dispersión, y es caldo de cultivo para la descompsición y la pudrición social. Ojo, no es la causa, pero es como el abono a la tierra para que hoy nos veamos con grandes problemas como el embarazo adolescente, la adicción al alcohol y las drogas, la prostitución infantil, en fin, la disfunción familiar.

La autoridad familiar no es autoritarismo, es darle amor a los hijos, comprenderlos, interpretar bien sus señales. Que como padre o madre, entienda a tus hijos, pero con autoridad, con reglas que deben respetar y obedecer, por cuanto cuando sean mayores podrán respetar la constitución y la ley, y serán ciudadanos legales. Impónle reglas no tiranas a tus hijos, pero haz que las entiendan y las cumplan.

La seguridad ciudadana en la ciudad de la esperanza

¿Cómo puedo interpretar los operativos para hacer respetar el  Decreto número 0712 del 4 de junio de 2015 o “Ley Sanahoria”, —una de las pocas cosas buenas que nos dejó Dionisio Vélez cuando fue alcalde?

Yolanda Wong, me responde categóricamente:

“Hemos adoptado la estrategia de tomar a los menores para que los padres  cumplan con su deber de ser vigilantes con sus hijos, por cuanto el  Estado debe crear escenarios de seguridad como lo está haciendo la ciudad de la esperanza. Existe una corresponsabilidad en la construcción de la esperanza; si hay fallas desde la familia, el Estado debe intervenir. Por ejemplo, hemos lanzado alertas tempranas en dos operativos donde encontramos a muchos niños y niñas en estado de embriaguez. Esto no debe ser posible y hacemos un llamado a los padres para que sean responsables con sus hijos”.

Y por esa razón, algunos han calificado a la secretaria del Interior del Distrito como la mamá pegona, la típica madre que anda con la chancleta en la mano para darle duro a sus hijos que no cumplen las reglas del hogar. No se trata de aplicar violencia cuando se imponen la reglas, pero es necesario que la autoridad se haga sentir cuando los hijos rompan esas reglas. Yo le llamaría que es una pedagogía del amor aplicada con persuasión y con autoridad, la cual no debe confundirse con la tiranía de algunos padres, cuyos hijos obedecen por miedo y no por amor. Haz que tus hijos te obedezcan por amor y no por temor

¿Cómo acabar el contexto de hostilidad de la familia?

Construir un hogar sano en medio de una ciudad que es hostil a la familia y a la niñez es muy difícil. Si los recursos dirigidos a la niñez (dinero del Programa de Alimentación Escolar, primera infancia, recreación infantil, etc.) se queda en los bolsillos de los financistas electorales y de los políticos financiados, ¿qué será de esos niños, cuyos padres son irresponsables?

“Los organismos de seguridad no son de terror, sino articuladores de la seguridad, debemos construir mentalmente en los ciudadanos que somos partícipes en la medida en que se respete las normas, responsable como mis deberes, y los derechos del otro. Hemos coordinado con los demás organismos estas acciones de protección, porque la seguridad se garantiza con la articulación de las instituciones. Por ejemplo, ayer llegamos a El Pozón, y a la 10:00 de la noche se estaba respetando el decreto del Distrito y vamos a tener éxito en esta actividad, llamando a la tolerancia  y a ser constructivos”.

Cuando vivía en Barranquilla, una vez le ofrecí un correazo en las piernas a mi hijo menor, y le expliqué el porqué. Tenía 10 años, se había choreado (robado) un juguete del hijo de un amigo periodista que habíamos visitado, y le dije:

¡Devuelva ese juguete y pídale perdón a su amiguito y también a los padres, y dígale que no lo va a volver hacer!

Mi hijo lloró, pataleó, se tiró al suelo y luego se levantó, se sacudió y fue a donde mi colega Pacho Salcedo —quien era vecino mío— le entregó el juguete y le pidió perdón a su hijo. Eso le sirvió de lección para toda su vida.

Vuelvo a la pregunta inicial. ¿Es Yolanda Wong, secretaria del Interior la mamá pegona o la mamá de los pollitos? Ahora puedes responder esa pregunta con los elementos que he señalado en este artículo periodístico. Por mi parte, soy un padre con autoridad que nunca usé la violencia —excepto para usos pedagógicos—, y aunque mis hijos ya son mayores, creo saber qué están haciendo. Y lo que están haciendo no va contra la ley ni la constitución.

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Como padre o madre, ¿cuál es tu opinión? Deja un comentario en esta página luciotorres.co, porque haré una publicación impresa de este escrito con los mejores comentarios.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.