El edificio Pombo está enfermo y urge intervención del IPCC (I)

El imponente Edificio Pombo, construido en 1929, año de la Gran Crisis. En su entrañas enfermas hay una gran controversia.

En la calle del Cuartel, se erige el imponente Edificio Pombo, una mole de concreto de diseño republicano, que llamaba ruina, pero hoy cobra vida y resurge en medio de un duro litigio por su administración y por la posesión de algunas de sus oficinas que habían sido abandonadas por su propietarios originarios. Sabemos que el edificio está enfermo, no tanto como algún edificio de Wilfran Quiroz o de cualquier constructor pirata de Cartagena. Pero el Pombo necesita un Estudio de Patología Estructural y una intervención urgente del IPCC

El Pombo fue construido en 1929 por petición de la firma Pombo Hermanos al diseñador Nicolás Samer, quien, si bien era veterinario, se dedicaba al diseño arquitectónico. El edificio fue diseñado al estilo alemán, cuyo hierro fue traído de Barcelona. En 1949 se lo venden a los hermanos Saer, y éstos a Pedro y Matilde Ganem, quienes, a su vez, mediante escritura pública No 746 de 1966, lo venden como propiedad horizontal, donde comenzaron a funcionar oficinas de prominentes profesionales del derecho.

El edificio ha tenido cinco fases en su historia: En sus orígenes, el período que lo tuvo los Ganem, cuando funcionaron las oficinas de los grandes abogados, su decadencia y ahora su resurgimiento. Así podríamos dividir la evolución de este patrimonio cultural de la ciudad.

Electo Cáliz Fernández, fue el administrador del Pombo que sacó adelante el edificio cuando nadie daba un peso.

Cuando amenazaba ruinas, nadie se inmutaba por su estado deplorable. Nadie se quejaba, hasta cuando uno de los herederos y también poseedor, Electo Caliz Fernández, recuperó la terraza, la impermeabilizó y evitó que se siguiera filtrando el agua lluvia por toda la estructura. Cuando llovía, el edificio duraba de 4 a 5 días filtrando el agua que inundaba oficinas y las zonas comunes, según el decir de uno de sus copropietarios. Era un problema que ninguna de las administraciones del edificio había resuelto. En la asamblea del 11 de marzo (acta 01 de 2005), Rodrigo Manotas Trujillo, copropietario y administrador del edificio, solicitó la intervención de una firma de ingenieros para la recuperación de la terraza. En el acta se reseña lo expuesto por Manotas:

“Los altos costos que demanda la ejecución de las obras de protección, han impedido que las mismas se hubieran adelantado, como sería de desear. Pero en la actualidad una firma constructora de Bogotá se encuentra interesada en adquirir la propiedad de la azotea del edificio y se compromete a ejecutar las obras más importantes para asegurar la estructura de la placa o cubierta superior.

Y acto seguido el ingeniero Remigio López Cortes sustentó la clase de trabajo que se iba a realizar. La asamblea estuvo de acuerdo por unanimidad con la propuesta expuesta por el ingeniero.

Finalmente, recuperada la terraza con el aporte económico de Electo Cáliz Fernández, éste montó una especie de bar que servía de escenario con música en vivo. Se acabó la filtración, se detuvo el deterioro de la estructura, y fue contratado el ingeniero calculista Jorge Rocha para que realizara un estudio con el fin de saber si la placa de la terraza estaba en buenas condiciones, el cual concluyó:

“No existe la posibilidad de desplome inminente por ruina dado que el edificio posee una fábrica de muy buena calidad que garantiza su estabilidad actual, a pesar de presentar deterioro en algunos elementos de su estructura.

Sin embargo, el estudio realizado por Rocha indica lo siguiente:

“De acuerdo a lo anteriormente expuesto se debe realizar un Estudio de Patología Estructural para establecer los procedimientos de intervención del Edificio Pombo”.

El estudio para establecer el tipo de patología no se ha hecho, puesto que éste debe indicar qué acciones deben ejecutarse para poner al Pombo óptimo de habitabilidad y en concordancia con las normas NRS 10.

Todo iba bien hasta cuando los herederos de los propietarios originales, regresaron por la herencia, pero algunas personas —como el que cuidaba carro— tomaron posesión de las oficinas, y otras fueron objeto de prescripción adquisitiva.

Mientras tanto, Francisca Pacha Marrugo, tomó posesión de la zona donde está la poza séptica, y desde hace cerca de 20 años se encuentra desafiando los embates de las aguas servidas putrefactas con sus 8 gatos que domesticó para enfrentar al ejército de ratas que la rodean.

En la posesión de algunas de las oficinas reside la contradicción fundamental en la que se encuentran varios protagonistas de la historia contemporánea del Pombo, entre  los cuales están Rodrigo Manotas, Electo Cáliz Fernández y Margarita Sánchez Rengifo, esta última propietaria de la oficina 305 donde se han hecho remodelaciones sin el permiso del IPCC, según el oficio No IPC-OFI-0000458-2018, puesto que se hizo una visita técnica y no portaban los permisos correspondientes.

¿Por qué razón el litigio por la administración del Edificio Pombo se ha caldeado tanto, cuando antes nadie lo quería? Seguramente por una razón: El Centro Histórico de Cartagena se ha valorizado tanto que el metro cuadrado tiene un costo aproximado de $9 millones debido a los numerosos hoteles boutiques que se han construido en la última década. Por lo cual, cualquier mejora que se le ha visto a la edificación —otrora abandonada y casi en ruinas— despierta un especial interés entre los propietarios que alguna vez lo abandonaron y que ahora quieren regresar por lo suyo.

Cuando en la década de los 80 la mayoría de las edificaciones coloniales amenazaban ruinas y las callecitas de Cartagena se podían transitar rememorando tiempos idos, todavía el Edificio Pombo era centro de la actividad comercial y profesional. Importantes abogados de la ciudad tenían allí sus oficinas: Roberto Malo Pupo, Atenógenes Barboza (padre del exalcalde Alberto Barboza Senior), Roberto Schamur Manzur, Álvaro Berdugo Arnedo, Augusto Fernández Díaz, Fernando Burro Marrugo, Roberto Camacho, Pedro Pacheco Osorio, Miguel Farah Okia, Rodrigo Manotas Trujillo, entre otros.

El caso de la terraza era recurrente desde la década de los 80. En un acta No 2 de 1986 que poseo, los propietarios realizaron una asamblea general extraordinaria para tomar correctivos, ya que las áreas comunes del edificio comenzaron a usufructuarlas personas particulares afectando el manual de la propiedad horizontal, y además, había que impermeabilizar la terraza, porque el agua lluvia estaba afectando la estructura. La entrada al edificio, contigua a las oficinas de administración, y el patio las estaban usando ilegalmente. Había que recuperarlas. Hoy, sobre el lugar donde reposa la poza séptica, —como se dijo— vive Pacha, la mujer adulta mayor que alega no tener donde vivir. Llegó allí en los tiempos en que el edificio estaba prácticamente abandonado, donde cualquier persona se metía y aseguraba la posesión de alguna de las oficinas abandonadas y en ruinas.

Electo Cáliz Fernández, un economista, publicista e impresor de artes gráficas, es sucesor de Electo Cáliz Amador que tenía un local comercial en el primer piso donde funcionaba una litografía. Había sido designado administrador del edificio, pero fue depuesto por una asamblea de propietarios que ya fue demandada por otros aduciendo ilegalidad. Fernández se ha quejado ante las autoridades distritales por la negligencia de darle trámite a la inscripción del acta de la que considera la verdadera asamblea.

El edificio Pombo está enfermo. Dos décadas de abandono pesan sobre sus vigas y columnas que lo hace una mole hermosa pero peligrosa, si no le hacen las intervenciones estructurales que un estudio patológico demande. Mientras tanto, en sus entrañas hay una pelea por su administración y la posesión de sus oficinas.

 

Compartir.

About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.