En la misma cama con su enemigo (II). Capturado Morón, victimario, ¡y el juez Arrázola lo dejó con domiciliaria!

Aquí la policía judicial le canta la tabla al expolicía Morón cuando fue capturado el 23 de abril. Al día siguiente el juez ¿prevaricador? Arrázola lo mandó para la casa. (Cortesía).

Arinda García Cantillo, 33 años, despertó esta madrugada con mucho miedo. Había sentido un alivio profundo cuando su victimario fue aprendido al mediodía del 23 de abril de 2018. Su corazón presentía que su enemigo se volvería más violento que nunca, porque por primera vez lo encerrarían en la guandoca, ya que fue capturado Morón, su victimario. Ella lo conoce perfectamente.

Giovanni Renato Morón Valenzuela es un hombre violento, irracional y es un psicópata social. Es el parecer de ella. ¿Acaso vivir 12 años con su enemigo en la misma casa y durmiendo en la misma cama, no es suficiente para creer en sus temores? Pero Arrázola —el juez municipal de garantías— le dio la domiciliaria con brazalete electrónico, con lo cual pudo firmar la sentencia de muerte de otra mujer maltratada.

¿Qué pasa en el poder judicial? Una es de cal y otra es de arena. ¿Estará sucediendo lo que le sucede a las mujeres maltratadas que su enemigo está dentro? ¿Están preparados los administradores de justicia para resolver delitos como la violencia intrafamiliar y el feminicidio? Antes del mediodía la policía judicial de la Fiscalía, en un operativo relámpago, capturó al expolicía Morón, quien en una forma continua y sostenida, viene cometiendo el delito de violencia intrafamiliar agravada en contra de Arinda García Cantillo y de sus dos hijas, tal como lo relatamos en la primera entrega de esta serie.

Y para que la fiscalía actuara, el director de la seccional de Bolívar, Francisco López Sierra, se tuvo que emputar (emoción donde se mezcla el enfado con la indignación) con sus subalternos, especialmente con la fiscal Daveiba Ávila. (Se habrá emputado con el caso de las amenazas del pastor Arrázola contra este periodista por el solo hecho de haberle hecho control social a su iglesia Ríos de Vida, donde toda Colombia las vio en los videos, pero el fiscal Laureano Lombana es el único que no la ha visto).

¿Qué es la violencia intrafamiliar?

El Código Penal Colombiano, lo define así en el artículo 229:

“Violencia intrafamiliar.  Artículo modificado por el artículo 33 de la Ley 1142 de 2007.  El que maltrate física o sicológicamente a cualquier miembro de su núcleo familiar, incurrirá, siempre que la conducta no constituya delito sancionado con pena mayor, en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años.
La pena se aumentará de la mitad a las tres cuartas partes cuando la conducta recaiga sobre un menor, una mujer, una persona mayor de sesenta y cinco (65) años o que se encuentre en incapacidad o disminución física, sensorial y psicológica o quien se encuentre en estado de indefensión”.

O sea, existen todas las pruebas para que a Morón lo manden a la cárcel de Ternera.

(Leer: Funcionarias del Distrito, en la misma cama con su enemigo)

¿En que estadística encaja Arinda?

Ojo colombiano. Así quedó Arinda, después de la tortura de su marido el expolicía Giovanni Morón. El juez Arrázola ni se inmutó, mandó su agresor a casita.

Veamos algunos datos que se conocen en Colombia sobre la violencia intrafamiliar, violencia de género y feminicidio. Son datos que ni siquiera digerimos, que se nos olvida fácilmente, porque en América Latina nuestra memoria es muy corta, es memoria de gallina. Y por esta razón repetimos el mismo error una y otra vez. Me pregunto, ¿en dónde carajo encuadra el caso de Arinda? Su caso es un dato más para los investigadores de Medicina Legal, de las universidades, de las instituciones dedicadas al tema, de los activistas de derechos humanos,  y de nosotros los periodistas. Hagamos un escaneo de cómo la prensa registra estos hechos que nos dicen mucho de la clase de sociedad donde nos encontramos envuelto. Una sociedad violenta, donde la mitad vive atemorizada y la otra mitad ataca por miedo. Una sociedad donde se duerme con el enemigo en la misma cama y tu no eres consciente de ello. Ajá, si tu papá maltrataba a tu mamá, ¿no es normal que tu lo hagas con tu compañera o tu hija?

  • En lo corrido del año 2018, 3014 mujeres han sido maltratadas por sus parejas y excompañeros sentimentales, según reveló un informe de la Universidad Libre. Esta cifra sigue siendo preocupante a pesar de que se ha disminuido los casos respecto a las cifras reportadas para 2017 cuando en el mismo período se presentaron 3455.
  • El feminicidio —“violencia por su condición de ser mujer o por motivos de su identidad de género”, como lo define la ley 1761 de 2015— aumentó 22 por ciento, al pasar de 100 muertes, en 2015, a 122 muertes, en 2016. 
  • “Estamos hablando que, en 2017, de 940 casos, tenemos 130 de agresión de la pareja. Los departamentos el Valle, Antioquia y Bogotá es donde hay mayor impacto de homicidios”. Esto lo dijo el que fuera  inspector general de la Policía, general José Vicente Segura.
  • La Fiscalía reveló que en los últimos diez años se han abierto 34.571 procesos relacionados con feminicidio (asesinatos de mujeres en relación con su género), para los cuales sólo se han presentado 3.658 condenas. Es decir, una impunidad cercana al 90%.
  • El 50% de las amenazas provienen de compañeros sentimentales, el 30% de exparejas y el 10% de esposos y novios.
  • De 10 casos que se presentan actualmente de maltrato en una relación de pareja, solo 3 son informados a las autoridades.

La realidad

Cartagena de Indias, 24 de abril, 1:05 de la mañana. Al otro lado de la línea telefónica escuché una voz angustiada. Era Arinda, la protagonista de esta historia. Pero su voz ya no era de esperanza cuando supo la captura de su depredador el día anterior. Al mediodía del 23 de abril, sintió un alivio  cuando le informaron que la policía judicial de la fiscalía había apresado a su victimario. Pensó que la pesadilla de casi 13 años había terminado, sin embargo, tomó las medidas de seguridad pertinentes para proteger su vida y la de sus dos hijas.

Pero el juez municipal de control de garantías, Guillermo Arrázola  Negrete, (¿Arrázola?) ponderó la posición de la fiscalía que solicitaba medida de aseguramiento intramural, y la de la defensa del indiciado que había solicitado la domiciliaria. ¿Adivina a quién favoreció? ¡Adivinaste! Al victimario. Consideró que no era un peligro para la sociedad, que más daño hace una paloma que el exmarido violento. Un hombre con un evidente  trastorno de personalidad debido a su comportamiento irracional, pero no es loco. Aparentemente es un depredador sexual y social que desde hace más de 12 años y 10 meses le viene haciendo la vida imposible a la madre de sus dos hijas. Si, 12 años de martirizado matrimonio, y 10 meses desde que Arinda decidió denunciarlo ante la fiscalía y echarlo de la casa. Además, ¡era un mantenido!

Cuando a una persona del perfil de Morón lo pone al descubierto su víctima, no podemos creer que le vaya a llevar flores a su casa, pedirle perdón de rodillas y asegurarse de no repetir su comportamiento violento. De acuerdo a la teoría sociológica de la anomia, de Emily Durkheim, cuando un agente social no respeta las normas de convivencia —como el caso de Morón— le importa un bledo repetir su comportamiento violento en contra de su víctima, ya que considera que ella es la causante de su “desgracia” y no su conducta criminal.  ¿Entenderá el concepto de victimología el juez Arrázola? Evidentemente, ¡no! Pero estos son los administradores de justicia que tenemos.

Ahora bien. La conducta del juez Arrázola podría ser prevaricadora, y aquí sí tendría problemas con la justicia, puesto que su conducta pasaría de un error judicial a un delito que pagaría con cárcel. ¿Por qué? Porque para darle domiciliaria debía examinar la potencialidad criminal del imputado basada en pruebas concretas. Y si el juez quiere más pruebas, debió hacerse varias preguntas. ¿Medicina Legal le hizo el perfil psicológico al indiciado? ¿Cuál es la interpretación de los hallazgos de la entrevista criminal que se le había hecho? ¿Cuáles son los antecedentes del indiciado?

Señor juez Arrázola, ¿conocía usted que el agresor, Giovanni Renato Morón Valenzuela, tiene antecedentes? Para su conocimiento, tenga esta prueba. ¡Exáminela!

 

Juez Arrázola, y después no me diga que no lo sabía. ¿Revisó usted ese proceso? ¿La fiscalía se lo presentó antes de que usted le diera la domiciliaria a Morón?

Si ayer la fiscal 26 Daveiba Ávila Olivares había revictimizado a Arinda García, al poner a dormir el proceso, hoy lo está haciendo el juez Arrázola al darle la domiciliaria a un potencial asesino. Dicha potencialidad no se puede resolver con un tratamiento psiquiátrico que usted ordenó en su sentencia, señor juez Arrázola. Ni tampoco con un brazalete electrónico. Una fuente de entero crédito del INPEC, me dijo que aquí en Cartagena hay una escasez de brazaletes. O sea, que a Morón lo mandarán a su casa totalmente limpio, y podría atacar a su víctima en cualquier momento.

¿El juez Arrázola le hubiese gustado que un colega suyo hiciera algo similar con una de sus hermanas, su hija o de su propia madre?.

Pero Arrázola, probablemente no tuvo tiempo de examinar las pruebas y solo escuchó al defensor del victimario, ¿por qué se apresuró a darle la domiciliaria? Es que el juez Arrázola es diligente para estos casos, pero negligente y omisivo para la mayoría de los casos. Por ejemplo, el 6 de marzo de 2017, el Consejo de la Judicatura lo conminó a que no durmiera los procesos judiciales en su despacho cuando fue juez Promiscuo de El Carmen de Bolívar. En un fallo ambiguo —donde dice que sí es responsable de negligencia, pero no se hace necesario un acompañamiento judicial a un proceso que conocía—, la Resolución No. CSJBOR17-107 del lunes, (dale clic) 06 de marzo de 2017, con la firma de su presidente, Iván Eduardo Latorre Gamboa, dice:

Conminar al doctor Guillermo Arrazola Negrette, Juez Promiscuo del Circuito de El Carmen de Bolívar, para que revise y mejore (el) sistema empleado en el juzgado para evacuar los procesos, en aras de disminuir los tiempos en los que estos están siendo tramitados, pues se continúan presentando situaciones de mora judicial, que resultan similares a otras ventiladas en Vigilancias anteriores.

Omisivo y negligente para defender los derechos de una victima de violencia de género, pero diligente para darle la domiciliaria a un potencial asesino misógino. El mismo fallo del juez Arrázola tiene una fuerte carga misógina. O sea, que Arrázola revictimiza a Arinda, una mujer que se atrevió a romper la barrera del silencio y del miedo. Una decisión judicial que se convierte en un mensaje negativo para centenares de miles de mujeres que son oprimidas por sus tiranos domésticos, maltratadas, abusadas y desechadas como si fueran cualquier cosa.

Ahora son tres mujeres que huyen de su tirano misógino: Arinda y sus dos hijas. ¿Y qué es la misoginia? Es un concepto social para referirse a la aversión a las mujeres y niñas, pudiendo manifestarse en forma leve o bien como un desprecio u odio a las mujeres. ¿Quién parió a un misógino? ¿Una mula? ¿Una perra? ¡No! Lo parió una mujer que vio crecer su abdomen en 9 meses, al cabo de los cuales, lo besó, lo amamantó y lo crió. Y cuando ya el misógino está criado, sufre el síndrome del alacrán: Se come a su propia madre.

Dentro de diez años, cuando sus hijas sean mayores de edad, ¿qué historia les contará Morón? ¿Recibirá un homenaje similar como el que recibió su primo hermano, Jaime Morón, legendario futbolista, y en cuyo honor se bautizó el estadio de fútbol de Cartagena? Y pienso en la solidaridad con Arinda. Los animalistas cartageneros han sido más solidarios con la perra pitbull que con la niña que agredió por puro estrés, y no porque tenga instituto criminal, en tanto que Arinda necesita el doble de solidaridad, ya que su agresor es peor que un pitbull alborotado con las feromonas de una perra en celo.

¿Le revocarán la domiciliaria a Giovanni Morón? Si hay justicia, ningún juez lo dudaría. No tengo nada particular contra el imputado Morón o su familia. No lo conozco. Pero el misógino necesita más que brazalete electrónico, tal vez una camisa de fuerza, tal vez amor. Pero, ¿quién le puede dar amor si lo que de su alma expela odio? ¡Todas las mujeres se solidarizarán con Arinda! Y los hombres que amamos a las mujeres, estaremos con ella en estos momentos de dolor. ¡¿Quien dijo yo?!

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.