Antonio Quinto: ¿Guerra perdida?

Quinto sigue en la batalla a pesar de todo. Aquí con lideres de las islas.

¿El mal momento de la candidatura de Antonio Quinto es una guerra perdida? Desde que Guerra Varela inscribió su candidatura en las elecciones atípicas a la alcaldía de Cartagena estuvo revestida de dudas, y todo hace presagiar que es una guerra perdida. Lo será si sus contrincantes más inmediatos (Andrés Betancourt, César Anaya, Javier Bustillo, David Múnera, Lía Muñoz, Armando Córdoba y Jorge Quintana) le apliquen la política del voto útil y puedan capitalizar la crisis de credibilidad de su candidatura.

Pero esos siete candidatos no se han puesto de acuerdo para presentar una candidatura fuerte con un pacto político por Cartagena para oponerse a la maquinaria de Quinto. Sus grandes egos son superiores al deseo de servirle a la ciudad y por esta razón tampoco generan confianza en el electorado.

La guerra de Quinto no solo es contra el procurador general Fernando Carrillo Flórez, o contra sus rivales. ¡No! Guerra Varela tiene un lío jurídico de quinto piso. Si se salva del CNE le espera la Comisión Quinta del Consejo de Estado, en el supuesto caso que venza a todos sus rivales y logre ser elegido alcalde el próximo 6 de mayo. Se puede aducir que cuando el Consejo de Estado se pronuncie, ya Quinto habría terminado su mandato. Pero si no lo hace el Consejo de Estado, lo hace la misma Procuraduría, y ésta sí que lo haría mediante un proceso verbal que, al quinto mes, ¡zas! quedaríamos sin Quinto alcalde, y lo podrían inhabilitar. Entonces, le saldría más caro el ajo que el pollo, como decía mi abuelita.

(Puede leer: ¿Se caerá Quinto con su estantería?)

¿Quién querrá otro alcalde en interinidad? Nadie. Como sabemos que la Procuraduría a quien se la monta lo desmonta, independientemente de quien esté como titular, la suerte de Quinto no será color de rosa. ¿No lo hizo con Moreno y Petro en Bogotá? ¿No lo hizo con Manolo Duque en Cartagena? Esto implicaría que la Procuraduría, una vez gane Guerra Varela, demande la elección y pida una medida cautelar.

Pero Quinto tiene otro problema mayúsculo. La guerra contra la duda y por la credibilidad y seguridad que un candidato debe brindarle a un electorado que está mamado (cansado) de las maquinarias políticas y de la incertidumbre que significa un gobierno de interinidad. Manolo Duque ganó esta guerra, porque la duda que significó su no inscripción transitoria (2015) por la Registraduría Distrital la capitalizó a su favor. Y esto sucedió porque su campaña le hizo creer a Cartagena que las maquinarias políticas no querían verlo en la contienda, ya que le ganaría al candidato de las maquinarias que era, precisamente, Quinto, quien venía punteando en las encuestas.

Cuando el exalcalde Carlos Díaz Redondo salió como candidato a la alcaldía en 2012, se propaló injustamente la idea de que estaba inhabilitado, porque tenía un proceso de juicio fiscal en la Contraloría y, aunque presentó poco tiempo después un paz y salvo, ya el daño estaba hecho. La candidatura de Campo Elías Terán había alcanzado vuelo con el apoyo popular y de los financistas, y Diaz quedó reducido a su mínima expresión, puesto que solo le acompañaron sus más fieles amigos.

Si todas las vertientes políticas, si todos los financistas, si todos los concejales que tienen casa por cárcel, y la mayoría del concejo que sesiona está con Guerra Varela, ¿funcionaría la táctica electoral de decir que los políticos no quieren a Quinto? Indudablemente que no. La creatividad política de la campaña de Guerra debe ser mayor en estos momentos de crisis de  credibilidad. ¿Cómo voltear la arepa? ¿A quién le echaría la culpa de su mal momento si el mango por la sarten la tienen las casas políticas y financistas que están con Quinto?

La suerte de Quinto

Si ganar un quinto de la lotería para muchos es una gran ganancia, en política sería una derrota, ya que aquí lo que vale es ganarse todo el billete. La gente de Cartagena no querrá botar su voto como ya lo ha hecho en otras oportunidades. El mismo Quinto lo sufrió en las elecciones precedentes. Cuando se creía ganador, el electorado cartagenero votó masivamente por Manolo Duque en 2015. Y toda su maquinaria —que es la misma que tiene ahora pero remasterizada y recargada— solo se ganó el quinto de lotería cuando lograron apostarle en último momento a Manolo, cuando ya José Julián Vásquez —hermano de Manolo— tenía todo repartido.

Como los de la maquinaria no quieren perder, es muy probable que ya tengan su plan b, independientemente de lo que diga el CNE en el día de hoy. ¿Sustituirían a Quinto por César Anaya o repartirían las cargas entre los dos? ¿Una parte de la maquinaria se deslizaría subrepticiamente hacia Betancourt? La maquinaria política podría llegar a un acuerdo político y burocrático con Anaya más que con Betancourt. ¿Por qué? Porque desconfían de Andrés. De suyo, los empresarios implícitamente ya están dando los pasos para donde Betancourt, y éstos no aceptarían que en último momento lleguen como llegaron cuando Manolo o Campo ganaron la alcaldía de Cartagena. Ellos mismos le pusieron la zancadilla a la alcaldía de Duque Vásquez y del mismo Campo cuando vieron que no tenían tanto juego político, ya que el mango de la sarten lo tenía José Julián y sus aliados, o Juan José García, en el caso de Campo.

La desbandada de la campaña la inició el Consejo Intergremial de Bolívar que pidió no votar por candidato que genere incertidumbre— refiriéndose a la presunta inhabilidad de Quinto, tal como lo denunció la Procuraduría General:

“La crisis social que vivimos en Cartagena no resiste más incertidumbres ni escándalos jurídicos. Como promotores de la democracia y la libre empresa, expresamos nuestra preocupación ante la posibilidad de que en las elecciones atípicas de la ciudad resulte elegido un candidato sobre el cual pesa un cuestionamiento jurídico en torno a su probidad para ser alcalde”.

En el día de hoy se tenía previsto que el Centro Democrático oficializara su apoyo a Quinto, pero ya se anunció oficialmente que fue cancelado el acto. Es probable que le hagan caso al Consejo Intergremial. Algunos jefes políticos ordenaron a sus seguidores desmontar la propaganda de Quinto de sus vehículos, y en su lugar colocar la de Betancourt. Por redes sociales se observa cuando algunos de los ex simpatizantes de Quinto le quitan el aviso autoadhesivo a sus carros. Y esto sucede a solo cuatro días de las elecciones, algo fatal en unas elecciones atípicas. ¡Quinto la tiene de p’a arriba!

¡Tranquilo!, dice Toncel

Tranquilos, el CNE ratificará la inscripción de Quinto, dice el jurista Wilson Toncel Gaviria, conjuez del Consejo de Estado.

En el último momento, el prominente abogado Wilson Toncel Gaviria, conjuez del Consejo de Estado, en un intento desesperado por evitar la inminente desbandada quintista, hoy convocó a la prensa para decirle, ¡tranquilo! Quinto no está inhabilitado y frente al recurso de reposición que el CNE debe desatar hoy, dijo:

“No hay argumentos probatorios nuevos que modifiquen la decisión anteriormente tomada por el CNE, que fue confirmar la inscripción de Quinto. Los argumentos de la inhabilidad ya fueron estudiados por el CNE y no hay pruebas nuevas que varíe el criterio de la mayoría.”

Es cierto lo que dice el abogado Toncel, pero se le escapa una cosa, el artículo 20 del Código Electoral dice:

“En las reuniones del Consejo Nacional Electoral (CNE) el quórum para deliberar será el de la mitad más uno de los miembros que integran la corporación y las decisiones en todos los casos se adoptará por las dos terceras partes de los integrantes de la misma”. 

Fíjense el límite que impone la norma: “(…) en todos los casos”. Si existen dos conjueces, ¿de cuánto es el numero plural de la corporación? Hagamos una suma. Si en el caso donde se votó no hubo la mayoría calificada para adoptar una decisión había nueve (9) miembros, que es el numero normal, y sí se suman dos, la corporación quedaría integrada para este caso en específico por 11 integrantes. Y sí se le aplica lo que dice el artículo 20 que determina las dos terceras partes, estaríamos hablando de siete votos como mayoría calificada y no seis, tal como sucedió el pasado jueves. Esta es la tesis de la Procuraduría, lo cual sería una argumentación de fondo, y se vendría la estantería encima a la maquinaria política de Quinto.

¡Atención! Quiero aclarar algo, este es un análisis político y lo hago con mucha transparencia. Quinto, Andrés Betancourt, César Anaya, Javier Bustillo y demás candidatos saben que no estoy al servicio de ninguna campaña. Dado a que esto es verdad, obro con independencia. Mi amor por Cartagena me impulsa a publicar lo que mi análisis determina. Soy un periodista libre, y no tengo temor a equivocarme o a herir la susceptibilidad de algún candidato. Todavía no ha nacido el político o financista que me pueda pagar lo que yo valgo.

De hecho, hay un manto de duda en la inscripción de la candidatura de Antonio Quinto Guerra Varela. Duda —que de ser elegido alcalde— lo sometería a una debilidad manifiesta desde el punto de vista de la gobernabilidad política, ya que se tendría que defender a posteriori por posibles demandas de nulidad de su elección, y entonces sería una pelea entre Quinto frente a la Sección Quinta del Consejo de Estado o ante la Procuraduría de Fernando Carrillo.

Pero Quinto tiene algo MÁS FUERTE en su contra, la tendencia del electorado cartagenero de votar contra la maquinaria política. Desde Nicolás Curi —quien casi pierde por el voto en blanco, lo salvó Mery Luz Londoño quien no quiso renunciar— la tendencia es a votar contra el candidato de la maquinaria, no importa que su contrincante no tenga idea de cómo administrar la cosa pública. Ejemplo: Maria Mulata, Campo, Dionisio y Manolo. El que no conoce su historia, está condenado a repetirla en forma de tragedia. Es importante que un candidato sea integral para sacar adelante a nuestra ciudad.

La inhabilidad de Antonio es irrelevante. Es una batalla que puede ganar en el estrado del CNE, pero le espera la batalla final el domingo 6 de mayo. Son más de 200 mil jueces que decidirán el destino de esta Cartagena del Despeluque. Y será la batalla que Quinto espera vencer, pero podría ser una guerra perdida. Y aquí perderíamos todos y todas, ya que volveríamos a comer —como dijo Gabriel García Márquez en el Coronel no tienen quien le escriba— la misma mierda anterior.

 

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.