En la misma cama con su enemigo (III). Marjorie, víctima de “stealthing” (sigilo), revictimizada por la justicia.

Quitarse el condón sin el consentimiento de la pareja, es un acto peligroso, que puede desgraciar la vida de la victima.

Marjorie Monroy Ochoa, es una típica cartagenera que celebró sus 35 años de edad este 29 de abril. Cuando cumplió los 30 años, en una noche loca con más de dos copas, se dejó seducir de un encantador de serpientes, y a partir de allí comenzó a sufrir las consecuencias de sus actos: Un niño que ama con todo su corazón y un acosador que le roba su tranquilidad y falla con su asistencia alimentaria y una justicia morosa que la revictimiza.

En esa noche loca, Marjorie se tomó una «margarita» y luego vino la segunda. Charlaba y reía con sus amigas. Solo una de ellas sabía del despecho que vivía. Prácticamente terminó con su novio que se había ido al extranjero por razones laborales. Su alma estaba frágil, estaba muy sensible. Esa noche Fredy la había llamado, y luego se presentó donde estaba el grupo de mujeres. Marjorie apenas lo conocía, quizás era su segundo encuentro cara a cara. Esa noche durmió en la misma cama con aquel que creía que era el remedio para su despecho, pero cuando despertó, se dio cuenta que estaba en presencia de un enemigo, de una de sus pesadas pesadillas.

Como funcionaria pública de Corvivienda adscrito al Distrito de Cartagena de Indias, Marjorie atiende público, ya que es trabajadora social. Es otra de las mujeres que quisieron romper el silencio. Vale decir, que el primer paso que debe dar una mujer maltratada es presentar la denuncia ante la fiscalía o la comisaría de familia, y luego buscar apoyo profesional o de la familia.

¿Tienes condones?

Al final de la noche, en medio de su borrachera, cuando ya estaban en la cama, recuerda que le preguntó a Fredy si tenía condones. Éste le dijo que sí. Y entonces recordó que ella misma hizo que comprara una caja donde vienen tres condones de colores. Y se sintió segura. Sin embargo, al final del encuentro (¿desencuentro?) sexual se dio cuenta que el muy “malvado” se había quitado el condón antes de finalizar. ¡Miércoles! “Fui víctima de stealthing” (cuando la pareja se quita el condón sin el consentimiento de la otra), pensó. Y con tal tino que esos días eran de ovulación. Osea: Desprendimiento natural de un óvulo maduro del ovario que, después de atravesar la trompa de Falopio, pasa al útero y puede ser fecundado.

Además de arriesgar un embarazo no deseado y la propagación de enfermedades de transmisión sexual, el stealthing (el sigilo) es experimentado por muchos como una grave violación de la dignidad y la autonomía,  tal como lo han denunciado varias expertas en crímenes de género. La víctima no solo es la mujer sino también los hombres con preferencia del mismo sexo.

Al amanecer, Marjorie se despertó atribulada con un pensamiento fijo en su cabeza:

“¿Quedaría embarazada? No puedo quedar embarazada. ¡Ay, Dios mío!”

A partir de ese momento, 31 de octubre de 2012 ella cree que todo lo que ha hecho ha sido mal. Y no deja de culparse por lo sucedido. ¿Qué hacer? De inmediato, una amiga le recomienda la pastilla postday (día—después). Se la tomó. Le había comentado a su amiga que era improbable que se diera un embarazo, pero temía mucho de quedar embarazada. Tenía un solo ovario, y era su esperanza de no salir embarazada. ¿Cómo salir ahora con una barriga sin haber terminado sus lazos afectivos con aquel que se había ido al extranjero y por el cual se había tomado unas copas de más? ¿Quedar embarazada por un cuasi—desconocido?

Pasaron 15 días, y la menstruación no le llegó. Vinieron las pruebas de embarazo y la ecografía lo confirmó. ¡No era posible! Pero fue posible. Y, recordando aquel momento,  Marjorie me dijo:

“Mi hijo tenía que nacer. Contra todas las probabilidades, quedé embarazada.”

Al principio no lo creyó. Pero prueba tras prueba le comprobó lo que ya temía: ¡un embarazo no deseado!

“Dame la oportunidad”

Marjorie tenía dos problemas que enfrentar. El primero, llamar a su anterior novio y comentarle lo sucedido. Así lo hizo. Y para sorpresa, no le recriminó y hasta se abrió la posibilidad de aceptarlo y ayudarle en la crianza de un hijo que no era suyo. De igual manera su compañera de apartamento le dio total apoyo para salir adelante en una situación que no esperaba. El segundo, darle la noticia a Fredy y decirle que ella iba a resolver la situación. Pero él, llorando le dijo que había soñado con tener un hijo, y en vez de abrirse, el individuo la persuadió para que terminaran viviendo juntos, le habló de ser un padre responsable, de darle amor y de apoyarla para sacar adelante al hijo. Le dijo que lo cuidará y evitará que otros le hagan daño. Esto hace que Marjorie recuerde que Fredy sufrió mucho por las quemaduras de tercer grado que le dejaron tatuada una parte de su cara cuando era un pelaito. Le gustaba jugar con fuego. Es muy probable que un fósforo y un poco de combustible serían sus juguetes favoritos. De alguna manera, al sufrir esas quemaduras —según Marjorie— Fredy es víctima de bulling. Frente a esta situación recibió una sobre—protección de su madre, incluso, ya adulto.

En la memoria de la joven Marjorie, hace un salto en el tiempo y recuerda cuando comenzó a tratar a su posterior victimario. En una oportunidad cuando se estaba viendo el partido de fútbol Uruguay—Colombia, sonó el timbre del apartamento. Al abrir la puerta apareció Vergara con una bolsa, de la cual sacó un mango y una bolsa de fresas. Las dos cosas que más le gusta a Marjorie. (“¿Quién se lo habrá dicho?”), pensó ella. “No importa, es un chico muy detallista, sabe lo que quiero”, fue la frase que le agregó a sus pensamientos.

Pero ahora se enfrenta a una realidad que no esperaba. Estaba decidida a tener a su hijo pero sin Fredy Vergara. Cuando se encontraron y ella le dijo su determinación, le lloró y le suplicó que lo tuviera porque iba a ser el padre que nunca había tenido. Le dijo casi suplicándole:

“Por favor, dame la oportunidad. ¡Quiero ser un padre responsable!”

Pero como no conocía a su ulterior “enemigo”, Marjorie decidió asentir y llevárselo a vivir en el apartamento que compartía con dos amigos, una mujer y un hombre.

“No le puse resistencia—Me dijo. Y en el primer mes fue un puntal muy importante para mi. No tenía ingresos sostenibles, solo vendía chocolate y perfumes en la universidad. Ganaba el mínimo”, comenta Marjorie.

Así duró un mes completo. Con esa conducta se ganó la buena voluntad de la joven mujer. Al segundo mes comenzó a destaparse.

“Tenía una exnovia de la cual no había roto sus lazos afectivos. Llegaba borracho y comenzaron los problemas de convivencia, problemas económicos, problemas de todo tipo. Me pasó de todo. Me mudé con él a otro apartamento, y yo corría con todos los gastos. No aportaba nada.”

En realidad duraron viviendo mes y medio. La situación de convivencia se agravaba. Vino el maltrato, la violencia psicológica, el deterioro de la autoestima, la manipulación, la inasistencia alimentaria de su hijo de cinco años. De lunes a viernes llegaba a las 10 y 11 de la noche. Los fines de semana no llegaba a casa, y si llegaba era alicorado.

Una vez cuando me encontraba comprando las cosas que necesitaba para el parto, lo llamé para que me ayudara, ya que me sentía muy mal, el tipo me dijo: «Cree que estoy desocupado para perder el tiempo»”.

A partir de esos momentos, comenzó a despertar y a ser consciente de que había caído en una trampa. Ya no iba a soportar más la violencia psicológica, el maltrato. Marjorie tomó la decisión de dejarlo por completo. Y así lo hizo.

Acciones judiciales

No solamente lo dejó sino que también presentó acciones judiciales para que Fredy Vergara respondiera por sus obligaciones como padre, y una de estas esenciales obligaciones era la asistencia alimentaria. Para esto se hizo una conciliación en la Comisaría de Familia Zona Centro, el 18 de diciembre de 2014 con el auto No 372, donde la comisaria señala que el acta presta mérito ejecutivo. Pero el que le había dicho que iba a ser “padre ejemplar”, no cumplió con la conciliación, a pesar de estar vinculado como docente e investigador en la Universidad de Cartagena y el Instituto Tecnológico Comfenalco.

Ante esa situación, 22 de marzo de 2017, Marjorie se vio en la necesidad de presentar un mandamiento de pago ante el Juzgado Séptimo de Familia del Circuito Oral de Cartagena con el fin de obtener el pago de las mesadas atrasadas desde la conciliación. Este proceso ejecutivo fue radicado con el No 69 de 2017. La suma fue de $14.742.000, más $572.000 mensuales, y se configuró un embargo tipo 1 y otro tipo 6. El juzgado tomó la medida cautelar de embargarle a Fredy Vergara el 20% de sus ingresos salariales y emolumentos. Hasta aquí todo bien. El problema es obtener el dinero de los títulos que se convierte en una odisea, ya por la tramitología del proceso judicial, ya por los obstáculos que presenta tesorería de la Universidad de Cartagena para hacer efectivo el pago del embargo.

De la misma manera, por violencia de género, presentó una denuncia ante la Comisaría No 1 con radicado No 035 de 2017, ya que llegó a su casa y en forma violenta la trató, pateó y destrozó parte de la puerta y, además, la insultó con palabras denigrantes. La comisaría solicitó protección policial para el hogar de la víctima, pero ésta no se ha cumplido.

Los procesos han sido lentos hasta convertirse en una tortura china para Marjorie. A veces quiere dejar las cosas así, pero quiere llegar al final para que sirva de ejemplo a las demás mujeres que reclaman sus derechos y los de sus hijos.

Lo que comenzó con una noche loca, se ha convertido en una tortura para Marjorie y su hijo de 5 años. Como el “stealthing” no se castiga en Colombia, ya que la pareja puede aducir que se le rompió o se le salió accidentalmente el condón, Marjorie no presentó ninguna denuncia. Pero sería bueno que el poder judicial entienda que estos problemas no solo son pasionales sino que es una práctica indecorosa, y violatoria de los derechos de género, especialmente de la mujer, que es dueña de su propio cuerpo y nadie —ni siquiera su esposo— puede determinar un embarazo sin su consentimiento. El sigilo (quitarse el condón en el acto sexual) es un crimen.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.