Quinto alcalde, pero no ha cesado la horrible noche. La Procuraduría le respira en el hombro

No ha cesado la horrible noche para Quinto, la guerra continúa. La Procuraduría le puso una espada de Damocles sobre su cabeza. En menos de un mes, o quizás dos meses, le podrían suspender.

Antonio Quinto Guerra Varela, 55 años, nacido en Mahates, alcanzó uno de sus sueños, ser alcalde de Cartagena. Uno se puede alegrar por él, porque la luchó duro contra una Procuraduría General de la Nación (PGN) que no tuvo eco en el Consejo Nacional Electoral (CNE) y, porque como cualquier político, es muy amable y cordial y conoce la cosa pública, pero su suerte y la de toda la ciudad estará ligada a lo que le suceda con la espada de Damocles que pende sobre su cabeza. La PGN acaba de anunciar que instaurará una acción de nulidad electoral y medida provisional de suspensión, una vez Quinto caliente un poco el sillón de la Aduana o del  piso 23 del edificio Portus, sillón que, con sus posaderas, le tibió Sergio Londoño, alcalde encargado.

El sueño de Quinto se puede convertir en una desilusión o en una pesadilla, no solo para él y sus seguidores, sino para la ciudad entera. La Cartagena del despeluque pareciera que se sintiera cómoda con su Bestia  (como aquella pareja maltratada que se acuesta con su verdugo o verduga) que le pisotea su dignidad, la estruja y le vuelve la vida cuadritos. Pero esto no es culpa de los que votaron por Quinto (72.111 votos), ni siquiera del mismo Quinto, sino que es responsabilidad de aquellas personas (600 mil), que teniendo la oportunidad de cambiarle el curso de nuestra suerte no lo hicieron. Unas veces por pereza, otras veces porque no le dieron algún incentivo, porque les gusta ver los toros desde la barrera; o porque no confiaron en ninguno de los candidatos que se presentaron en esta contienda electoral atípica. Si nos toca hacer un análisis de las causas del resultado electoral, tendríamos que partir de todas esas premisas.

En realidad, los resultados se explican allí. La Cartagena del Despeluque vive una desesperanza aprendida, porque haga lo que haga, elija a quien elija, siempre va  a ser lo mismo. Se cansó de elegir en seguidillas a supuestos candidatos alternativos (María Mulata, Campo, Dionisio y Manolo) y no pasó nada con ellos, por el contrario, la ingobernabilidad creció y llegó a una situación más crítica. El pueblo puso de su parte, pero los líderes fueron inferiores a sus compromisos históricos de sacar adelante a una ciudad que les había dado la oportunidad de gobernar.

Y hay otro problema muy grave, la dirigencia popular si tu no le das dinero, no te camina por muy noble que sea la causa. Y tal vez ese fue el error de Andrés Betancourt de creer que los líderes, seguidores de César Anaya, por ejemplo, le iban a votar por el simple hecho de que su jefe haya firmado un pacto político a menos de tres días. Porque una vez lo firmaron, al día siguiente cerraron la sede principal de Manga de la campaña de Andrés y la gente quedó desorientada. ¿Será que se confiaron y fueron víctimas del triunfalismo que les dio el acuerdo firmado? A todas luces, la respuesta es sí. Cosa diferente lo que hizo la campaña de Quinto. Intensificó más su trabajo en los barrios y volteó a los líderes de César, de acuerdo con testimonios de diferentes partes de la ciudad.

(Por favor lea: Antonio Quinto: ¿ Guerra Perdida?)

Aclaro, no hice parte de ninguna campaña electoral para la alcaldía de Cartagena. He sido un analista crítico, pero propositivo. Presento el problema y doy la solución. El que la quiere coger que la coja. Señalé las debilidades de la campaña de Quinto y ellos se despertaron del “síndrome Gossaín” (triunfalismo) en los últimos tres días de campaña  Total, cualquiera que hubiese sido elegido le tendría que hacer control social a través del periodismo de investigación. Sin embargo, soy un periodista comprometido con el interés general. Y el hecho de que la candidatura de Quinto estuviera evidentemente cuestionada por la inhabilidad subyacente, era razonable que no pusiera a los cartageneros en ascuas, como hoy se evidencia y que lo advertimos oportunamente. Ante la duda, hubiese sido razonable que Quinto postergara sus aspiraciones, las cuales son justas, pero no ahora que está incurso en una inhabilidad evidente, la cual desatará la autoridad contenciosa administrativa y no la electoral.

El análisis publicado el 2 de mayo, dice:

“¿Quién querrá otro alcalde en interinidad? Nadie. Como sabemos que la Procuraduría a quien se la monta lo desmonta, independientemente de quien esté como titular, la suerte de Quinto no será color de rosa. ¿No lo hizo con Moreno y Petro en Bogotá? ¿No lo hizo con Manolo Duque en Cartagena? Esto implicaría que la Procuraduría, una vez gane Guerra Varela, demande la elección y pida una medida cautelar”.

Dicho y hecho, la PGN anunció pocas horas después del conteo electoral, que instaurará una acción de nulidad electoral “ante la jurisdicción contenciosa y no formulará solicitud de abstención de declaratoria de  elección  de Antonio Quinto Guerra”. Esto quiere decir que una vez se declare la elección de Quinto Guerra procederá a instaurar dicha acción y pedirá su suspensión provisional.

Y esa decisión de la Procuraduría se hace porque el Consejo de Estado Sección Quinta señala:

“El acto de inscripción, dentro de esa actuación, no es definitivo, sino de trámite o preparatorio, pues, en los términos del artículo 50 del Código Contencioso Administrativo, no le pone fin a  una actuación administrativa, en razón a que no decide directa o indirectamente el fondo del asunto, esto es, la declaración de la elección del alcalde.  (Radicación número: 23001-23-31-000-2003-02108-01, Magistrado Ponente Darío Quiñez Pinilla).

De hecho, la PGN pediría a la autoridad contenciosa que declare la nulidad electoral y mientras decida de fondo, se ordene la suspensión provisional del alcalde Quinto Varela. De nuevo, volveremos a la misma vaina anterior, de la cual ya estamos familiarizados: Alcalde encargado, terna del partido conservador, y el presidente se toma su tiempo para nombrar a un encargado. Si la suspensión la ordena en mayo, junio o julio, Santos podría nombrar a Sergio Londoño, mientras los conservadores se ponen de acuerdo. Quinto no querrá que Santos le nombre el encargado de su terna, y esperaría los resultados electorales de la presidencia. Si el presidente es Gustavo Petro se les acabaría la guachafita, y vendría un alcalde con decisión política para ponerle orden a la casa. Si es Vargas Lleras o Iván Duque, la solución del problema se lo dejaría a Martha Lucía Ramirez, del partido Conservador, que podría nombrar a una conservadora prominente de Cartagena como Roxana Segovia, en el supuesto caso que ella aceptara hacer parte de una terna. Si la autoridad de lo contencioso falla de fondo en contra de Quinto, entonces se designaría un alcalde que estaría administrando hasta el 31 de diciembre de 2019.

Eso es lo que podría suceder con el sueño cumplido de Quinto Guerra, o sea, una pesadilla sin fin para los cartageneros.

ANALISTA INVITADO

 

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.