Duque, la estirpe de un despojador de negros que consolidará un pacto criminal (I)

Iván Duque es aclamado en Cartagena, como lo hacen los 1 de junio las élites al conquistador Pedro de Heredia, cuyo monumento está al fondo de esta manifestación. ¿Estamos ciegos? ¿Pueden los negros despojados votar por su despojador? Cortesía.

Iván Duque hijo, ha sido ungido por la élite dominante y pastores de la prosperidad para ser el presidente de los colombianos. Pero la inmensa mayoría de los que votarán por Duque —como cuando votaron por Álvaro Uribe, en 2002, quien nos prometió el oro y el moro en su Manifiesto Democrático de 100 puntos— no sabe de dónde viene y cómo construyó su capital político o es parte de algún plan o pacto secreto para seguir reinando en este mar de iniquidad y de injusticia social.  Pareciera  que Duque  no matara ni una mosca pero en realidad las mata a puñado.  ¿Sabes por qué? Porque su familia está catalogada en la lista de los despojadores violentos originando la diáspora de negros empobrecidos de la Costa Caribe, muchos de los cuales han muerto esperando desde hace 30 años que el Estado colombiano obligue a los despojadores a devolverles sus bienes.

La familia Meza, víctima del despojo, es parte de esta historia de la infamia en la cual se encuentran involucrados poderosos grupos económicos y familias prestantes de Colombia, como es el caso de los Duque, tal como se le narrará en esta primera parte. Es una historia de la infamia que nos da vergüenza pero de la cual todavía no tenemos conciencia la mayoría de colombianos. Duque —de extracción liberal santista, heredero del turbayismo— se benefició directamente del despojo violento de tierras de negros nativos de la isla del Corcovado o Guaranao (Pasacaballos), Bahía de Cartagena, en la década de los 90 cuando los capitales del narcotráfico comenzaron a infiltrar los capitales bien habidos de empresarios honestos, y se inició la primera diáspora de negros.

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La estirpe del despojador

El padre del ungido, Iván Duque Escobar, aparece en la lista de la infamia de empresarios despojadores, ya que  era el principal de la junta directiva de Vikingos S.A. del grupo Santo Domingo cuando el 16 de julio de 1999 un grupo de afros —descendientes de Gilberto Meza Marimón— fueron vilmente despojados de sus tierras ancestrales con justos títulos para dárselas a esa empresa y convertirlas en criaderos de camarón que norteamericanos, franceses, italianos y japoneses disfrutan en restaurantes de gourmet sin saber que en cada langostino o camarón que consumen, hay una gota de sangre, sangre de negros y de mestizos despojados de sus propiedades.

Iván Duque Escobar, padre de Iván Duque Marquez, aparece como principal directivo de C.I. Vikingos S.A. (Grupo Santo Domingo) que despojara con paracos de Juancho Dique 700 hectáreas a la familia Meza en la isla de Guaranao el 16 de julio de 1999, Cartagena. Esta certificación es de 1996.

Mientras Duque papá, con el dinero del despojo, podía sostener el estilo de vida de la familia y, en especial, del hoy candidato presidencial Iván Duque, se produjo una diáspora de 102 familias descendientes de esos negros esclavizados que fueron arrancados del África ardiente para reemplazar a la población indígena de animosos flecheros que habían sido exterminados cuando pusieron a raya la penetración de los conquistadores comandados por Alonso de Ojeda en la conquista de la isla Carex, antes de que Pedro de Heredia regresara y fundara a Cartagena.

Duque hijo, el mismo que hoy simula escribirle cartas a sus hijas donde les dice que luchará por un «país seguro y respetuoso del medio ambiente», tal vez recibió cartas de su padre diciéndole cómo despojar a los más débiles y enriquecerse a costa de la pobreza de la mayoría. ¿Incongruencia? ¿Mera propaganda política? ¡Sin duda! Su padre liberal turbayista y luego belisarista —lo mismo que él, de liberal santista pasó a furibundo uribista— es un buen ejemplo a seguir, según su moral. Duque hijo obraba como uno de los integrantes de la Fundación Buen Gobierno, presidida por Juan Manuel Santos Calderón. Santos tenía su propio kindergarden en aquella aciaga década de los 90 cuando el poder paramilitar pasó de ser organizaciones institucionales (Convivir) a maquinarias criminales (AUC) que cometían masacres y asesinatos selectivos con el fin de quedarse con las tierras de campesinos y propietarios que se resistían a desplazarse o vender sus tierras.

De hecho, la disputa de los territorios entre guerrilla y paramilitares no tenía otro fin sino el poder territorial para el narcotráfico, el ejercicio de la política o desarrollar proyectos económicos extractivistas o de cultivos de exportación. Todos los grupos económicos del país tienen un grado de responsabilidad de los grandes crímenes contra la humanidad cometidos en el conflicto armado colombiano que jamás llegará a su fin mientras persista el sistema económico y político reinante. La guerra continuará, sobre todo, si  se oculta la verdad y los colombianos sigamos alienados eligiendo el camino de la perdición creyendo que estamos eligiendo nuestra salvación, impulsado por el miedo al verdadero cambio que nos han inoculado con campañas arraigadas en nuestras emociones. (Leer mi libro ¿Adiós a la guerra? Cinco claves para la paz).

La historia de Colombia está llena de pactos de élites, unas veces son secretos y otras veces avalados por el voto popular, pero no dejan de ser criminales cuando buscan hacer de la democracia un simple ejercicio formal para que las cosas continúen de la misma manera, como sucedió con el pacto de Benidorm (24 de julio de 1956) que parió el Frente Nacional. En estos pactos los círculos estratégicos se distribuyen periódicamente el poder del Estado en perjuicio de las mayorías. Lo grave es que los pactos de élites están cimentados sobre el despojo de los más débiles, ya que su finalidad es acumular indebidamente más riquezas.

En esta primera entrega del despojo de los Meza, se retrata un micro—escenario de cómo las élites dominantes desplazan a los pobres de sus territorios, los cuales ponen al servicio de sus proyectos económicos. El caso de los Meza, cuyos tatarabuelos fueron negros esclavizados por la Corona Española para abrir el Canal del Dique y cuando ya fueron negros libertos le dejaron cédulas reales de propiedad de esas tierras. En el despojo de la familia Meza —afrodescendientes de Pasacaballos, jurisdicción del Distrito de Cartagena de Indias— por parte del padre del virtual presidente de Colombia, Iván Duque Marquez, y de la multinacional Vikingos S.A. (hoy Comercializadora Internacional Oceanos S.A.) de los grupos económicos Santo Domingo y Manuelita, podemos ver el modus operandi de la expropiación de tierra a los más pobres.

Los ricos expropian a los pobres

Esa década de los 90 —tan horrible como la de los 80— fue el caldo de cultivo para que una camada de jóvenes se prepararan y heredaran de sus padres y abuelos el poder económico y el estatus social conquistado con la barbarie y el crimen. Fueron dos décadas de la infamia que derrotaron al movimiento social y alternativo con un proyecto contrainsurgente so pretexto de combatir a la guerrilla. Pero lo que estaban haciendo otros sectores de la economía y la política subterránea (el narcotráfico, por ejemplo) era preparar el asalto del poder estatal con la complicidad de unas élites económicas que se beneficiaron directamente con el despojo violento de los territorios, y para ello contaron con uno de sus alfiles, Álvaro Uribe Vélez, hijo de Alberto Uribe Sierra, del clan de los Ochoa  que le dejó un legado mafioso a sus hijos. Y Álvaro Uribe hace lo mismo con Tomás y Gerónimo.

Si a Álvaro Uribe la mafia lo preparó en la década de los 80 para ser gobernante en los 90 y presidente por ocho años en la primera década del siglo XXI, Duque es el ungido para suceder en el cargo presidencial a Juan Manuel Santos, quien en sus ocho años de gobierno representó a la élite institucional de la derecha que quería desactivar a la guerrilla, ya que su antecesor fue incapaz de cumplir la promesa de matar la culebra por la cabeza. En efecto, al final de los 90 Santos tenía su «kindergarden» —como lo tuvo César Gaviria— y lo apadrinaba con dineros provenientes de sus mecenas despojadores. Vale recordar que el kindergaden santista estaba constituido por jóvenes ambiciosos, que como Duque, deseaban el poder. Entre estos cuadros políticos en formación del partido liberal, estaba Juan Carlos Pinzón, excandidato a la vicepresidencia de Germán Vargas y exministro de la Defensa; Germán Chica, controvertido asesor de la campaña uribista de Santos 2010; y Sergio Diaz—Granados, la carta costeña que fuera presidente del Partido de la U  y ministro de Comercio, Industria y Turismo del primer gobierno de Santos.

Recordemos que Juan Manuel Santos —cuando era ministro de Hacienda del presidente Pastrana— envió a Iván Duque a Nueva York como segundo de Luigi Echeverri —hoy gerente de la campaña presidencial— como representante de Colombia en el BID. Y quiso que regresara para la campaña de 2010, pero Duque se hizo el desatendido. Cuando Santos ganó las elecciones, pretendía que lo nombraran ministro, entonces Santos se hizo el loco y no lo nombró. Por eso Iván Duque se volvió uribista por conveniencia. O sea, que Duque es un santista de vieja data, con un poder de adaptabilidad camaleónica. Lo demostró con ese hecho, ya que sabía que el sucesor de Santos no estaba en ninguno de los partidos tradicionales sino en el Centro Democrático. Quizás estamos asistiendo a la consolidación de un pacto secreto entre las élites de derecha donde cada una ellas gobierna ocho años, pacto cimentado sobre la sangre del despojo violento y criminal.

¿Por qué razón Duque recibe hoy el apoyo de todos los pelambres del régimen? La primera respuesta: En la segunda vuelta presidencial quien estaba llamado a “disputarle” el poder al  ala criminal y mafiosa de las élites dominantes no era Petro sino Germán Vargas o, en última instancia, Sergio Fajardo. Por eso es que cunde el terror entre los que detentan el régimen, y ahora apelan a todas las fuerzas retrógradas y mafiosas para derrotar el proyecto de la esperanza. Y para esto utilizarán todos los medios posibles, incluso el chocorazo, como en aquella época  (1974) cuando se le atravesaron al triunfo del general Gustavo Rojas Pinilla, o en 1946 cuando las élites liberales y conservadores se unieron contra Jorge Eliércer Gaitán. Como sabían que Gaitán iba a ser presidente en 1952, ya que había ganado las mayorías parlamentarias (1947), decidieron asesinarlo en 1948. Lo mismo hicieron en 1989 con Luis Carlos Galán.

Como si fuera una parábola inversa de Fuenteovejuna, ricos empresarios, poderosos políticos, mafiosos del narcotráfico y la política, y despojadores comprobados, se están rebelando contra el miedo petrificador que produce el hombre que supuestamente encarna el castrochavismo, Gustavo Petro. Pero resulta que en este bloque de Petro hay fajarditas, liberales, socialdemócratas, afros, indígenas, personalidades, intelectuales, artistas, periodistas independientes, víctimas del conflicto armado, víctimas de las Farc, de los paracos, del Estado, hombres y mujeres esperanzados en justicia social y paz plena para todos y son personas que nunca han gobernado este país, nuestro país. ¿Por qué le tememos más al futuro que a este pasado de iniquidad y de despojo?

Cuando los Duque despojaron a los Meza

Isla del Corcovado (desembocadura del Canal del Dique), 16 Julio de 1999, escuadrones armados pertenecientes a las Autodefensas Unidas (AUC) de alias «Juancho Dique» llegaron disparando e incendiando las humildes casas que tenían los hermanos Meza en la finca Guaranao. Los hermanos que se encontraban en el lugar, salieron despavoridos, golpeados y heridos y, junto con sus hijos, se transportaron en pequeñas embarcaciones por el arroyo Sangre de Toro hasta llegar al Canal del Dique y de allí a Pasacaballos.

Los hijos de Gilberto Meza Marimón poseían (con título de calidad de 1957) un lote de 700 hectáreas, que 14 días más tarde, fueron englobados bajo la escritura No 2454 de julio 30 de 1999 a la Comercializadora Internacional Vikingos S.A. del grupo Santo Domingo, en cuya junta directiva se encontraba como principal Iván Duque Escobar, padre del candidato del Centro Democrático, Iván Duque Marquez, quien hoy recibe el apoyo de todos los partidos de la derecha colombiana y de grupos económicos, como Santo Domingo y Manuelita, responsables del despojo de los Meza.

Pero antes de la incursión de los escuadrones de la muerte de «Juancho Dique», la C.I. Vikingos S.A. había entablado un proceso policivo para que le ampararan las tierras que habían comprado a través de la Reforestadora de la Costa, cuyo representante legal era Pedro Sourdis, con la complicidad de la abogada Elith Zuñiga Pérez, (Notaria Quinta del Circuito de Cartagena, que estuvo presa en la cárcel de San Diego por el caso de las tierras de Corelca que pertenecían a campesinos pobres de Mompox). En esa época (1999) Elith Zuñiga actuaba como abogada que se hizo parte en el proceso artificioso de «Juicio de pertenencia» No 2876 del Juzgado Sexto Civil del Circuito, donde Alejandro Román Juan reclamaba como suyo las 700 hectáreas de Gilberto Meza Marimón, y por ello los englobó a su predio y se los vendió a Banacol, de Envigado, y, éste, a su vez, a Reforestadora de la Costa (grupo Santo Domingo) que luego le vendió a Vikingos S.A. y éste a C.I. Oceanos S.A., representada legalmente por Ramón del Castillo, entidad que termina siendo dueña de los predios.

Diógenes Meza Ariza, el abogado de la familia que le ha seguido el rastro al despojo, y para quien pido protección de su vida, porque en esta cadena de ignominia uno se está jugando la vida al destaparla. Al oído del CERREN

Para constatar todo lo dicho, cuento con 12 escrituras, 30 certificaciones de la Cámara de Comercio de Bogotá, Cartagena y Barranquilla, 20 actas de las juntas directivas de las empresas involucradas en el despojo, certificados de tradición de la Oficina de Instrumentos Públicos de Cartagena y testimonios de testigos y de las víctimas de los Meza. El abogado Diogénes Meza Ariza, es el vocero de la familia y quien se ha dedicado a seguirle el rastro del despojo hasta llegar al núcleo del despojador: La familia Santo Domingo.

Fueron dos años de búsqueda de las pruebas, de cotejarlas y analizarlas. Hasta que un día ¡Eureka! Alumbrado por la la lámpara de la Divinidad, Diógenes fue al archivo de los procesos judiciales de Cartagena y en medio de toneladas de papel enmohecidos y amarillentos, atinó a escoger el bulto indicado donde se encontraban las escrituras de los Meza y los procesos judiciales donde fueron involucrados. Cada vez que Diógenes recuerda este momento, sus ojos se enjugan no se si de dolor o de alegría; es una emoción de aquel que halló el Santo Grial de la prueba de un despojo que ahora fortalece la esperanza para convertirse en una reivindicación espiritual, simbólica y material de los Meza, la familia de negros que vive su drama, 300 años después que salieron de su natal África con los grilletes en el cuello y en sus talones, encadenados en la barriga de desconocidos navíos. Estos negros que rectificaron el Canal del Dique para que el oro y las riquezas de la economía extractivistas de la Corona Española se fuera para Cádiz o Sevilla con el fin de sostener el estilo de vida de la realeza y de la aristocracia española.

300 años después, Duque Marquez, como parte de la neoaristocracia del «triángulo de oro colombiano» (Bogotá, Medellín y Cali), se benefició de esos negros que fueron latigados y lacerados para rectificar el Canal del Dique. Y ya como libertos, recibieron esas tierras como compensación de su esclavitud a través de cédulas reales, y después que el pueblo de Cartagena había declarado la independencia total de la Corona Española, volvió el asedio para quitarles sus tierras, como en efecto lo están haciendo desde la década de los 30 familias prestantes de la ciudad, y desde los 80, gentes del interior del país y extranjeros que han expropiado las tierras a sus legítimos dueños. Después del 17 de junio sigue la historia… el cambio o más de lo mismo.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.