Duque, un presidente sin historia y sin ideas

La puesta en escena de la posesión del presidente Duque. Cortesía Presidencia.

El discurso de posesión del nuevo presidente de la República de Colombia, Iván Duque Márquez, fue una puesta en escena como su misma posesión. Pareció el discurso de un recién graduado desorientado con deseos de inspirar a su audiencia.  Quiso despertar la emoción, al estilo TED, más que la razón. Su contenido vacuo, fue más de lo mismo de los 16 años de uribismo-santismo, pero arropado con un palabrerío nuevo llamando a la unidad mientras su homólogo del congreso, Ernesto Macías, daba la puñalada trapera al mejor estilo del traqueto paisa—cachaco. 

Las numerosas críticas que sonaron en tuiter contra los discursos de Iván Duque y Ernesto Macías, en su mayoría, estuvieron  bien sustentadas, pero es necesario hacer un análisis periodístico de su contenido y visión semiótica. Fue un discurso de doble moral, como nos tiene acostumbrado el partido de gobierno Centro Democrático.

En fin, el discurso de Duque fue mediocre, poco inspirador. Y tenía que ser así, porque es un presidente sin historia y sin ideas. Lo más destacado de nuestro mandatario es el haber sido “el que dijera Uribe”. Su historia personal y política se destaca por dos hechos: haberle cargado el maletín a Juan Manuel Santos y a Álvaro Uribe Vélez, dos grandes personajes de la patria colombiana, y un paso gris por el congreso. Su paso por el congreso fue tenue, como la del promedio. No fue protagonista de los grandes debates. Su vida no se ha distinguido por una trayectoria política, social o cultural. Por tanto, su discurso de doble moral, como nos tiene acostumbrado el partido de gobierno Centro Democrático, no podría ser otro.

Un discurso y dos presidentes

Duque y Macías, dos caras de una misma moneda: Centro Democrático de Uribe.

Por un lado Ernesto Macías, presidente del senado, en su discurso inaugural que precedió al de Duque, lanzó toda su hiel, tocó el tambor de la guerra, y lo concluyó con un “sentido homenaje” a su jefe supremo Uribe, “uno de los hombres más grandes de la política colombiana”:

«Siento la obligación de rendirle un tributo de admiración por su amor a Colombia, y expresarle nuestros sentimientos de gratitud, por seguir entregando su vida a los más caros intereses de la patria. Estoy seguro de que millones de colombianos quieren decirle a usted: muchas gracias, presidente Uribe».

Por otro lado, el presidente Duque, luego de hacer un llamado de concordia para un pacto por nuestro país, haciendo énfasis en lo que nos une, terminó con otro sentido homenaje a su jefe, el expresidente Uribe, presente en la audiencia variopinta, dijo:

«Yo no reconozco enemigos. Yo no tengo contendores políticos. Mi único deseo es gobernar para todos y con todos los colombianos. Yo he dicho que no pretendo ser un Presidente encumbrado y encerrado en el Palacio. Mi palacio es el corazón del pueblo colombiano. Vamos, vamos todos a trabajar. Vamos a trabajar con el Congreso de la República, vamos a trabajar en armonía, buscando inversiones en las regiones e inversiones estratégicas que repercutan en la calidad de vida de los ciudadanos. Pero sin dádivas, sin prebendas, sin canonjías, sin acuerdos burocráticos, sin “mermelada”. Porque el Congreso y el Ejecutivo trabajan bien cuando hay respeto, cuando hay vocación».

Y concluyó con elogios al congreso y a su jefe, a quien le cargaba el maletín en Washington:

«Para mí es imposible terminar este discurso sin rendirle un homenaje a este Congreso, donde pasé los últimos años de mi vida pública. Donde tuve el honor y el privilegio de trabajar al lado de quien me invitó a rendirle ese servicio a la Patria, el ex presidente y amigo Álvaro Uribe Vélez. Gracias por su servicio a la patria. Este Congreso y el Ejecutivo les van a demostrar a Colombia que somos capaces de gobernar todos pensando en el sano debate de las ideas. Que no le vamos a tener miedo a concertar políticas, a buscar lo que Colombia necesita».

¿El discurso de macías se contrapone al discurso del presidente? No, se complementan, como lo dijera Gustavo Petro, el candidato derrotado. Mientras uno lanza el balde de aguas sucias y ponzoñosas, el otro aparece con una palabra fresca y llena de “canonjías”. Mientras uno tiene el pulso firme, el otro tiene el corazón grande, más bien, el pulso blandengue. No hay contradicción entre los discursos de los dos representantes de los dos poderes políticos de esta democracia criolla: el ejecutivo y el legislativo. Es el anuncio de lo que vendrá en los próximos 4 años del gobierno del Centro Democrático.

Duque anunció en su discurso bajar los impuestos para que haya más empleo, pero en realidad el país se llenará de contratación laboral precaria. Uribe prometió lo mismo cuando flexibilizó el sistema de contratación laboral y exoneró de impuestos a los más ricos. La realidad fue todo lo contrario, puesto que aumentó el empleo precario, que incidió engañosamente en la reducción de la tasa de desempleo con la política de subsistencia del colombiano empobrecido que se debe dedicar al mototaxismo, venta de minutos, vendedor ambulante y estacionario. Allí están las estadísticas.

En el 2007 el empleo asalariado era de 53,9% del total de la desocupación, después de la flexibilización pasó a 45,8%, mientras que el empleo precario a 54,2% (2011), aunque la tasa de desempleo haya disminuido ligeramente, es una de las más altas de la región, ya que en Colombia llega a 9,2 (2016), pero en la región, tales cifras son inferiores, por ejemplo, en Ecuador cerró en 2017 a 4,4% y Colombia 9,2%. Cuando llegó Uribe, el empleo asalariado era superior al 54%, lo que quiere decir que en los mandatos de Uribe y Santos viene una tendencia a aumentar el empleo precario en detrimento del empleo asalariado, y, por tanto, en un crecimiento de la desigualdad, ya que el indicador Gini hoy está 0,517. Estos datos los tomé del informe del Banco Mundial, el papá de la política neoliberal en el mundo, siendo el BID una filial suya. O sea, que esos datos no son inventos de la izquierda ni del sindicalismo colombiano.

En 1999, cuando Juan Manuel Santos fue Ministro de Hacienda de Andrés Pastrana, hacía parte del kindergarden de la fundación Buen Gobierno y se esmeraba por cargarle el maletín a su jefe. Esto le valió haberse ganado (2001-2010) un puesto segundón ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ya que Santos lo tenía como uno de sus asesores en el ministerio de Hacienda. De igual manera le cargaba el Maletín a Álvaro Uribe cuando éste iba a Washington y le hacía los mandados.  Y finalmente el otro cargo meritorio de nuestro nuevo presidente fue el haber sido senador (2014-2018 ), luego que lamboneó al expresidente Uribe el 7° lugar de una lista cerrada. ¿Y cómo se ganó ese lugar? No hay duda, a lenguetazo limpio, porque tampoco tenía mérito propio para ser senador.

Si el discurso de posesión es reflejo de lo que nos espera en los próximos 4 años de gobierno, debemos decir que sería el presidente más mediocre de este siglo, y del siglo anterior. Solo competiría con Andrés Pastrana (hijo del presidente Misael Pastrana) y Guillermo León Valencia, abuelo de la senadora Paloma Valencia, furibunda uribista. Pero esa mediocridad tuvo un tinte dramático cuando se refirió a la necesidad de hacerle un gran homenaje al congreso y al inspirador de sus nuevos ideales políticos: el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Uribe —subjúdice de la justicia—, y un congreso decadente, como la democracia colombiana, incentivado por la mermelada tóxica que recibe del poder ejecutivo. Tanto Uribe como Santos la utilizaron. Fue más evidente esa mermelada en los 8 años de la presidencia de Uribe que existen varios de sus ministros condenados, como Sabas Pretelt (Interior) y Diego Palacio, de Salud.

(El discurso de posesión de Duque)

Gustavo Petro, vocero de la oposición, derrotado por Duque en las elecciones pasadas. Las concentraciones populares contra Duque y por la defensa de la vida delos líderes se realizaron en plazas y centros emblemáticos del país. Cortesía Colprensa.

La crítica que Gustavo Petro le hizo al discurso de Duque de que es “complementario” con el  discurso de Ernesto Macías es comprobable, es verídica. Este artículo lo demuestra. La crítica del periodista Daniel Coronel de que el discurso de Duque es “mediocre”, queda evidenciado con este análisis.

No lo dude, tendremos un presidente joven, fiel representante de una nueva generación que van a sustituir a sus padres. Discursos frescos al estilo TED que se los aprenden de memoria, como el bachiller recién graduado a quien le otorgan el honor de pronunciar el discurso de grado. Llamativos. Emotivos. Sensibleros. Pero inocuos. Vacíos como sus cabezas. Llenos de lugares comunes. Imprecisos. ¡Mediocres! El contenido no tiene sustancia. Ni siquiera puedo comparar el relevo generacional de Duque con el de Alfonso López Michelsen. No hay punto de comparación. López se ganó la presidencia de la República no por ser hijo del expresidente López Pumarejo. ¡No! Fue un líder nato, de gran pensamiento. De exquisita palabra y de un profundo contenido político.

A juzgar por su discurso, Duque será un presidente inepto y mediocre como lo fue Andrés Pastrana. Mientras los voceros del Centro Democrático lanzarán misiles contra sus enemigos políticos. Duque hablará de paz, mientras  los epígonos de Uribe destruirán cualquier iniciativa para la consolidación de la paz. No le que quepa la menor duda. Es la doble moral a la que nos tienen acostumbrados los últimos presidentes de Colombia. Lo dice la historia. Los ejemplos sobran.

Iván Duque sucederá en la política no solo a su padre, destacado turbayista, y luego belisarista, sino también  a su protector inicial, Juan Manuel Santos. Su padre fue un despojador de afros victimizados, tal como lo demostramos en la primera entrega (Duque un despojador), lo que quiere decir, que los despojadores y los victimarios llegaron de nuevo al gobierno de donde nunca han salido.

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.