Ganó la corrupción, ganó «lo que dice Uribe», pero ahora somos 11.671.420 colombianos que nos atrevimos

La derecha unida, ¡jamás será vencida! Los jefes de la corrupción política-administrativa. Tomado de Semana.

¿Qué país es este? Colombia está atada a «lo que dice Uribe»: Ganaron el plebiscito con el NO, las presidenciales con Duque y 7 veces con el Sí a la corrupción.

En Colombia han asesinado a los buenos y masacrado a los humildes, y no ha pasado nada. Un líder de opinión —como el expresidente Uribe— dice que «la consulta es engañosa» y los medios le dan más difusión que a los promotores del 7 veces Sí, y la mayoría de la sociedad colombiana se abstiene de votar desdeñando la oportunidad de reducir la corrupción a sus «justas proporciones» ¡Perdimos otra vez!

Pero no me voy a sentar a llorar, como cuando —junto a mi hija Tere— lloramos al filo de las 5 de la tarde de ese 2 de octubre de 2016 cuando ganó el No en el plebiscito por la paz. Tantas jornadas realizadas para que la gente se diera cuenta que votar por el Sí era una ganancia y un avance del devenir histórico de Colombia. Mucha saliva gastamos en los talleres a obreros, estudiantes y campesinos. Pero fuimos derrotados. Los que ganan la batalla imponen las reglas. Seguiremos atados a las reglas de «lo que dice Uribe».

Ganó la corrupción, perdimos los colombianos. Pero los que triunfaron perdieron doblemente: la próxima vez ganaremos nosotros. Desataremos los lazos atávicos del pasado y construiremos una nación verdaderamente libre. Seremos dignos de la sangre derramada por nuestros indígenas exterminados, por los negros esclavizados, por los mártires sacrificados, por las madres de Soacha y de Colombia que no saben por qué sus hijos fueron asesinado disfrazados de «guerrilleros»  con los «falsos positivos». ¿Quién dio la orden de agonía? El cabo. ¿Quien mandó al cabo? El capitán. ¿Quién mandó al capitán? El general. ¿Quién mandó al general? El ministro de Defensa. ¿Quien fue el ministro de Defensa? Juan Manuel Santos. ¿Quién mandó al ministro Santos? El comandante en jefe. ¿Quién fue el el comandante en jefe de las FFMM en 2008? El presidente Uribe. Es decir, Uribe debería estar en la misma picota que estuvo el presidente Fujimori, de Perú, por su autoría mediata y la responsabilidad del superior en el caso de los «falsos positivos».

Se temía la derrota. Se temía a que el pueblo hiciera «lo que dice Uribe». (Ver el artículo anterior: Dumek y Verano, gobernadores del Caribe, 7 veces con la anticorrupción; expresidente Uribe, 7 veces con la corrupción)

Se roban la plata de la paz, de la salud y de la gestión ambiental, y no pasa nada. Nos escandalizamos con la Yidispolítica (2008), se condena por corrupción a los ministros Pretelt de la Vega y Diego Palacios, quienes compraron el voto de Yidis Medina para la reelección del presidente Uribe. Y no pasó nada.

Diez (10) años más tardes, bastó que este mismo personaje dijera que la «consulta anticorrupción es engañosa» para que los ciudadanos «de bien» no salieran a votar. La sociedad colombiana —como cordero al matadero— le sigue al cerebro de todos estos escándalos: yidispolítica, paramilitarismo, Odebrecht, falsos positivos, etc.

¿Qué hacer? ¿Indignarnos? ¿De qué sirve la indignación si cuando tenemos la oportunidad no la aprovechamos? Somos esclavos del sistema. Lo peor, es que somos inconscientes. Unos tontos inconscientes. Incluso, los que dicen combatir la corrupción. Es una crisis de liderazgo. Sin embargo, ni los que promovimos el 7 veces Sí perdimos, ni los que promovieron la abstención, ganaron. Ganó la inconsciencia de un pueblo que no sabe que es esclavo del sistema. Y no es que sea un pueblo ignorante o perezoso. No. Muchos saben, pero no son conscientes de la realidad. Es un pueblo inconsciente. Y sus líderes viven en un mar de inconsciencia, cuyos egos son más grandes que trascender la historia.

De manera que de nada sirve indignarnos. Es necesario que los que nos consideramos honestos, salgamos masivamente a disputarle los espacios a los que consideramos corruptos. Dos de los espacios fundamentales del poder son la política y la economía. Políticos honestos, necesitamos. Empresarios honestos, necesitamos. Pero también líderes populares honestos, necesitamos. Dirigentes sindicales honestos, necesitamos. Líderes de izquierda honestos, necesitamos. Sin grandes egos, sin prepotencia y con humildad. Es que los mismos líderes de izquierda cayeron en la misma trampa de los de la derecha. Se gritan, se pelean, y cuando los de izquierda deben unirse, no lo hacen porque sus grandes egos se lo impide. Los de la derecha se unen cuando ven la situación difícil. ¿No ven la foto de los expresidentes Uribe, Gaviria y Pastrana en torno al presidente Duque?

Los honestos somos más, no lo dudo. Pero los honestos y los humildes nunca podremos cambiar a Colombia si no cambiamos nosotros mismos. Los honestos debemos prepararnos para la toma consciente del poder. La meta está cerca. Ya somos 11.671.420 de hombres y mujeres que nos hemos atrevido. Hace dos meses éramos 8 millones. Mañana duplicaremos esa cifra. No lo dudo. Si los honestos conscientes no ocupamos los puestos de vanguardia, el país se lo llevará, definitivamente, «pindanga», y se seguirá haciendo «lo que dice Uribe».

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About Author

Lucio Torres, nació en Magangué se formó en Barranquilla. Pasó parte de su infancia en Cartagena, y retornó a esta ciudad en 2000. Siempre ha sido un emprendedor en las comunicaciones y, particularmente, en el periodismo. Cuando apenas iniciaba sus estudios en la Uniautónoma (1979) emprendió con Surcando el Espacio (Todelar Barranquilla). Luego trabajó en El Heraldo, Diario del Caribe, Radio Sutatentaza, Caracol, RCN y Olímpica. En Cartagena inició el proyecto Vox Populi en Todelar -2000.