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Ganó la corrupción, ganó «lo que dice Uribe», pero ahora somos 11.671.420 colombianos que nos atrevimos

La derecha unida, ¡jamás será vencida! Los jefes de la corrupción política-administrativa. Tomado de Semana.

¿Qué país es este? Colombia está atada a «lo que dice Uribe»: Ganaron el plebiscito con el NO, las presidenciales con Duque y 7 veces con el Sí a la corrupción.

En Colombia han asesinado a los buenos y masacrado a los humildes, y no ha pasado nada. Un líder de opinión —como el expresidente Uribe— dice que «la consulta es engañosa» y los medios le dan más difusión que a los promotores del 7 veces Sí, y la mayoría de la sociedad colombiana se abstiene de votar desdeñando la oportunidad de reducir la corrupción a sus «justas proporciones» ¡Perdimos otra vez!

Pero no me voy a sentar a llorar, como cuando —junto a mi hija Tere— lloramos al filo de las 5 de la tarde de ese 2 de octubre de 2016 cuando ganó el No en el plebiscito por la paz. Tantas jornadas realizadas para que la gente se diera cuenta que votar por el Sí era una ganancia y un avance del devenir histórico de Colombia. Mucha saliva gastamos en los talleres a obreros, estudiantes y campesinos. Pero fuimos derrotados. Los que ganan la batalla imponen las reglas. Seguiremos atados a las reglas de «lo que dice Uribe».

Ganó la corrupción, perdimos los colombianos. Pero los que triunfaron perdieron doblemente: la próxima vez ganaremos nosotros. Desataremos los lazos atávicos del pasado y construiremos una nación verdaderamente libre. Seremos dignos de la sangre derramada por nuestros indígenas exterminados, por los negros esclavizados, por los mártires sacrificados, por las madres de Soacha y de Colombia que no saben por qué sus hijos fueron asesinado disfrazados de «guerrilleros»  con los «falsos positivos». ¿Quién dio la orden de agonía? El cabo. ¿Quien mandó al cabo? El capitán. ¿Quién mandó al capitán? El general. ¿Quién mandó al general? El ministro de Defensa. ¿Quien fue el ministro de Defensa? Juan Manuel Santos. ¿Quién mandó al ministro Santos? El comandante en jefe. ¿Quién fue el el comandante en jefe de las FFMM en 2008? El presidente Uribe. Es decir, Uribe debería estar en la misma picota que estuvo el presidente Fujimori, de Perú, por su autoría mediata y la responsabilidad del superior en el caso de los «falsos positivos».

Se temía la derrota. Se temía a que el pueblo hiciera «lo que dice Uribe». (Ver el artículo anterior: Dumek y Verano, gobernadores del Caribe, 7 veces con la anticorrupción; expresidente Uribe, 7 veces con la corrupción)

Se roban la plata de la paz, de la salud y de la gestión ambiental, y no pasa nada. Nos escandalizamos con la Yidispolítica (2008), se condena por corrupción a los ministros Pretelt de la Vega y Diego Palacios, quienes compraron el voto de Yidis Medina para la reelección del presidente Uribe. Y no pasó nada.

Diez (10) años más tardes, bastó que este mismo personaje dijera que la «consulta anticorrupción es engañosa» para que los ciudadanos «de bien» no salieran a votar. La sociedad colombiana —como cordero al matadero— le sigue al cerebro de todos estos escándalos: yidispolítica, paramilitarismo, Odebrecht, falsos positivos, etc.

¿Qué hacer? ¿Indignarnos? ¿De qué sirve la indignación si cuando tenemos la oportunidad no la aprovechamos? Somos esclavos del sistema. Lo peor, es que somos inconscientes. Unos tontos inconscientes. Incluso, los que dicen combatir la corrupción. Es una crisis de liderazgo. Sin embargo, ni los que promovimos el 7 veces Sí perdimos, ni los que promovieron la abstención, ganaron. Ganó la inconsciencia de un pueblo que no sabe que es esclavo del sistema. Y no es que sea un pueblo ignorante o perezoso. No. Muchos saben, pero no son conscientes de la realidad. Es un pueblo inconsciente. Y sus líderes viven en un mar de inconsciencia, cuyos egos son más grandes que trascender la historia.

De manera que de nada sirve indignarnos. Es necesario que los que nos consideramos honestos, salgamos masivamente a disputarle los espacios a los que consideramos corruptos. Dos de los espacios fundamentales del poder son la política y la economía. Políticos honestos, necesitamos. Empresarios honestos, necesitamos. Pero también líderes populares honestos, necesitamos. Dirigentes sindicales honestos, necesitamos. Líderes de izquierda honestos, necesitamos. Sin grandes egos, sin prepotencia y con humildad. Es que los mismos líderes de izquierda cayeron en la misma trampa de los de la derecha. Se gritan, se pelean, y cuando los de izquierda deben unirse, no lo hacen porque sus grandes egos se lo impide. Los de la derecha se unen cuando ven la situación difícil. ¿No ven la foto de los expresidentes Uribe, Gaviria y Pastrana en torno al presidente Duque?

Los honestos somos más, no lo dudo. Pero los honestos y los humildes nunca podremos cambiar a Colombia si no cambiamos nosotros mismos. Los honestos debemos prepararnos para la toma consciente del poder. La meta está cerca. Ya somos 11.671.420 de hombres y mujeres que nos hemos atrevido. Hace dos meses éramos 8 millones. Mañana duplicaremos esa cifra. No lo dudo. Si los honestos conscientes no ocupamos los puestos de vanguardia, el país se lo llevará, definitivamente, «pindanga», y se seguirá haciendo «lo que dice Uribe».

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Análisis

Duque, un presidente sin historia y sin ideas

La puesta en escena de la posesión del presidente Duque. Cortesía Presidencia.

El discurso de posesión del nuevo presidente de la República de Colombia, Iván Duque Márquez, fue una puesta en escena como su misma posesión. Pareció el discurso de un recién graduado desorientado con deseos de inspirar a su audiencia.  Quiso despertar la emoción, al estilo TED, más que la razón. Su contenido vacuo, fue más de lo mismo de los 16 años de uribismo-santismo, pero arropado con un palabrerío nuevo llamando a la unidad mientras su homólogo del congreso, Ernesto Macías, daba la puñalada trapera al mejor estilo del traqueto paisa—cachaco. 

Las numerosas críticas que sonaron en tuiter contra los discursos de Iván Duque y Ernesto Macías, en su mayoría, estuvieron  bien sustentadas, pero es necesario hacer un análisis periodístico de su contenido y visión semiótica. Fue un discurso de doble moral, como nos tiene acostumbrado el partido de gobierno Centro Democrático.

En fin, el discurso de Duque fue mediocre, poco inspirador. Y tenía que ser así, porque es un presidente sin historia y sin ideas. Lo más destacado de nuestro mandatario es el haber sido «el que dijera Uribe». Su historia personal y política se destaca por dos hechos: haberle cargado el maletín a Juan Manuel Santos y a Álvaro Uribe Vélez, dos grandes personajes de la patria colombiana, y un paso gris por el congreso. Su paso por el congreso fue tenue, como la del promedio. No fue protagonista de los grandes debates. Su vida no se ha distinguido por una trayectoria política, social o cultural. Por tanto, su discurso de doble moral, como nos tiene acostumbrado el partido de gobierno Centro Democrático, no podría ser otro.

Un discurso y dos presidentes

Duque y Macías, dos caras de una misma moneda: Centro Democrático de Uribe.

Por un lado Ernesto Macías, presidente del senado, en su discurso inaugural que precedió al de Duque, lanzó toda su hiel, tocó el tambor de la guerra, y lo concluyó con un «sentido homenaje» a su jefe supremo Uribe, “uno de los hombres más grandes de la política colombiana”:

«Siento la obligación de rendirle un tributo de admiración por su amor a Colombia, y expresarle nuestros sentimientos de gratitud, por seguir entregando su vida a los más caros intereses de la patria. Estoy seguro de que millones de colombianos quieren decirle a usted: muchas gracias, presidente Uribe».

Por otro lado, el presidente Duque, luego de hacer un llamado de concordia para un pacto por nuestro país, haciendo énfasis en lo que nos une, terminó con otro sentido homenaje a su jefe, el expresidente Uribe, presente en la audiencia variopinta, dijo:

«Yo no reconozco enemigos. Yo no tengo contendores políticos. Mi único deseo es gobernar para todos y con todos los colombianos. Yo he dicho que no pretendo ser un Presidente encumbrado y encerrado en el Palacio. Mi palacio es el corazón del pueblo colombiano. Vamos, vamos todos a trabajar. Vamos a trabajar con el Congreso de la República, vamos a trabajar en armonía, buscando inversiones en las regiones e inversiones estratégicas que repercutan en la calidad de vida de los ciudadanos. Pero sin dádivas, sin prebendas, sin canonjías, sin acuerdos burocráticos, sin “mermelada”. Porque el Congreso y el Ejecutivo trabajan bien cuando hay respeto, cuando hay vocación».

Y concluyó con elogios al congreso y a su jefe, a quien le cargaba el maletín en Washington:

«Para mí es imposible terminar este discurso sin rendirle un homenaje a este Congreso, donde pasé los últimos años de mi vida pública. Donde tuve el honor y el privilegio de trabajar al lado de quien me invitó a rendirle ese servicio a la Patria, el ex presidente y amigo Álvaro Uribe Vélez. Gracias por su servicio a la patria. Este Congreso y el Ejecutivo les van a demostrar a Colombia que somos capaces de gobernar todos pensando en el sano debate de las ideas. Que no le vamos a tener miedo a concertar políticas, a buscar lo que Colombia necesita».

¿El discurso de macías se contrapone al discurso del presidente? No, se complementan, como lo dijera Gustavo Petro, el candidato derrotado. Mientras uno lanza el balde de aguas sucias y ponzoñosas, el otro aparece con una palabra fresca y llena de «canonjías». Mientras uno tiene el pulso firme, el otro tiene el corazón grande, más bien, el pulso blandengue. No hay contradicción entre los discursos de los dos representantes de los dos poderes políticos de esta democracia criolla: el ejecutivo y el legislativo. Es el anuncio de lo que vendrá en los próximos 4 años del gobierno del Centro Democrático.

Duque anunció en su discurso bajar los impuestos para que haya más empleo, pero en realidad el país se llenará de contratación laboral precaria. Uribe prometió lo mismo cuando flexibilizó el sistema de contratación laboral y exoneró de impuestos a los más ricos. La realidad fue todo lo contrario, puesto que aumentó el empleo precario, que incidió engañosamente en la reducción de la tasa de desempleo con la política de subsistencia del colombiano empobrecido que se debe dedicar al mototaxismo, venta de minutos, vendedor ambulante y estacionario. Allí están las estadísticas.

En el 2007 el empleo asalariado era de 53,9% del total de la desocupación, después de la flexibilización pasó a 45,8%, mientras que el empleo precario a 54,2% (2011), aunque la tasa de desempleo haya disminuido ligeramente, es una de las más altas de la región, ya que en Colombia llega a 9,2 (2016), pero en la región, tales cifras son inferiores, por ejemplo, en Ecuador cerró en 2017 a 4,4% y Colombia 9,2%. Cuando llegó Uribe, el empleo asalariado era superior al 54%, lo que quiere decir que en los mandatos de Uribe y Santos viene una tendencia a aumentar el empleo precario en detrimento del empleo asalariado, y, por tanto, en un crecimiento de la desigualdad, ya que el indicador Gini hoy está 0,517. Estos datos los tomé del informe del Banco Mundial, el papá de la política neoliberal en el mundo, siendo el BID una filial suya. O sea, que esos datos no son inventos de la izquierda ni del sindicalismo colombiano.

En 1999, cuando Juan Manuel Santos fue Ministro de Hacienda de Andrés Pastrana, hacía parte del kindergarden de la fundación Buen Gobierno y se esmeraba por cargarle el maletín a su jefe. Esto le valió haberse ganado (2001-2010) un puesto segundón ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ya que Santos lo tenía como uno de sus asesores en el ministerio de Hacienda. De igual manera le cargaba el Maletín a Álvaro Uribe cuando éste iba a Washington y le hacía los mandados.  Y finalmente el otro cargo meritorio de nuestro nuevo presidente fue el haber sido senador (2014-2018 ), luego que lamboneó al expresidente Uribe el 7° lugar de una lista cerrada. ¿Y cómo se ganó ese lugar? No hay duda, a lenguetazo limpio, porque tampoco tenía mérito propio para ser senador.

Si el discurso de posesión es reflejo de lo que nos espera en los próximos 4 años de gobierno, debemos decir que sería el presidente más mediocre de este siglo, y del siglo anterior. Solo competiría con Andrés Pastrana (hijo del presidente Misael Pastrana) y Guillermo León Valencia, abuelo de la senadora Paloma Valencia, furibunda uribista. Pero esa mediocridad tuvo un tinte dramático cuando se refirió a la necesidad de hacerle un gran homenaje al congreso y al inspirador de sus nuevos ideales políticos: el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Uribe —subjúdice de la justicia—, y un congreso decadente, como la democracia colombiana, incentivado por la mermelada tóxica que recibe del poder ejecutivo. Tanto Uribe como Santos la utilizaron. Fue más evidente esa mermelada en los 8 años de la presidencia de Uribe que existen varios de sus ministros condenados, como Sabas Pretelt (Interior) y Diego Palacio, de Salud.

(El discurso de posesión de Duque)

Gustavo Petro, vocero de la oposición, derrotado por Duque en las elecciones pasadas. Las concentraciones populares contra Duque y por la defensa de la vida delos líderes se realizaron en plazas y centros emblemáticos del país. Cortesía Colprensa.

La crítica que Gustavo Petro le hizo al discurso de Duque de que es «complementario» con el  discurso de Ernesto Macías es comprobable, es verídica. Este artículo lo demuestra. La crítica del periodista Daniel Coronel de que el discurso de Duque es «mediocre», queda evidenciado con este análisis.

No lo dude, tendremos un presidente joven, fiel representante de una nueva generación que van a sustituir a sus padres. Discursos frescos al estilo TED que se los aprenden de memoria, como el bachiller recién graduado a quien le otorgan el honor de pronunciar el discurso de grado. Llamativos. Emotivos. Sensibleros. Pero inocuos. Vacíos como sus cabezas. Llenos de lugares comunes. Imprecisos. ¡Mediocres! El contenido no tiene sustancia. Ni siquiera puedo comparar el relevo generacional de Duque con el de Alfonso López Michelsen. No hay punto de comparación. López se ganó la presidencia de la República no por ser hijo del expresidente López Pumarejo. ¡No! Fue un líder nato, de gran pensamiento. De exquisita palabra y de un profundo contenido político.

A juzgar por su discurso, Duque será un presidente inepto y mediocre como lo fue Andrés Pastrana. Mientras los voceros del Centro Democrático lanzarán misiles contra sus enemigos políticos. Duque hablará de paz, mientras  los epígonos de Uribe destruirán cualquier iniciativa para la consolidación de la paz. No le que quepa la menor duda. Es la doble moral a la que nos tienen acostumbrados los últimos presidentes de Colombia. Lo dice la historia. Los ejemplos sobran.

Iván Duque sucederá en la política no solo a su padre, destacado turbayista, y luego belisarista, sino también  a su protector inicial, Juan Manuel Santos. Su padre fue un despojador de afros victimizados, tal como lo demostramos en la primera entrega (Duque un despojador), lo que quiere decir, que los despojadores y los victimarios llegaron de nuevo al gobierno de donde nunca han salido.

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Investigación

Duque, la estirpe de un despojador de negros que consolidará un pacto criminal (I)

Iván Duque es aclamado en Cartagena, como lo hacen los 1 de junio las élites al conquistador Pedro de Heredia, cuyo monumento está al fondo de esta manifestación. ¿Estamos ciegos? ¿Pueden los negros despojados votar por su despojador? Cortesía.

Iván Duque hijo, ha sido ungido por la élite dominante y pastores de la prosperidad para ser el presidente de los colombianos. Pero la inmensa mayoría de los que votarán por Duque —como cuando votaron por Álvaro Uribe, en 2002, quien nos prometió el oro y el moro en su Manifiesto Democrático de 100 puntos— no sabe de dónde viene y cómo construyó su capital político o es parte de algún plan o pacto secreto para seguir reinando en este mar de iniquidad y de injusticia social.  Pareciera  que Duque  no matara ni una mosca pero en realidad las mata a puñado.  ¿Sabes por qué? Porque su familia está catalogada en la lista de los despojadores violentos originando la diáspora de negros empobrecidos de la Costa Caribe, muchos de los cuales han muerto esperando desde hace 30 años que el Estado colombiano obligue a los despojadores a devolverles sus bienes.

La familia Meza, víctima del despojo, es parte de esta historia de la infamia en la cual se encuentran involucrados poderosos grupos económicos y familias prestantes de Colombia, como es el caso de los Duque, tal como se le narrará en esta primera parte. Es una historia de la infamia que nos da vergüenza pero de la cual todavía no tenemos conciencia la mayoría de colombianos. Duque —de extracción liberal santista, heredero del turbayismo— se benefició directamente del despojo violento de tierras de negros nativos de la isla del Corcovado o Guaranao (Pasacaballos), Bahía de Cartagena, en la década de los 90 cuando los capitales del narcotráfico comenzaron a infiltrar los capitales bien habidos de empresarios honestos, y se inició la primera diáspora de negros.

(Le recomiendo  Duque, el niño mimado de la mafia)

La estirpe del despojador

El padre del ungido, Iván Duque Escobar, aparece en la lista de la infamia de empresarios despojadores, ya que  era el principal de la junta directiva de Vikingos S.A. del grupo Santo Domingo cuando el 16 de julio de 1999 un grupo de afros —descendientes de Gilberto Meza Marimón— fueron vilmente despojados de sus tierras ancestrales con justos títulos para dárselas a esa empresa y convertirlas en criaderos de camarón que norteamericanos, franceses, italianos y japoneses disfrutan en restaurantes de gourmet sin saber que en cada langostino o camarón que consumen, hay una gota de sangre, sangre de negros y de mestizos despojados de sus propiedades.

Iván Duque Escobar, padre de Iván Duque Marquez, aparece como principal directivo de C.I. Vikingos S.A. (Grupo Santo Domingo) que despojara con paracos de Juancho Dique 700 hectáreas a la familia Meza en la isla de Guaranao el 16 de julio de 1999, Cartagena. Esta certificación es de 1996.

Mientras Duque papá, con el dinero del despojo, podía sostener el estilo de vida de la familia y, en especial, del hoy candidato presidencial Iván Duque, se produjo una diáspora de 102 familias descendientes de esos negros esclavizados que fueron arrancados del África ardiente para reemplazar a la población indígena de animosos flecheros que habían sido exterminados cuando pusieron a raya la penetración de los conquistadores comandados por Alonso de Ojeda en la conquista de la isla Carex, antes de que Pedro de Heredia regresara y fundara a Cartagena.

Duque hijo, el mismo que hoy simula escribirle cartas a sus hijas donde les dice que luchará por un «país seguro y respetuoso del medio ambiente», tal vez recibió cartas de su padre diciéndole cómo despojar a los más débiles y enriquecerse a costa de la pobreza de la mayoría. ¿Incongruencia? ¿Mera propaganda política? ¡Sin duda! Su padre liberal turbayista y luego belisarista —lo mismo que él, de liberal santista pasó a furibundo uribista— es un buen ejemplo a seguir, según su moral. Duque hijo obraba como uno de los integrantes de la Fundación Buen Gobierno, presidida por Juan Manuel Santos Calderón. Santos tenía su propio kindergarden en aquella aciaga década de los 90 cuando el poder paramilitar pasó de ser organizaciones institucionales (Convivir) a maquinarias criminales (AUC) que cometían masacres y asesinatos selectivos con el fin de quedarse con las tierras de campesinos y propietarios que se resistían a desplazarse o vender sus tierras.

De hecho, la disputa de los territorios entre guerrilla y paramilitares no tenía otro fin sino el poder territorial para el narcotráfico, el ejercicio de la política o desarrollar proyectos económicos extractivistas o de cultivos de exportación. Todos los grupos económicos del país tienen un grado de responsabilidad de los grandes crímenes contra la humanidad cometidos en el conflicto armado colombiano que jamás llegará a su fin mientras persista el sistema económico y político reinante. La guerra continuará, sobre todo, si  se oculta la verdad y los colombianos sigamos alienados eligiendo el camino de la perdición creyendo que estamos eligiendo nuestra salvación, impulsado por el miedo al verdadero cambio que nos han inoculado con campañas arraigadas en nuestras emociones. (Leer mi libro ¿Adiós a la guerra? Cinco claves para la paz).

La historia de Colombia está llena de pactos de élites, unas veces son secretos y otras veces avalados por el voto popular, pero no dejan de ser criminales cuando buscan hacer de la democracia un simple ejercicio formal para que las cosas continúen de la misma manera, como sucedió con el pacto de Benidorm (24 de julio de 1956) que parió el Frente Nacional. En estos pactos los círculos estratégicos se distribuyen periódicamente el poder del Estado en perjuicio de las mayorías. Lo grave es que los pactos de élites están cimentados sobre el despojo de los más débiles, ya que su finalidad es acumular indebidamente más riquezas.

En esta primera entrega del despojo de los Meza, se retrata un micro—escenario de cómo las élites dominantes desplazan a los pobres de sus territorios, los cuales ponen al servicio de sus proyectos económicos. El caso de los Meza, cuyos tatarabuelos fueron negros esclavizados por la Corona Española para abrir el Canal del Dique y cuando ya fueron negros libertos le dejaron cédulas reales de propiedad de esas tierras. En el despojo de la familia Meza —afrodescendientes de Pasacaballos, jurisdicción del Distrito de Cartagena de Indias— por parte del padre del virtual presidente de Colombia, Iván Duque Marquez, y de la multinacional Vikingos S.A. (hoy Comercializadora Internacional Oceanos S.A.) de los grupos económicos Santo Domingo y Manuelita, podemos ver el modus operandi de la expropiación de tierra a los más pobres.

Los ricos expropian a los pobres

Esa década de los 90 —tan horrible como la de los 80— fue el caldo de cultivo para que una camada de jóvenes se prepararan y heredaran de sus padres y abuelos el poder económico y el estatus social conquistado con la barbarie y el crimen. Fueron dos décadas de la infamia que derrotaron al movimiento social y alternativo con un proyecto contrainsurgente so pretexto de combatir a la guerrilla. Pero lo que estaban haciendo otros sectores de la economía y la política subterránea (el narcotráfico, por ejemplo) era preparar el asalto del poder estatal con la complicidad de unas élites económicas que se beneficiaron directamente con el despojo violento de los territorios, y para ello contaron con uno de sus alfiles, Álvaro Uribe Vélez, hijo de Alberto Uribe Sierra, del clan de los Ochoa  que le dejó un legado mafioso a sus hijos. Y Álvaro Uribe hace lo mismo con Tomás y Gerónimo.

Si a Álvaro Uribe la mafia lo preparó en la década de los 80 para ser gobernante en los 90 y presidente por ocho años en la primera década del siglo XXI, Duque es el ungido para suceder en el cargo presidencial a Juan Manuel Santos, quien en sus ocho años de gobierno representó a la élite institucional de la derecha que quería desactivar a la guerrilla, ya que su antecesor fue incapaz de cumplir la promesa de matar la culebra por la cabeza. En efecto, al final de los 90 Santos tenía su «kindergarden» —como lo tuvo César Gaviria— y lo apadrinaba con dineros provenientes de sus mecenas despojadores. Vale recordar que el kindergaden santista estaba constituido por jóvenes ambiciosos, que como Duque, deseaban el poder. Entre estos cuadros políticos en formación del partido liberal, estaba Juan Carlos Pinzón, excandidato a la vicepresidencia de Germán Vargas y exministro de la Defensa; Germán Chica, controvertido asesor de la campaña uribista de Santos 2010; y Sergio Diaz—Granados, la carta costeña que fuera presidente del Partido de la U  y ministro de Comercio, Industria y Turismo del primer gobierno de Santos.

Recordemos que Juan Manuel Santos —cuando era ministro de Hacienda del presidente Pastrana— envió a Iván Duque a Nueva York como segundo de Luigi Echeverri —hoy gerente de la campaña presidencial— como representante de Colombia en el BID. Y quiso que regresara para la campaña de 2010, pero Duque se hizo el desatendido. Cuando Santos ganó las elecciones, pretendía que lo nombraran ministro, entonces Santos se hizo el loco y no lo nombró. Por eso Iván Duque se volvió uribista por conveniencia. O sea, que Duque es un santista de vieja data, con un poder de adaptabilidad camaleónica. Lo demostró con ese hecho, ya que sabía que el sucesor de Santos no estaba en ninguno de los partidos tradicionales sino en el Centro Democrático. Quizás estamos asistiendo a la consolidación de un pacto secreto entre las élites de derecha donde cada una ellas gobierna ocho años, pacto cimentado sobre la sangre del despojo violento y criminal.

¿Por qué razón Duque recibe hoy el apoyo de todos los pelambres del régimen? La primera respuesta: En la segunda vuelta presidencial quien estaba llamado a «disputarle» el poder al  ala criminal y mafiosa de las élites dominantes no era Petro sino Germán Vargas o, en última instancia, Sergio Fajardo. Por eso es que cunde el terror entre los que detentan el régimen, y ahora apelan a todas las fuerzas retrógradas y mafiosas para derrotar el proyecto de la esperanza. Y para esto utilizarán todos los medios posibles, incluso el chocorazo, como en aquella época  (1974) cuando se le atravesaron al triunfo del general Gustavo Rojas Pinilla, o en 1946 cuando las élites liberales y conservadores se unieron contra Jorge Eliércer Gaitán. Como sabían que Gaitán iba a ser presidente en 1952, ya que había ganado las mayorías parlamentarias (1947), decidieron asesinarlo en 1948. Lo mismo hicieron en 1989 con Luis Carlos Galán.

Como si fuera una parábola inversa de Fuenteovejuna, ricos empresarios, poderosos políticos, mafiosos del narcotráfico y la política, y despojadores comprobados, se están rebelando contra el miedo petrificador que produce el hombre que supuestamente encarna el castrochavismo, Gustavo Petro. Pero resulta que en este bloque de Petro hay fajarditas, liberales, socialdemócratas, afros, indígenas, personalidades, intelectuales, artistas, periodistas independientes, víctimas del conflicto armado, víctimas de las Farc, de los paracos, del Estado, hombres y mujeres esperanzados en justicia social y paz plena para todos y son personas que nunca han gobernado este país, nuestro país. ¿Por qué le tememos más al futuro que a este pasado de iniquidad y de despojo?

Cuando los Duque despojaron a los Meza

Isla del Corcovado (desembocadura del Canal del Dique), 16 Julio de 1999, escuadrones armados pertenecientes a las Autodefensas Unidas (AUC) de alias «Juancho Dique» llegaron disparando e incendiando las humildes casas que tenían los hermanos Meza en la finca Guaranao. Los hermanos que se encontraban en el lugar, salieron despavoridos, golpeados y heridos y, junto con sus hijos, se transportaron en pequeñas embarcaciones por el arroyo Sangre de Toro hasta llegar al Canal del Dique y de allí a Pasacaballos.

Los hijos de Gilberto Meza Marimón poseían (con título de calidad de 1957) un lote de 700 hectáreas, que 14 días más tarde, fueron englobados bajo la escritura No 2454 de julio 30 de 1999 a la Comercializadora Internacional Vikingos S.A. del grupo Santo Domingo, en cuya junta directiva se encontraba como principal Iván Duque Escobar, padre del candidato del Centro Democrático, Iván Duque Marquez, quien hoy recibe el apoyo de todos los partidos de la derecha colombiana y de grupos económicos, como Santo Domingo y Manuelita, responsables del despojo de los Meza.

Pero antes de la incursión de los escuadrones de la muerte de «Juancho Dique», la C.I. Vikingos S.A. había entablado un proceso policivo para que le ampararan las tierras que habían comprado a través de la Reforestadora de la Costa, cuyo representante legal era Pedro Sourdis, con la complicidad de la abogada Elith Zuñiga Pérez, (Notaria Quinta del Circuito de Cartagena, que estuvo presa en la cárcel de San Diego por el caso de las tierras de Corelca que pertenecían a campesinos pobres de Mompox). En esa época (1999) Elith Zuñiga actuaba como abogada que se hizo parte en el proceso artificioso de «Juicio de pertenencia» No 2876 del Juzgado Sexto Civil del Circuito, donde Alejandro Román Juan reclamaba como suyo las 700 hectáreas de Gilberto Meza Marimón, y por ello los englobó a su predio y se los vendió a Banacol, de Envigado, y, éste, a su vez, a Reforestadora de la Costa (grupo Santo Domingo) que luego le vendió a Vikingos S.A. y éste a C.I. Oceanos S.A., representada legalmente por Ramón del Castillo, entidad que termina siendo dueña de los predios.

Diógenes Meza Ariza, el abogado de la familia que le ha seguido el rastro al despojo, y para quien pido protección de su vida, porque en esta cadena de ignominia uno se está jugando la vida al destaparla. Al oído del CERREN

Para constatar todo lo dicho, cuento con 12 escrituras, 30 certificaciones de la Cámara de Comercio de Bogotá, Cartagena y Barranquilla, 20 actas de las juntas directivas de las empresas involucradas en el despojo, certificados de tradición de la Oficina de Instrumentos Públicos de Cartagena y testimonios de testigos y de las víctimas de los Meza. El abogado Diogénes Meza Ariza, es el vocero de la familia y quien se ha dedicado a seguirle el rastro del despojo hasta llegar al núcleo del despojador: La familia Santo Domingo.

Fueron dos años de búsqueda de las pruebas, de cotejarlas y analizarlas. Hasta que un día ¡Eureka! Alumbrado por la la lámpara de la Divinidad, Diógenes fue al archivo de los procesos judiciales de Cartagena y en medio de toneladas de papel enmohecidos y amarillentos, atinó a escoger el bulto indicado donde se encontraban las escrituras de los Meza y los procesos judiciales donde fueron involucrados. Cada vez que Diógenes recuerda este momento, sus ojos se enjugan no se si de dolor o de alegría; es una emoción de aquel que halló el Santo Grial de la prueba de un despojo que ahora fortalece la esperanza para convertirse en una reivindicación espiritual, simbólica y material de los Meza, la familia de negros que vive su drama, 300 años después que salieron de su natal África con los grilletes en el cuello y en sus talones, encadenados en la barriga de desconocidos navíos. Estos negros que rectificaron el Canal del Dique para que el oro y las riquezas de la economía extractivistas de la Corona Española se fuera para Cádiz o Sevilla con el fin de sostener el estilo de vida de la realeza y de la aristocracia española.

300 años después, Duque Marquez, como parte de la neoaristocracia del «triángulo de oro colombiano» (Bogotá, Medellín y Cali), se benefició de esos negros que fueron latigados y lacerados para rectificar el Canal del Dique. Y ya como libertos, recibieron esas tierras como compensación de su esclavitud a través de cédulas reales, y después que el pueblo de Cartagena había declarado la independencia total de la Corona Española, volvió el asedio para quitarles sus tierras, como en efecto lo están haciendo desde la década de los 30 familias prestantes de la ciudad, y desde los 80, gentes del interior del país y extranjeros que han expropiado las tierras a sus legítimos dueños. Después del 17 de junio sigue la historia… el cambio o más de lo mismo.

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Análisis

Según Google Trends: Petro 34%, Duque 11%

La herramienta de Google Trends determinó que la figura de Petro es la más consultada en comparación con Iván Duque, lo cual indica la popularidad del candidato de la Colombia Humana en la tendencia de búsqueda sobre los dos candidatos presidenciales. Por ejemplo, en el período comprendido del 28 de mayo al 3 de junio, Google Trends, una herramienta de los periodistas independientes para analizar las estadísticas electorales, encontró que en ese período Gustavo Petro tiene un promedio de 34 puntos, en tanto Iván Duque 11, siendo que 100 puntos es lo máximo y 0 lo mínimo que puede alcanzar cada uno de los términos de búsqueda.

En las elecciones presidenciales de los Estados Unidos del 2016, esta innovadora herramienta marcó una fuerte tendencia al alza de Donald Trump sobre Hillary Clinton, lo cual se definió a favor del primero en una reñida elecciones. Veamos lo que marca la semana del 27 al 3 de junio:


Si bien esas estadística nos indican la popularidad de Gustavo Petro, no necesariamente nos dicen que todos vayan a votar por él, pero sí expresa el interés que cada día va teniendo la figura de Petro en todo el país, incluso en Antioquia y todo el eje cafetero, donde pareciera que la gente comenzara a despertar y a buscar la figura de Gustavo Petro como candidato presidencial. Y esto se explica porque en esas zonas Sergio Fajardo, tercero en la primera vuelta, obtuvo la segunda mejor votación de esa región. El electorado de Fajardo —quien fue primero en tendencia de Google, luego Petro y tercero Duque— está en una permanente exploración de la figura de Petro que de Duque, lo cual es muy importante, porque ello indicaría que los que votaron por Fajardo tienen más interés por Petro que por Duque. Por ejemplo, veamos las estadísticas de Antioquia:

Gustavo Petro 74

Iván Duque  26

Los temas que motivaron la búsqueda de Petro estaban relacionados con Fajardo—Petro, Polo Democrático—Petro, Piketti—Petro, Alianza Verde—Petro, Tomás—Piketti Petro, Mockus—Petro:

En tanto Duque, los temas de búsquedas expuestos por Google Trends, son los siguientes:

Cesar Gaviria, Cambio Radical, Independiente Medellín (¿?), partido de la U, Iván Duque—Gustavo Petro.

Así las cosas, mientras en las encuestas comienza a puntear Duque, en Google Trends la figura de Petro es la más popular de 34% a 11%, lo cual indicaría que si la verdad virtual expresa una popularidad de Petro, el reto de la campaña de este candidato es convertir ese interés popular en una decisión de voto para el 17 de junio. Si esto es así, el presidente es Gustavo Petro, pero si la realidad es lo que nos dicen las encuestas, seguiremos «disfrutando» más de lo mismo.

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¿DUQUE, «EL NIÑO MIMADO» DE LA MAFIA?

Conocí a Gustavo Petro Urrego en Barranquilla, a comienzo de la década de los 90s. Vestía un yin desteñido y una camisa dacrón manga larga blanca. Estábamos jóvenes. Me pareció un hombre brillante, comprometido y apasionado por sus causas. Soy un hombre de pasión y de razón, como Petro. Estudioso de la realidad. Los dos hemos estado en debates públicos ( precandidatos presidenciales, 2009) y lo respeto, porque lo que sabe, lo que refleja, no es producto de una campaña de marketing y maquillaje publicitario como su principal contrincante, Iván Duque, hijo de un servil de los despojadores de tierra, de esos antioqueños malos que llegaron a territorio costeño para quedarse con las tierras de los pobres del campo, como fue el caso de la familia Meza en la isla de Guaranao, al frente de Tierrabomba, Cartagena de Indias.

Petro es prepotente, si. Es autosuficiente, sí. Que no le gusta la organización partidista, sí. Que le gusta la montonera, sí. Que tiene veleidades, sí. Que no tuvo tino para apoyar al que posteriormente fuera su verdugo (el procurador Ordoñez), sí. Que tiene cipote ego, si. Que cometió muchos errores como alcalde, si. Pero prefiero en la Casa de Nariño a un hombre antimafia que a un niño mimado de la mafia. 

El caudillismo

Los caudillos, desafortunadamente, son así, como Petro. Que el caudillismo es un liderazgo que está llamado a recoger, sí. Es la gran debilidad que nuestro candidato preferido tiene. Petro es el último caudillo del sigo XX. Tres grandes caudillos hemos tenido en la historia contemporánea: Gaitán, general Rojas y Galán. El caudillismo en América Latina se desarrolló en siglo XX con el surgimiento del populismo. En tanto, que en las postrimerías del siglo tomó fuerza el neocaudillismo popular de orientación derechista, corruptor y destructor de la Carta Democrática Interamericana (2001) que tuvo su máxima expresión con Fujimori (1990-200, Perú), (Uribe, 2002-2010 Colombia) y Venezuela (Chávez, 1999-2013). En este último, el caudillismo populista fue de izquierda aliado a la franja corrupta del ejército venezolano.

La Carta Democrática surgió para cerrarle el paso a fenómenos antidemocráticos como el caso Fujimori, quien ya en el poder gobernó para él y no para el pueblo basado en un populismo de derecha. Destruyó los contrapoderes mediante el fraude y la desinstitucionalidad democrática con el contubernio de sectores de la mafia peruana. Pese a esto, el populismo de derecha llegó tardíamente a Colombia con el fenómeno Uribe. Nuestro país no aprendió la lección de Perú con Fujimori, quien dejó una nación descuadernada, lo mismo que hizo Uribe, 10 años más tarde. Ambos presidentes prometieron seguridad, pero el país se volvió estructuralmente más inseguro para la ciudadanía, y seguro para el gran poder patrimonial del campo. Ya podemos transitar por las carreteras del país e ir a las fincas, pero el ciudadano en las pequeñas y grandes ciudades está más inseguro. Ese es la herencia del populismo de derecha de Uribe, respaldado por un gran porcentaje de una sociedad dominada por el crimen y el miedo.

Sociedad alienada

No me sorprendería que el pueblo colombiano votara masivamente por Duque. Lo haría por dos razones: El miedo y la manipulación criminal de los que detentan el poder. Pero también hay una razón: Un alto porcentaje de la sociedad colombiana está dominada por la cultura traqueta, la cultura de los antivalores, el enriquecimiento ilícito, la maroma, el truquito, la trampa, la mentira. Y por desgracia, los que defienden a la familia, son los mismos que odian a los que son diferentes, al marica, a la prostituta, a la discapacitada o al que tiene un color diferente. Toleran la corrupción, el crimen y el engaño. Toleran las masacres y los homicidios selectivos y masivos, como cuando en la Alemania de los años 30 comenzaron primero con los judíos, después con los líderes sindicales y, por último, contra aquellos que se oponían a la dictadura odiosa de Hitler.

La sociedad colombiana actual parió a un presidente comprobadamente mafioso, financiado en sus inicios por la mafia de los Ochoa, luego por Pablo Escobar y después por los paramilitares, aliados de grandes terratenientes y militares corruptos. Un Presidente que fue elegido en primera vuelta en 2002, y lo volvió a elegir en 2006 a sabiendas de los crímenes cometidos antes y durante su mandato. No es gratuito que casi todo su gabinete estuviese empatado —no de mermelada— de sangre, sangre humana. Los falsos positivos que estallaron en las manos de Santos cuando era ministro de la Defensa, los arrestos arbitrarios a líderes populares por los cuales la nación debió pagar multimillonarios daños por demanda judiciales. Uribe aceitó la maquinaria criminal entre 2002 y 2010. Si hubiese justicia en Colombia, Uribe no estuviese en el senado, sino en la cárcel, como Fujimori, en Perú. Pero Uribe sigue vigente, porque es una sociedad que tolera el crimen y la mafia. Trinos —como aquél donde se alegró por el asesinato Areiza, uno de los testigos contra el mafioso de su hermano Santiago Uribe— los escribe desde el seno del senado que escucha su discurso ambivalente.

Ahora esa misma maquinaria criminal tiene a un niño bonito, maquillado, aconductado, maleable como la plastilina. Un gordito bonachón, afable, de buen hablar, de palabras y gestos precisos para la cámara y el micrófono con el fin de subyugar mentes alienadas, adocenadas, y huecas. Mentes pobres, superficiales y vanidosas, mentes que no piensan en el futuro ni tampoco en el presente. Mentes que quieren riquezas individuales sin prosperidad para el país. Mentes violentas que no escatiman matar al Otro por pensar diferente. Mentes criminales que prefieren robarse el dinero de la salud para la gente más pobre. Mentes que lamen la mano de sus amos, como aquel joven negro que considera la pobreza y la desigualdad como algo normal y necesaria. Tal como algunos negros esclavizados que en el siglo XIX lucharon contra la abolición de la esclavitud, ya que sus amos los convencieron de que si eso sucedía, se iban a morir de hambre.

Mentes pobres que votan por la pobreza y la dictadura de la injusticia. Mentes domesticadas, esclavizadas, atemorizadas. Esto comprueba la tesis que desarrollé en mi libro ¿Adiós a la guerra? Cinco claves para la paz: Vivimos en una sociedad alienada por la violencia y dominada por el discurso ambivalente. Si, el mismo discurso de Iván Duque es ambivalente. Un discurso incongruente, que de boquilla dice luchar contra la corrupción, pero recibe el apoyo de los corruptos y parapolíticos. Allí no hay congruencia. Lo mismo que hizo su padre Iván Duque Escobar cuando fue gobernador de Antioquia (1981—1982) nombró alcalde de Medellín a Álvaro Uribe Vélez, recomendado de la mafia, especialmente por sugerencia de los Ochoa y de Pablo Escobar. ¿Se olvidaron de esto? ¿Cómo lo han escondido? ¿Por qué Petro y los demás candidatos no han recordado este episodio que yo señalo en mi libro —próximo a publicar— el Lado Oscuro del Príncipe? La mafia había llevado al poder a Iván Duque padre como gobernador, y a Álvaro Uribe, alcalde de Medellín, impulsor de «Medellín sin tugurios» patrocinado por Pablo Escobar y los Ochoa. Uribe debió renunciar a la alcaldía, porque Betancur se lo exigió a Duque Escobar. ¡Eran los tiempos de una mafia naciente!

No entiendo dos cosas. Uno, que empresarios honestos y con valores, iglesias cristianas evangélicas y personas de bien, apoyen ese proyecto mafioso que tiene en Duque su continuidad. Dos, que empobrecidos, negros empobrecidos, mujeres maltratadas y violadas, campesinos, mototaxistas, taxistas, desempleados, victimas del conflicto armado, vendedores ambulantes, vendedor de minutos, gay, lesbianas, carbonero, vendedor de guarapo, artesanos, vigilantes, maestros honestos, pescadores, periodistas mal pagados, voten por Duque. Si no quieren votar por Petro, porque es prepotente, autosuficiente, caudillista, etc., pueden hacerlo por Fajardo o de la Calle. ¿Pero por Duque? Votar por Duque es tener una mente de pobreza. Y no te estoy ofendiendo si has decidido votar por él. No hay peor ciego que aquel que no quiere ver. La pobreza mental nos trae pobreza material, violencia y dictadura del crimen. ¿Quién elige a nuestros gobernantes? ¡Tú! Esto resume a la sociedad alienada.

Podemos decir todo lo negativo de Petro, pero es un hombre legal, honesto, que no se arruga, que no sigue los designios de algún poderoso sino de sus propios designios. Que es un antimafia, que no se ha enriquecido como el padre de Iván Duque, fiel representante de esa mafia que permeó a grandes familias de bien de Antioquia, fenómeno retratado en el cine (Sumas y restas, 2005) por Victor Gaviria, un antioqueño bueno. Duque fue una de esas familias pobres que luego se hicieron poderosas, gracias al amparo de Julio Cesar Turbay Ayala y de la mafia del narcotráfico. Estos son los orígenes remotos de Ivan Duque Márquez, el niño mimado de la mafia.

Mafia y antimafia

Petro es la antimafia. Duque es el chico delicado de la mafia. ¿A quién prefieres? Está bien, a ninguno de los dos, pues, entonces tienes otras opciones: Si eres Antioqueño y de la clase media, vota por Fajardo; si eres fiel al partidismo y a la institucionalidad con deseos de paz, vota por De la Calle. Pero yo voy a votar por Petro, porque si no lo hago, se corre el riesgo que se meta Vargas Lleras, y no quiero estar más nunca en el dilema de las elecciones pasadas: Presidente Santos Vs Oscar Iván Zuluaga.

Si tu votas por Petro, ten la plena seguridad de que hará todo lo posible por cumplir las promesas electorales, incluso, a costa de su propia vida. Hace ocho años, el presidente Uribe presentó a Juan Manuel Santos como su candidato en contraposición a Antanas Mockus, y el pueblo terminó votando por el candidato del caudillo de derecha. ¡Al pueblo lo hacen equivocar con el marketing político que los poderosos diseñan con empresas extranjeras! Así lo hicieron en 2002 con Álvaro Uribe Vélez, el primer presidente criminal elegido popularmente, tal como el pueblo alemán eligió a Adolfo Hitler. Y luego lo hicieron con Santos. ¿Te acuerdo del plebiscito? ¿Ya se te olvidó lo que reconoció el gerente de la campaña del NO, Juan Carlos Vélez, otro antioqueño malo de la misma cuerda de Uribe?

¡Los que rodean a Uribe, casi todos son mafiosos! Si gana Vargas Lleras, gana el clientelismo y la mermelada. Si gana Duque, gana la mafia. Si gana Petro, gana la esperanza. Y entonces, les podremos decir a Fajardo y a De la Calle, Uníos por una Colombia en paz, si hay segunda vuelta, lo cual es casi seguro.

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Análisis

Presidenciales 2018: Petro-Duque (I). Las encuestas son sabrosas como las butifarras, pero olvídate cómo las preparan.

Cortesía El Tiempo.

¿Las encuestas de hoy miden o fabrican la opinión pública?¿Son las encuestas unas butifarras, sabrosas, pero olvídate de saber cómo las fabrican? Sea lo que sea, las encuestas conducen al electorado colombiano —como si fueran corderitos alegres— al sacrificio. Este análisis provoca una duda razonable a menos de una semana para elegir nuevo presidente de la República.

El hecho detonante como causal del salto de garrocha de Iván Duque en las encuestas fueron las elecciones del 11 de mayo. Otros consideran que la causa fue el supuesto atentado develado por los señores de la seguridad del candidato uribista. Si bien es cierto que el resultado le favoreció al Centro Democrático (CD), retrocedió electoralmente, puesto que perdió una curul en comparación con las elecciones de 2014. El único partido que ganó esas elecciones fue Cambio Radical de Germán Vargas, al casi duplicar los escaños a senado de 9 a 16. Otros explican que la consulta interpardista con el partido conservador donde se visibilizó el candidato del CD permitió dar el salto de canguro de Duque. Si esto es así, Petro debió seguir encumbrado como líder de la encuesta, y no Duque (de 9,2 en enero saltó a 45.9% en marzo 2018, Invamer) quien remontó la diferencia sobrepasando al candidato de la Colombia Humana (23,5 a 26.7%) con más de ¡20 puntos! Esto no lo entiende nadie. ¿Por qué? Porque la opinión pública no es tan volátil como nos hacen creer. He aquí el elemento sospechoso.

En el análisis comparativo, el hecho detonante para crecer en las encuestas de Álvaro Uribe Vélez se le atribuyó al sospechoso atentado de abril de 2002. Desde allí se afianzó su figura para tener un presidente con autoridad y seguridad. Finalmente ganó las elecciones en primera vuelta con el 53%. Se cuestionó que la Registraduría Nacional jugó un papel fundamental para alcanzar esos resultados. Recordemos que en el sector rural, había un control del paramilitarismo. En realidad la ultra derecha ligada al paramilitarismo diseñó una excelente campaña que fabricó a un candidato que le pudiera disputar las presidenciales al sistema dominante del partido liberal encabezado por Horacio Serpa. De hecho, el resultado fue que Álvaro Uribe se alzó con la victoria en la primera vuelta obteniendo un 53% de los votos. La fabricación de Álvaro Uribe como presidente fue perfecta: Pasó de una simple «víctima de las FARC» a ser primero en las encuestas, derrotando a un zorro viejo como Horacio Serpa. A Uribe le construyeron un pasado «limpio» para ganar la favorabilidad de una nación que anhelaba autoridad pero no autoritarismo; Serpa recibió todo el peso del pasado de su aliado Ernesto Samper Pizano con la parábola del elefante.

La historia se repite

Mayo de 2018: Las diferentes encuestas dan como favorito a Iván Duque Márquez. Tres de las encuestadoras ponen a Duque aventajando a Petro con una diferencia de 10 puntos aproximadamente. Pero la encuesta de Datexco la diferencia es de 5 puntos, casi cercana al margen de error.

Duque: 36,4% (36,6% el 22 de abril)

Petro: 31,8% (26,3% el 22 de abril)

Fajardo: 16,0% (12,8% el 22 de abril)

Vargas Lleras: 6,2% (7,4% el 22 de abril)

De la Calle: 2,1% (3,4% el 22 de abril)

En blanco: 6,9% (7,3% el 22 de abril)

Mayo 2002: La firma Napoleón Pareja presentó la siguiente encuesta:

Álvaro Uribe Vélez de Primero Colombia:  (49,3%)

Horacio Serpa del partido Liberal:  (23%)

Lucho Garzón, el candidato de la izquierda: (7.8%),

Nohemí Sanín:  (6%)

Ingrid Betancourt: (1.4%).

Las encuestas, unas butifarras

Álvaro Gómez Hurtado, el pasado no perdona cuando la sociedad tiene memoria.

Las encuestas parecerían a las butifarras, sabrosas pero es mejor que nunca sepas cómo las preparan. Un símil parecido dijo en 1997 el eterno candidato presidencial del partido Conservador, Álvaro Gomez Hurtado. Pero hoy esa verdad podría ser tan evidente si el Consejo Nacional Electoral (CNE) atiende las quejas presentadas por candidatos presidenciales de 2018 Germán Vargas Lleras y Humberto de la Calle Lombana, a quienes las encuestas no les han favorecido, porque consideran que no llenan los requisitos de ley susceptibles a manipulación.

Las firmas investigadas por el CNE, según el magistrado Armando Novoa, son Cifras y Conceptos, Consultoría SAS, Yanhaas, Ágora, y se espera que antes de las elecciones se dé a conocer un informe preliminar sobre este hecho. Si la investigación es objetiva, se podría aclarar las denuncias sobre presuntas manipulaciones que las cuatro firmas encuestadoras podrían estar incurriendo para afianzar a determinadas candidaturas, y de una vez por todas, acabar con la dictadura de las encuestas que en vez de medir la opinión lo que hace es crearla.

Para algunos la manipulación es tan evidente, que así como crearon artificialmente en 2002 la imagen positiva de Álvaro Uribe Vélez, lo están haciendo con Iván Duque Márquez. El primero tuvo su punto de explosión cuando explotaron un carro bomba en Barranquilla —donde hubo 3 muertos— sobre un supuesto atentado cometido en contra del candidato presidencial que en esos momentos se encontraba de tercero en las encuestas presidenciales.

Alvaro Gómez Hurtado nunca lideró una encuesta, porque en aquella época la gente tenía memoria colectiva, la sociedad recordaba con terror la Violencia (Con V mayúscula) y el papel que asumió su padre, Laureano Gómez, luego del asesinato de Gaitán (1948) para armar a los pájaros que persiguieron y mataron liberales causando uno de los holocaustos más grandes de la historia colombiana, solo comparable con el fenómeno del paramilitarismo que surgió so pretexto de combatir a la guerrilla. Este holocausto causó la muerte de más de 300 mil personas. Pero desde que se eligió a Julio César Turbay Ayala (1978—1982), comenzó un proceso de derechización política y de empoderamiento de actores sociales decisivos en la economía, asociados al narcotráfico y la corrupción administrativa.

A la campaña de Duque le bastó usar modelos algorítmicos con detección temprana de su imagen en áreas geográficas en las que tiene mayor resistencia, por ejemplo, Costa Atlántica y Bogotá. Últimamente, según algunas encuestas, le ha ganado terreno a Gustavo Petro en estas dos importantes zonas que dominaba ampliamente el candidato de la izquierda. Lo que uno no entiende de cómo Petro tiene la capacidad de mover grandes masas en plazas y calles, y retrocede en la percepción de las encuestas, y Duque, por el contrario, que sus manifestaciones son lánguidas, tiene una alta percepción de las mediciones de las 6 encuestadoras del país.

Las encuestas podrán ser como las butifarras y cuestionadas por los que no son favorecidos, pero de que sirven para provocar el éxito de candidatos maquillados es una gran verdad que nadie puede negar. Esto es, que las encuestas ahora no miden la opinión sino que provocan el favoritismo a determinado candidato. Por eso, los electores colombianos deberían votar por lo que dice su mente y no por lo que digan las encuestas o la gente, como el caso de la parábola de la rana sorda, no escuchó a nadie sino a su corazón.


ESTOS SON LOS ÚLTIMO RESULTADOS DE LAS ENCUESTAS PRESIDENCIALES DE MAYO DE 2018

El diario El Tiempo, que contrató los servicios de Guarumo, resumió los resultados de las diferentes encuestas donde Duque aparece aventajando a Petro con una diferencia de más de 10 puntos. Las encuestas son de Centro Nacional de Consultoría para CM&, Cifras y Conceptos para Caracol Radio y Red Más Noticias, Datexco Opinómetro para W Radio, YanHaas para RCN Radio, RCN Televisión, La FM y diarios regionales, y Guarumo para el diario El Tiempo:

1. Resultados: encuesta presidencial del 17 de mayo del Centro Nacional de Consultoría para CM&

Iván Duque: 36% (38% el 2 de mayo)

Gustavo Petro: 27% (25% el 2 de mayo)

Sergio Fajardo: 18% (17% el 2 de mayo)

Germán Vargas Lleras: 10% (7% el 2 de mayo)

Humberto de la Calle: 4% (4% el 2 de mayo)

En Blanco: 5% (7% el 2 de mayo)

2.  Encuesta presidencial del 17 de mayo de YanHaas para la Alianza de Medios (RCN Radio, RCN Televisión, La FM, La República, El Colombiano, El País, El Universal y Vanguardia Liberal)

Duque: 35% (38% en abril)

Petro: 26% (28% en abril)

Fajardo: 14% (11% en abril)

Vargas Lleras: 6% (7% en abril)

De la Calle: 3% (3% en abril)

En Blanco: 8% (7% en abril)

3. Encuesta presidencial del 18 de mayo de Cifras y Conceptos para Caracol Radio y Red Más Noticias

Duque: 35% (34,0% el 10 de mayo)

Petro: 24% (22,5% el 10 de mayo)

Fajardo: 16% (13,8% el 10 de mayo)

Vargas Lleras: 14,3% (13,2% el 10 de mayo)

De la Calle: 3,5% (3,0% el 10 de mayo)

En Blanco: 5,4% (6,8% el 10 de mayo)

4. Encuesta presidencial del 18 de mayo de Datexco Opinómetro para W Radio

Duque: 36,4% (36,6% el 22 de abril)

Petro: 31,8% (26,3% el 22 de abril)

Fajardo: 16,0% (12,8% el 22 de abril)

Vargas Lleras: 6,2% (7,4% el 22 de abril)

De la Calle: 2,1% (3,4% el 22 de abril)

En blanco: 6,9% (7,3% el 22 de abril)

5. Encuesta presidencial del 18 de mayo de Guarumo para W Radio y El Tiempo:

Duque: 37,8%

Petro: 24,2%

Fajardo: 16,0%

Vargas Lleras: 11,0%

De la Calle: 2,3%

En blanco: 5,8%

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